
Cuando Delcy Rodríguez decidió traicionar a Maduro no lo hizo para acabar con el chavismo, sino para salvarlo. El régimen estaba sentenciado desde el momento que Trump bloqueó las costas de Venezuela para impedir que saliera de allí el poco petróleo que aún produce la república. Lo transportaba Rusia y lo compraba China. De forma que, sin ingresos, no había otro remedio que echarse en brazos de Estados Unidos. Sin embargo, Delcy no puede conformarse con sobrevivir unos meses al frente de la república y luego dejar el campo libre a María Corina Machado. Evidentemente, la nueva presidenta tiene un plan para sobrevivir en el poder. Para entender cómo pueda ser este, lo mejor es compararlo con la Transición española, en la que quizá se haya inspirado la menuda mandataria para pergeñarlo.
Maduro era como Carrero Blanco, el tapón que impedía la necesaria transición hacia la inevitable democracia. Una vez desaparecido, hay que buscar a alguien de dentro, un Adolfo Suárez que dirija la operación. Ese es el papel que quiere jugar Delcy. Para sacarlo adelante, necesita desembarazarse de aquellos que, como Arias Navarro, no quieren la reforma, que es probablemente el caso de Diosdado Cabello. Cuando Diosdado, y los que sean como él, dejen de ser un problema, hará falta un Torcuato Fernández-Miranda que consiga que la Asamblea se haga el harakiri. Tal cometido le corresponde a Jorge, el hermano de Delcy, presidente de la Asamblea venezolana. Hará falta también un Gutiérrez Mellado que contenga al ejército. Esta labor le tocará a Vladimir Padrino López, si es que está en el ajo, o a quien Delcy tenga pensado para sustituirlo cuando pueda librarse de él. Habrá una nueva Constitución, el país pasará a llamarse República Bolivariana y Democrática de Venezuela o algo así y se convocarán elecciones libres.
Mientras Delcy vaya dando pasos en esa dirección, Washington la mantendrá en el poder. Sin embargo, llegadas las elecciones será el momento en que la presidenta debería apartarse, como terminó haciendo Adolfo Suárez, para que acceda al poder la oposición al régimen, esto es, Felipe González, que es el papel que le toca a María Corina Machado. Sin embargo, ¿no decidirá Delcy Rodríguez concurrir a los comicios para, siendo plenamente libres, desde el poder, ganarlos? Contará con el dinero de las ventas del petróleo que tramitará Estados Unidos y con él podrá, como hacen siempre los socialistas, comprar votos en un país donde son tantos los que necesitan ayudas, subsidios, subvenciones y auxilios. El mismo Adolfo Suárez no se fue tras ser aprobada la Constitución, sino que aún ganó unas elecciones más. Y, si es verdad que al final se quitó de en medio, fue porque el rey le obligó a hacerlo, consciente de que solo cuando gobernaran los socialistas, el régimen adquiriría credibilidad democrática y se consolidaría la Monarquía.
¿Quién puede jugar en Venezuela la tarea de Juan Carlos y obligar a Delcy y, con ella, a todo el chavismo, a apartarse del poder? No puede ser otro que Trump. La pregunta es si querrá hacerlo porque, si no, veremos gobernar a un eterno chavismo con otra cara, más amable, capaz de ganar elecciones libres, pero sin dejar de ser chavismo. Y a María Corina Machado le tocará interpretar, no el papel de Felipe González, sino el de Santiago Carrillo, el de la oposición que ayudó a traer la democracia, pero a la que le estará vedado llegar al poder. Como siempre, desde que empezó su segundo mandato, todo dependerá de Trump.
