
Según las estimaciones más conservadoras, en Colombia se producen unas tres mil toneladas de cocaína al año, la mitad de esta producción se comercializa por el Tren de Aragua desde Venezuela. El resto lo manejan los cárteles del Golfo en Colombia y el de Sinaloa en México. Una infraestructura tan concentrada solo es posible si se cuenta con una fuerte connivencia institucional, y desde que las sucursales de Moscú gobiernan en los tres países, estos narcoestados han generado más muerte y destrucción que cualquier otra agresión.
Se calcula que entre Europa y Estados Unidos mueren más de cien mil personas cada año víctimas de este tráfico consentido, incluso a veces aplaudido por una parte de la sociedad. Y ya no hablamos solo de cocaína sino de drogas sintéticas, que se producen mayormente en Myanmar, México y Afganistán, sin olvidar el fentanilo que tiene una buena parte de su origen en China y que mata al año a unos 30.000 norteamericanos y que tiene a Alemania y España entre los mayores consumidores mundiales. La violencia y el mercado negro alrededor de este mercado no es ni siquiera cuantificable.
La llegada de Uribe al poder en Colombia y el Plan Colombia obligaron a los narcoguerrilleros a trasladarse a Venezuela donde ya contaban con fuertes lazos dentro del Ejército y del chavismo, para montar su infraestructura de procesamiento y transporte. El país más corrupto del mundo comenzó a generar un negocio de miles de millones de dólares que era repartido entre políticos y militares para comprar la seguridad y la infraestructura. En el caso de Venezuela hablamos de un gobierno ilegítimo que ha venido falseando resultados electorales para continuar en el expolio de sus ciudadanos, generando muerte y destrucción a lo largo de treinta años.
El silencio de muchos gobiernos ante lo que ha ocurrido en Venezuela en estos años es vergonzoso. Más de siete millones de venezolanos han debido abandonar el país en los últimos diez años, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Muchos de ellos llevando sus problemas a países como Chile, Brasil o Colombia donde han creado bandas organizadas y generan enormes problemas de integración. Otros muchos, huyendo de la represión política, cientos de miles de ellos viven ahora entre nosotros en España, una juventud ilusionada y muy bien formada que ha debido abandonar su patria para vivir en libertad y prosperar.
Nicolás Maduro era la cabeza de un régimen que ha dado cobertura, protección, y que se ha beneficiado del tráfico de drogas durante décadas, todo su gobierno, los gobernadores, los militares de alta graduación forman parte de este cártel que debe ser desmontado con urgencia. Los narcos suelen sobrevivir a los cambios de gobierno ya que la mezcla de violencia y dinero es muy difícil de combatir, por eso es imprescindible una acción contundente que persiga como primer objetivo el fin del régimen ilegítimo y el regreso de la democracia a Venezuela, y que este gobierno implemente un plan militar coordinado con Estados Unidos para acabar con el narcotráfico de los tres cárteles.
Las ramificaciones de Venezuela han sido terribles para la región. Ha sostenido con dinero de la corrupción y el narcotráfico a gobiernos como el de Argentina o Bolivia, Cuba y Nicaragua y ha apoyado activamente la actividad de los grupos narcoguerrilleros en Colombia y en Centroamérica. El pueblo colombiano tiene la oportunidad de cambiar el rumbo del país y de volver a la senda que inició el presidente Uribe en 2002 este año, no pueden permitirse caer en el mismo error que Maduro. Los regímenes de Cuba y de Nicaragua deben caer y pronto y de esta manera la América Hispana conocerá la libertad y la democracia en su plenitud por primera vez en su historia.
Pero el golpe en Venezuela tiene otras consecuencias estratégicas. Su relación con la Rusia de Putin, China y con Irán ha sido determinante de las amenazas globales de estos países en los últimos años. Todos estos regímenes conformaron un eje del mal contra Occidente. El ataque a Irán y ahora contra el chavismo son muestras de la resolución en la defensa de Occidente contra sus enemigos. Ya me gustaría la misma contundencia de Trump contra Putin en Ucrania. De hecho la tibieza de la reacción de Moscú es un signo de que no quiere molestar demasiado al presidente norteamericano, cuando podría inclinar la balanza de la guerra de Ucrania en favor de Zelenski si le viera un interés estratégico.
No ha sido un ataque contra Venezuela, su presidente no ha sido detenido, está exiliado para no morir asesinado en las cárceles del chavismo. Con esta acción las cosas vuelven a su justa medida, el usurpador en la cárcel y el presidente legítimo en Miraflores, no hay otra opción. No podemos esperar una transición pacífica de los coautores de la narcodictadura, ellos solo deben tener un destino, aquel al que los envíen los jueces. El nuevo gobierno debe descabezar el régimen con prontitud y extensión.
El gobierno español ha reaccionado con la misma moderación que sus colegas europeos, es lo correcto. Pero no podemos olvidar que un vicepresidente de este gobierno mantenía una relación estrecha con el narcoterrorista de Maduro, que miembros destacados de este país se han paseado por Caracas con total libertad mientras que la oposición democrática no lo podía hacer. Que la actual presidenta se codeaba, por decirlo de forma suave con el expresidente Zapatero, con Ábalos y Koldo. No podemos olvidar los negocios que se han hecho con dinero manchado de sangre mientras se sojuzgaba al pueblo venezolano, ni las maletas de oro, ni los contubernios, ni a todos los asesinados en las cárceles del chavismo.
Si el derecho internacional no sirve para acabar con los malos, entonces pierde su función fundamental, y lamentablemente el mundo necesita a veces de alguien, que desde la legitimidad de las urnas, nos devuelva la justicia. Es una pena que Trump no aplique la misma regla en otros lugares, pero en esta guerra que el mundo occidental mantiene contra las dictaduras, contra los cárteles, contra el terrorismo, hay que actuar con los medios que permitan conseguir la paz y la seguridad, una vez que han fallado todos los demás recursos. La guerra contra el agresor es un recurso legítimo del atacado y cuando se llega a este último extremo hay que actuar con toda la contundencia necesaria para que la paz y la seguridad sean restauradas.
Decía Jefferson que "el árbol de la libertad debe ser regado de vez en cuando con la sangre de patriotas y de tiranos, es su fertilizante natural". Ojalá veamos muy pronto a Venezuela libre y próspera, se lo merecen por todo lo que han sufrido, y ojalá que veamos la misma resolución de Trump contra el principal socio de Maduro, contra quien amenaza nuestras libertades, quien invade a países vecinos, que es el régimen de Putin.
Países como Irán, Corea del Norte, Cuba, Rusia, Myanmar, Nicaragua, Cuba y los grupos terroristas islamistas soportados por estos, forman parte del mismo club y su destrucción es la principal tarea a la que debemos encomendarnos para liberar a sus pueblos y tener un mundo mucho más seguro y próspero, para terminar con la lacra de las drogas que se ha llevado la vida de millones de jóvenes y que ha generado violencia e inseguridad en las últimas décadas y de paso, con todas las series que pretenden lavar la imagen de asesinos y de narcotraficantes que merecen solo nuestro desprecio.
Hoy asistimos a algo mucho más importante que un cambio de régimen, hoy puede comenzar el camino de la libertad para otros muchos pueblos, y espero que pronto Cuba y Nicaragua disfruten de la libertad y de la democracia y se liberen de sus regímenes de terror y que Trump entienda que Putin es la cabeza de toda esta organización diseñada en los años sesenta para amenazar al continente americano.
