Se sigue leyendo muy mal y muy interesadamente aquel famoso discurso de Manuel Azaña en el Ayuntamiento de Barcelona el 18 de julio de 1938, cuando la guerra civil ya estaba casi perdida para los republicanos. Según la leyenda buenista, el todavía presidente de la República habría insistido en que eran precisos tres faros, tres luminarias morales, para los futuros españoles cuando la guerra terminara: "Paz, Piedad y Perdón", así, con mayúsculas.
Por aquellas fechas, Manuel Azaña - que había sido cómplice, ingenuamente o no, de todos los horrores perpetrados por la izquierda y que sabía perfectamente que los que decretaban de hecho en su gobierno eran los comunistas, dependientes económicamente de la URSS y servidos por el compañero socialista de viaje, Juan Negrín -, apenas mandaba nada y era utilizado como muñeco moderado ante las potencias europeas y Estados Unidos.
Pero ese discurso debe ser considerado en su integridad para evitar deformaciones absurdas a estas alturas. Azaña no está haciendo un llamamiento a la paz, a la piedad y al perdón a los dos contendientes de la guerra civil. Ni desde luego está proponiendo ese programa de reconstrucción moral a ambos bandos.
Léase el texto completo del final de discurso: "Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón." Era un mensaje para los hunos, no para los hotros.
Pero la guerra no acabó como Azaña y los gobiernos republicanos con sus socios y aliados, que tanto se empeñaron en desencadenarla, querían. En esta pasada semana, con la excusa del escrache al acto de Sevilla sobre la guerra, hemos vuelto a escuchar esas palabras reinterpretadas beatíficamente. Desde 1931 no hubo paz, ni piedad, ni perdón. Hubo deseo de aniquilación. Pero la guerra no acabó como la izquierda y los separatistas esperaban.
Tampoco la Dictadura terminó como algunos esperaban. La Dictadura franquista – de haber acabado la guerra como Azaña quería hubiera habido otra dictadura y España habría sido, probablemente, un Estado más de la URSS, disfrazado, claro está, de "democracia popular" a causa de la posición geoestratégica de España -, facilitó un camino a la democracia que no gustó a quienes querían imponer la dictadura propia. Los grandes partidos acabaron aceptando la vía propuesta, pero ETA y la extrema izquierda no. Quieren que España acabe como ellos quieren que acabe.
El problema, ya no hay duda, es que los que quieren una España rota y una España roja, en el orden que convenga y al servicio de quién sabe quién, han invadido el aparato y la cabeza del único partido que podría haber garantizado el final de la voluntad guerracivilista y antinacional. Nunca han creído que eso de la paz, la piedad y el perdón fuera con ellos porque tales ejes morales, patrióticos y democráticos no están en su naturaleza ideológica. Lo suyo no es convivir sino excluir. Usan la democracia como instrumento para penetrar el Estado y destruirla desde dentro. No hay más.
"Hemos llegado a que dentro de una estructura democrática haya crecido una planta dictatorial", le respondía Fernando Savater a Nuria Ritchard en estas páginas. Del tiro en la nuca a ciudadanos españoles, penas de muerte dictadas por criminales, hemos pasado al tiro en la nuca a cámara lenta institucional de la democracia y de España.
Y encima se presentan como demócratas. Mientras, el PSOE, nunca renovado y siempre con el viejo PSOE dentro porque su refundación democrática nunca llegó a triunfar del todo, le borra las huellas criminales en Europa. Como quiere borrar las marcas bolivarianas al comunismo y a sí mismo, cómplice necesario. Como le está borrando el racismo político y económico a los separatismos y sacrifica el bien común en sus altares egoístas y patricidas.
Dice notarialmente Nicolás Redondo Terreros: "No hemos adelantado nada, más bien hemos retrocedido." Y añade: "La patria no se conforma solo con los que piensan igual… es, existe si es con todos, también con los que piensan de forma distinta, especialmente con los que no piensan como nosotros." ¿También con los que no cesan en su empeño de destrozar patria y democracia?
¿No se vio venir que esto era así? Claro que se veía venir. La izquierda española no ha sido democrática nunca. Jamás ha hecho un examen histórico de conciencia (teniendo miles de víctimas en su haber) y una revisión ideológica porque sigue creyendo que representa en exclusiva el futuro de la historia y que todos los demás o son compañeros de viaje a liquidar en su momento o son opciones moralmente inferiores a extinguir. Que haya sustituido la toma violenta del poder por la ocupación sistemática de las instituciones y los resortes de la democracia, sólo es cuestión de táctica para alcanzar el mismo fin.
Podemos lamentarnos eternamente de que esto sea así, pero ya que lo es sería mejor que nos propusiéramos dar respuesta a la paradoja de la tolerancia que ya señaló Popper. ¿Puede cobijarse en una democracia tolerante a los intolerantes que quieren acabar con ella? Lo estamos viviendo. Si en España el sanchismo ha podido hacer lo que está haciendo, es porque ni la Constitución ni las leyes derivadas han podido impedirlo. Ni paz ni piedad ni perdón. Vuelta atrás.
"A pesar de todo lo que se hace para destruirla, España subsiste", decía Azaña en otra parte del mismo discurso. Está por ver que seamos capaces de tapar los agujeros por los que se ha colado el monstruo para que la guerra acabe como tiene que acabar. ¿Hay alguien en la izquierda que quiera hacerlo?

