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Al menos, Trump ha hecho algo; Europa, el más pomposo de los ridículos

Los países de la UE no han hecho absolutamente nada contra Maduro y, tras una operación de cirugía militar pasmosa, Trump lo tiene en la cárcel.

Los países de la UE no han hecho absolutamente nada contra Maduro y, tras una operación de cirugía militar pasmosa, Trump lo tiene en la cárcel.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una rueda de prensa en el Mar-a-Lago Club en Palm Beach, Florida. | Europa Press

Si la Historia fuera previsible, si ya todo estuviera escrito y si lo único que pudieran hacer los humanos fuera comentarlo, la situación sería parecida a la que estamos viendo tras la captura de Maduro por Trump. На habido dos reacciones inmediatas: la primera, la de los amigos del Cartel de Puebla, léase la banda de Sánchez, el negociado de Zapatero y marquesado de Galapagar y vizcondado de Baqueira, que han encontrado tiempo en sus vacaciones en el mar y la nieve, para condenar sin paliativos el rapto del dictador, que, según dicen, es un gravísimo atentado contra el derecho internacional; y la segunda, en términos muy similares, ha sido la de los enemigos incondicionales de Trump, que han echado en falta una fórmula multilateral, una resolución de la ONU o el respaldo de la Unión Europea, sin los que toda acción exterior de los USA es un acto de barbarie, típico de la administración norteamericana desde que Trump se instaló en el poder.

¿Protegía el Derecho Internacional a Maduro?

Los amigos de Maduro y los enemigos de Trump coinciden, pues, y siguen coincidiendo en señalar la vulneración del derecho internacional como tara esencial de la extracción del dictador de su bunker en Carcas. Con ello nos revelan dos circunstancias que desconocíamos, vamos que no existían: que el derecho internacional protegía a Maduro y que Venezuela no abandonó la OEA y el Tribunal Penal Internacional hace años para no responder por las denuncias de crímenes contra la Humanidad que presentó la Oposición. La verdad es que el derecho internacional no protegía ni protege a ningún político ni régimen que robe las elecciones, encarcele, torture y mate a los opositores y provoque la mayor diáspora de la historia de América: más de ocho millones de venezolanos han huido del hambre y el terror comunistas.

Y si el derecho internacional no protegía a Maduro, ¿cómo iba a vulnerarlo su secuestro, captura o extracción por parte de un país democrático que lo reclamaba como cabeza de una organización criminal que atenta contra la salud de sus nacionales y todas las leyes del comercio habidas y por haber?

Pero, añaden, ¿y la soberanía nacional? Eso. ¿Qué soberanía nacional hay en un régimen que ataca sistemáticamente la vida y la propiedad de los ciudadanos, reducidos a súbditos? ¿De qué soberanía disfrutaba Maduro, custodiado por una escolta extranjera, un centenar de militares cubanos, que, como se pudo comprobar, era capaz de detenerlo, no de defenderlo?

Pero Trump ha cometido otro pecado imperdonable a ojos de los camaradas y beneficiados de Maduro y también de los antitrumpistas: ha dicho que quiere recuperar el petróleo. ¡O sea, que lo único que quiere en Venezuela, denuncian ambos, es dinero, no traer las libertades a ese país! Que eso lo digan podemitas como Monedero y los marqueses de Galapagar los mantenidos por el dinero color negro pedevesa, vía Hidrocarburos, de Delcy Rodríguez en el gobierno, familia y cercanías de Sánchez, es natural. Pero, que lo digan como baldón los supuestos defensores del libre comercio demuestra que el antitrumpismo ataca de forma gravísima la raíz moral del juicio. ¿Tienen derecho a ese petróleo China, Rusia e Irán que, gracias al régimen, lo disfrutan ahora, y no las empresas norteamericanas de los USA o de la UE, como es el caso de España y Repsol?

Pero hay más: ¿tenían derecho a explotar ese petróleo esas empresas y se lo arrebató ilegalmente la dictadura chavista, como ha alegado Trump? Mucho antes de Trump, las empresas americanas y europeas que se creían perjudicadas por las nacionalizaciones bolivarianas llevaron su caso a los tribunales internacionales, en las que llevan décadas litigando, con éxito de esas empresas y fracaso de la dictadura venezolana. Ayer, Luis Fernando Quintero recordaba en La Trinchera de Manuel Llamas que en todas esas instancias legales se ha condenado como robo la privación de los derechos de explotación petrolífera de esas empresas, a las que, mientras algunos gobiernos defienden, caso de Trump, otros abandonan, caso de Sánchez

En un minucioso análisis recién publicado en The Objective, Paula Quinteros ha cifrado la cuantía de las reparaciones que, en todos estos años y en las distintas empresas que han reclamado daños y perjuicios –en algún caso, todavía en litigio–, entre los 20.000 y los 40.000 millones de dólares. Pero la totalidad de las inversiones que ha reclamado Trump a las empresas cuyos derechos piensa restituir es de unos 100.000 millones de dólares, que sería el precio de la necesaria modernización para la explotación del crudo. Unas inversiones que necesitarían, como mínimo, dos o tres años para ser rentables, y que, por tanto, antes de beneficios, exigirían muchos gastos. Al parecer, en el caso de Repsol, las garantías de la administración Trump han sido lo bastante serias para que la compañía piense en triplicar la inversión.

El plan a largo plazo de Marco Rubio

Pero ese compromiso supone una presencia estable de los USA en Venezuela durante, al menos, dos o tres años, lo que nos lleva al escenario cuya ausencia se reprocha a Trump: ¿y el desmantelamiento del régimen?

Marco Rubio, el evidente arquitecto de toda la operación, que va más allá de Venezuela, pasa por Colombia y desemboca en Cuba, país de sus padres, ha explicado que los USA ven el cambio en tres pasos o períodos: primero la estabilización; segundo, la modernización de la economía; y tercero, la transición democrática con plenas garantías para la oposición que de forma tan heroica representa María Corina Machado. Harto de que le reprochen las palabras zafias y estúpidas de Trump, gemelas de las coces a Zelensky, Rubio ha recordado que es amigo desde hace quince años de María Corina a la que tiene en gran aprecio y cuyo papel en el futuro no piensa ignorar, pero que lo primero es lo primero, y, antes de llegar a la democratización, muchas cosas deben cambiar en Venezuela, y sólo se está en el comienzo.

Evidentemente, aunque los votantes de Trump no quieren ni oír el clásico discurso de defensa de la libertad en todos los países del mundo que siempre ha esgrimido la Casa Blanca, al final es un país democrático y hay que rendir cuentas a la opinión pública sobre el estado de las libertades cívicas en un país al que se ha raptado al tirano y llevado a los tribunales.

No sabemos si el ambicioso, pero realista plan de Marco Rubio va a tener éxito. Lo iremos viendo y dependerá de muchas cosas, el tira y afloja de la dictadura dará lugar a toda clase de tensiones y contradicciones, pero si hay algo evidente es que, con el escrupuloso respeto al derecho internacional, los países de la UE no habían hecho absolutamente nada contra Maduro y, tras una operación de cirugía militar pasmosa, Trump lo tiene en la cárcel.

La paralitica UE reprocha a los USA que corran

Unos, los amigos del recluso, lo lamentan; otros, también, porque todo lo que venga de Trump, aunque sea bueno, está mal. Pero cuando la UE ha sido incapaz, por el miedo de Bélgica a Putin, de disponer de los fondos incautados a Rusia para emplearlos en Ucrania, y ha preferido un aumento en la deuda para pagar la resistencia, sería de agradecer que, ya que no aporta nada, porque nada es y a nada aspira, al menos, no moleste.

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