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Rehenes

Cuando hacen falta tantos rehenes para sostener un régimen o una causa, es que lo que ese régimen o causa dicen defender es indefendible.

Cuando hacen falta tantos rehenes para sostener un régimen o una causa, es que lo que ese régimen o causa dicen defender es indefendible.
Fotografía que muestra retratos de presos políticos afuera de El Helicoide este miércoles, en Caracas (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R | EFE

¿Qué tienen en común lo que queda de Hamas, lo que queda del chavismo y lo que queda del régimen de terror de los ayatolás en Irán, aparte de lo obvio? Los tres saben que están en tiempo de descuento y tratan de prolongar la agonía utilizando la única moneda de cambio que les queda: rehenes. Centenares, miles, millones de rehenes.

Hamas soltó, más exactamente que liberó, a los rehenes del 7 de octubre con cuentagotas. A los vivos y a los muertos. Consciente de que eran un escudo humano detrás del cual esconderse. Por no hablar de los civiles palestinos que se den cuenta o no son también sus rehenes desde hace mucho más tiempo. Y que, si de ellos depende, lo serán por toda la eternidad. Del río al mar.

En Venezuela se habla mucho de petróleo, petróleo y petróleo. Pero por mucho que el oro negro venezolano le pueda interesar a Donald Trump, más les interesa a los corruptos jerarcas que hace tiempo que lo usan para financiar un régimen podrido. Imperialismo americano, chillan los de siempre. ¿Dónde estaban cuando el imperialismo ruso, chino e iraní desplegaban sus tentáculos sobre la riqueza de Venezuela, dejando a la población languidecer en la miseria? Delcy Rodríguez y su banda son muy conscientes de que con el petróleo no basta para aplacar a Estados Unidos. Por eso están soltando, que no liberando, a los presos políticos también con cuentagotas. Con crueldad calcada a la de Hamas. Para que disidentes y opositores se lo piensen mucho antes de denunciar ciertas cosas o de intentar acelerar la inevitable pero todavía muy incierta transición.

En Irán el mercadeo de rehenes ya es puro sadismo. Se ha visto con el caso de Erfan Soltani, un manifestante de 26 años detenido el pasado sábado y condenado a morir el miércoles en la horca. Le conmutaron la sentencia en el último minuto, alargando todo lo posible su agonía y la de su familia.

"Los hospitales están colapsando. No pueden atender a los heridos. No tienen recursos, ni medicamentos, ni protección. Peor aún: los hospitales están siendo atacados. No para ayudar, sino para perseguir a los heridos, asesinarlos o robar sus cuerpos. A muchas familias se les exige hasta 5.000 euros para poder recuperar los cuerpos de sus hijos, padres o seres queridos. Esto no es solo represión. Esto es terror sistemático".

Son palabras de los activistas iraníes que salieron a la calle en Barcelona el martes -veinticuatro horas de la fecha fijada para el ahorcamiento de Soltani-, en una concentración pacífica pero muy riesgosa. Lo sé por mis amigos que asistieron, casi todos de la comunidad judía de Barcelona. Gente más valiente no hay. Y ellos saben mejor que nadie que en estos casos, en estos asuntos, el buenismo es solo una de las máscaras más pérfidas del mal.

Cuando hacen falta tantos rehenes para sostener un régimen o una causa, es que lo que ese régimen o causa dicen defender es indefendible. Como indefendible era que ETA quisiera hacer creer en los años 70 que la democracia en España podía llegar a tiros. Si llegó fue a pesar de sus atentados, no gracias a ellos. Digan lo que digan todos esos fans de la memoria histórica selectiva. El asesinato de Carrero Blanco no le compró a nadie un billete a la libertad. Lo único que compró fue una bula, una patente de corso, para que una anacrónica organización criminal de matriz marxista-leninista -la independencia de Euskadi, créanme, siempre fue lo de menos- pudiera sobrevivir cuarenta años más (el equivalente de otro franquismo), como si la democracia fuera con todo el mundo, menos con ellos. Que todavía pretenden que se puedan abrir las tumbas de los muertos por la dictadura de otros, pero no de los muertos por la suya.

Moralmente nunca es tarde para reaccionar, para despertar. Humanamente déjenme decirles que corre prisa. Todos esos rehenes en Gaza, en el Helicoide de Caracas, en Teherán, necesitan que hagamos algo ahora. No que les cantemos canciones como a Puig Antich cuando ya sea demasiado tarde.

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