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Pablo Planas

Junqueras: del "España nos roba" a repartir el botín

Una de las especialidades del PSOE es convertir las victorias de la sociedad española en derrotas. O las derrotas del terrorismo y el golpismo separatista en triunfos del terrorismo y el golpismo separatista.

El presidente de ERC, Oriol Junqueras. | EFE

El independentismo perpetró un golpe de Estado en toda regla con justificaciones como el supuesto expolio fiscal que sufre Cataluña, esa camama de que los andaluces y los extremeños se pasan el día en el bar tocándose el níspero gracias a los impuestos de los industriosos y diligentes catalanes. "Espanya ens roba", decían. Tan grotesco bulo funcionó y funciona en Cataluña como una verdad inapelable, un hecho irrefutable, la expresión meridiana del choque telúrico entre el hidalgo ocioso y el catalán virtuoso y emprendedor que de las piedras hace panes. Ese era el relato, la narrativa, el marco que imponían personajes como ese en apariencia místico Oriol Junqueras, alias el Beato, uno de los principales culpables de la fractura social y la quiebra moral y económica de Cataluña.

El todavía líder de ERC, indultado por Sánchez pero aún inhabilitado por el delito de malversación, manifestaba en las semanas previas a la celebración del referéndum ilegal de octubre de 2017 el convencimiento absoluto de que Cataluña se iba a convertir en una república independiente. No había titubeo alguno por su parte. Es más, mientras Puigdemont era un manojo de nervios y de dudas, Junqueras azuzaba a la infausta Marta Rovira y al zoquete de Rufián en contra de quienes pretendían activar el freno de emergencia después del 1-O.

Tras pasar la mayor parte de sus 1.343 días de cárcel en una prisión bajo control de la Generalidad de Torra bautizada como el Gran Hotel Lledoners, Junqueras presume de ser algo así como una mezcla de Gandhi y Mandela que espera la amnistía total para convertirse en el presidente de la Generalidad que lo vuelva a hacer, pero bien. Entre tanto, diseña e impone el modelo de financiación para todas las regiones de España, salvo el País Vasco y Navarra, que defiende con inusitado ardor la señora María Jesús Montero. De ser el segundo del golpe a administrar y repartir el fruto de lo que el Gobierno de Sánchez roba a los ciudadanos que madrugan por medio de una presión fiscal insoportable. Una carrera espectacular la de Junqueras.

Una de las especialidades del PSOE es convertir las victorias de la sociedad española en derrotas. O las derrotas del terrorismo y el golpismo separatista en triunfos del terrorismo y el golpismo separatista. De modo que Junqueras y Puigdemont, Puigdemont y Junqueras son ahora mismo los políticos con más poder de España junto al aún más siniestro Arnaldo Otegi. Los tres han pasado por la cárcel, aunque en el caso de Puigdemont fueron quince días en un calabozo alemán y uno en una comisaría sarda. Los tres odian a España y a los españoles y los tres sustentan al peor Gobierno de la historia, delito a la altura de sus antecedentes.

En esas condiciones, aceptar el modelo de financiación de Junqueras es lo mismo que tratar un dolor de cabeza con la decapitación. Y es que resulta que esa gente a la que el futuro de España no le importaba un pijo porque iban a ser una república en dieciocho meses es la que ahora dice que 4.700 millones son para ellos y 4.800 para la campaña de Montero en Andalucía. Y los demás que se fastidien. Sobre todo Madrid. Habrá quien crea que la independencia de Cataluña le evitaría aguantar a esos pelmazos, pero seguro que encontrarían la manera de seguir rompiendo las pelotas. Lo mejor sería no hacerles caso y jurar o prometer que bajo ningún concepto se pactará con ellos. Nada. Nunca. Y el ideal de una España gobernada por partidos que no odien a España, libres de cazurros, palurdos y cerriles.

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