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Espiral del gorgorito

El desastre ferroviario de Adamuz muestra el espantoso nivel de corrupción e incompetencia de la administración pública española.

El amigo Gabriel de León, jubilado de la banca, se queja de que exagero en mis análisis. Le agradezco la lectura de mis textos. No comparto su observación, pero le respondo con humildad: tiendo a pensar que el PP pudiera ser acusado de "irresponsable subsidiario" por no haber pedido la dimisión de Puentes desde el mismo momento en que se produjo la tragedia de Adamuz. En un país, cada vez más empobrecido y sin otro horizonte de futuro que la emigración al extranjero, haríamos bien en practicar más la protesta contra la élite política. Sí, protestemos, gritemos y salgamos a la calle todos los días para terminar con este régimen corrupto. Sí, sí, todos los días y a todas horas debemos pedir la dimisión de este Gobierno. No exagero, amigo Arribas. Cualquier otra cosa es tibieza y cobardía. O se cambia el régimen o nos adaptamos a seguir reptando por los caminos del socialismo y la barbarie.

Vanidad y orgullo, y todas esas cosas que se le atribuyen a los pueblos fracasados, han desaparecido definitivamente de España. O se recupera un poco de orgullo o desapareceremos de la faz de Europa. Poco somos, pero tenemos muchas papeletas para perderlo todo. Adamuz es nuestra única realidad. España es un amasijo de trenes destruidos y 45 personas muertas. ¿Ha caído algún político? No. Aquí sólo caen los ciudadanos. Los políticos se aferran bien al tamujo del poder. Si en el pasado no cayó Álvarez Cascos, ni Trillo, ni Ana Pastor…, ni tantos otros con responsabilidades en las mil tragedias que, desde 1975 hasta hoy, ha sufrido España, ¿por qué habría de caer ahora el responsable de la tragedia de Adamuz?… Sí, Adamuz es una "realidad". Un muro que no puede traspasarse con palabras.

Y Adamuz es también un símbolo de un Estado en bancarrota y una nación desaparecida. ¿Y qué hacen, se preguntan los empobrecidos españoles, los socios de Sánchez en la UE, el PP, por cambiar la cosa? ¿Qué ha hecho durante la semana pasada el PP? Poco, mal y a destiempo. El gobierno de España mata a los españoles y los atildados peperos esperan una investigación para aclarar el asunto. ¡Majaderos! Peor: han tratado, durante toda una semana, de salvar al ministro de Transportes. Han tardado, se dice pronto, siete días para hacer algo con contenido político. Han conseguido, después de toda una semana haciendo gorgoritos, que Tellado pida formalmente la dimisión de Puente, quien naturalmente ha descartado renunciar al cargo, asegurando que se siente "absolutamente capacitado" para seguir como ministro. No cree estar, ha dicho el de Pucela, en una situación que justifique dimitir, aunque asumiría responsabilidades, sólo faltaba, si se demuestra alguna responsabilidad directa en el accidente. Paparruchadas. Las mismas o parecidas que soltaron en el pasado los políticos responsables de otras tantas tragedias. ¿Pagó alguien por la más grande de todas, la del 11-M del 2004?

Gana, sí, la "cultura" de que ningún político paga por sus barbaridades. La única verdad de Adamuz es que han muerto 45 personas y el país entero está muerto de miedo, mientras el PP ha tardado una semana en pedir la dimisión de Oscar Puente. ¿Qué ha hecho durante todo ese tiempo el PP? Nada. Las declaraciones de Núñez Feijóo son conocidas. Repitamos, sí, la palabrería del PP: el Gobierno está "desbordado" y no da explicaciones claras. Exigieron la comparecencia de Sánchez en el Congreso. Reclamaron transparencia y responsabilidad. Criticaron el colapso de los servicios públicos, la mala gestión y pusieron en evidencia la falta de inversión y mantenimiento de infraestructuras ferroviarias, y, finalmente, han insistido en que esta tragedia es consecuencia de decisiones políticas del Gobierno central… Está bien. Todas esas declaraciones son "políticamente correctas", pero no han ido acompañadas de lo principal: pedir la dimisión inmediata del ministro de Transportes. O sea, no ha hecho nada políticamente relevante. Por eso, reitero, tarde ha llegado para pedir la dimisión. Simplemente se ha sumado a la "espiral del gorgorito" y, ahora, corre como pollo sin cabeza. Su cobarde comportamiento, su tibieza será pagada por todos los españoles.

El desastre ferroviario de Adamuz muestra el espantoso nivel de corrupción e incompetencia de la administración pública española. Todos los puestos técnicos en las grandes empresas públicas están ocupados por políticos inútiles. Todos están protegidos por una "cultura" de la impunidad, o sea, nadie jamás rinde cuentas de sus actos. Nadie rinde cuentas de sus tropelías. Esto es la España de Sánchez y sus socios en la UE.

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