
¿De qué puede llenarse un cántaro que pese menos que el cántaro? Viejo acertijo andaluz con el que se desconcertaba a los niños, y no tan niños, desde siempre. La respuesta es: "De boquetes". Lo mismo pasa con la confianza en la democracia. Si la llenas de boquetes, de agujeros, por ellos se va el respeto a un modo de convivir aceptado y el peso de la nación que lo sustenta disminuye hasta advertir que su propia existencia está en peligro.
La confianza es un sutil e invisible elemento primordial de la convivencia, un intangible que mueve montañas o las derruye. La confianza consiste precisamente en poner fe, en disponernos a creer que lo que va a suceder, y cómo va a hacerlo, es lo esperado (prometido) y/o lo acordado (legislado). Cuando se deja de esperar y se menosprecia e incumple lo convenido, se pierde, poco a poco, o aceleradamente, la confianza.
España ha estado desde los años de la Transición entre las naciones que más confianza han depositado en el valor de la democracia como cimiento de la convivencia pacífica. En las últimas décadas, una serie de agujeros, si no nuevos sí muy dañinos, están provocando la desconfianza radical o la confianza ciega, que es la peor desconfianza. El proceso de polarización ideológica, política, moral e incluso sentimental que es, en sí misma, la negación de la conversación y el acuerdo políticos, lo demuestra.
De cuando en cuando es preciso recopilar y recapitular para poder adquirir una visión de conjunto. Expongamos una serie de boquetes por los que se está yendo a las alcantarillas la confianza en un modo democrático de convivir. Seguramente, no están todos los que son ni se muestran debidamente ordenados por su relevancia y peligrosidad, pero son todos los que están.
1. La apoteosis de la mentira institucional
Desde el principio, el incumplimiento de los programas electorales (se hacen para no cumplirlos, dijo Tierno Galván) fue más la norma que la excepción. Pero en lugar de corregir aquella desviación inmoral, la mentira política e institucional se ha extendido. No hay líneas rojas que expulsen del sistema a los mentirosos. Al contrario, se miente todo el tiempo y a todo el mundo sin consecuencias.
Lo que empezó con el referéndum de la OTAN en 1982, el apoyo nacionalista de Aznar y siguió con la negación de una crisis económica evidente en 2011, desembocó en la afirmación de la presencia de un Comité de Expertos en la pandemia que nunca existió y se desbordó de todo cauce cuando Pedro Sánchez prometió que nunca habría pacto con la extrema izquierda comunista y los herederos del terrorismo y a los pocos días lo perpetró con impunidad.
Tras las mentiras extendidas en el desastre ferroviario de Adamuz, ¿queda alguien que confíe en las proclamas de los partidos? Si la veracidad se desprecia, la razón es desplazada por el sentimentalismo del forofo y su sectarismo banal.
2. La desigualdad electoral
Ideado para favorecer a dos grandes partidos nacionales alternantes, el sistema electoral ya no sirve para tal fin a causa de la imparable fragmentación del voto. En las provincias pequeñas, se necesitan menos votos para lograr un diputado mientras que en las más pobladas, se precisan muchos más. Además, se ha favorecido el voto a partidos minoritarios a escala nacional (sobre todo a los nacionalistas), lo que facilita su asociación en el despotismo conjunto de las minorías, como estamos sufriendo con el gobierno Frankenstein.
Únase a ello que no se eligen personas sino partidos, algo que favorece el poder de los aparatos y la degeneración partitocrática, negando la posibilidad de que los votantes exijan cuentas directamente a sus representantes. Si además hay dudas sobre algunos procedimientos de voto, como el voto por correo, y el sistema de conteo y verificación, es previsible la desafección ciudadana y la desconfianza hacia las urnas.
3. La discriminación generacional
Se estima que más de la mitad de los jóvenes españoles no esperan cobrar una pensión pública de jubilación ni que ésta sea más generosa que la de sus mayores. A eso hay que sumar los bajos salarios y la precariedad laboral que se ceba en los menores de 18 a 44 años y que los altos precios provocados por políticas de vivienda inadecuadas les impiden acceder no ya a una vivienda en propiedad sino ni siquiera a una en alquiler.
Es evidente que el peso político de las generaciones nacidas entre 1950 y 1970, más presentes en la pirámide poblacional que las nuevas, hace que los partidos cuiden más sus votos y sus circunstancias de bienestar. Dos tercios de los jóvenes de entre 16 y 34 años no tienen otra opción que vivir en casa de sus padres. Es cada vez más comprensible la decepción de los más jóvenes por una democracia que los ha confinado en la cola del bienestar posible.
4. La decepción de la educación como elevador social
La educación en España, sobre todo la pública, clausura su función de impulsar la movilidad social de abajo a arriba. Primero, porque sus resultados (informes PISA) son malos y mediocres en cuanto a instrucción se refiere (matemáticas, ciencias, lenguaje) siendo, no obstante, un claro objeto de deseo para los manipuladores políticos en la esfera ética y estética. La burocracia vigila la corrección política de los profesores sin consideración de la eficacia y la capacidad crítica.
Por otro lado, tal devaluación obliga a los usuarios de la educación pública a aterrizar en la privada (másteres de verdad y muy caros) si se quiere que los grados y los títulos sean reconocidos en realidad por el mercado laboral. Si a eso le unimos la extensión del enchufismo a todos los niveles, se comprenderá por qué la educación no es ya un mecanismo suficiente de ascenso social.
5. Nepotismo, cuotas y partidismo contra la meritocracia
El botones Alfonso Escámez no podría llegar hoy a director general de su Banco. La valoración del mérito y la capacidad, incluso en demasiadas oposiciones amañadas, va siendo reemplazada por la estimación del "padrino" (quien no lo tiene, no se bautiza, se dice en España), y así parece ser. Puede disponerse incluso de una cátedra universitaria si se tiene el padrino adecuado. ¿Para qué esforzarse?
Una mirada sin prejuicios al acceso a puestos, a adjudicaciones, a contrataciones y/o subvenciones y ayudas sociales arroja con claridad meridiana que ser "cliente" de un partido ayuda mucho más a la obtención de tales trampolines que el mérito y la competencia real y limpia en concursos públicos o privados. La lealtad al Estado e incluso a la sociedad democrática es sustituida por la sumisión a los poderes fácticos fácilmente reconocibles. La legitimidad ética y estética de la democracia se pierde ante los privilegios de las cuotas y el nepotismo.
6. La normalización de la corrupción trampea la igualdad legal y de oportunidades
A veces, algunos medios de comunicación o los cuerpos de seguridad del Estado denuncian y combaten redes organizadas como estamos viendo en estos días de ex secretarios generales del PSOE o los vimos en el caso del PP hace años. Pero lo más peligroso es la normalización de procedimientos corruptos en demasiados planos de la vida.
A gran escala, el hecho de que haya partidos o asociaciones económicas o civiles a los que no importe el respeto debido a la legalidad y la igualdad que garantiza para obtener posiciones o privilegios y ventaja frente a los contrincantes, desmerece la democracia en su conjunto. Es más, no hay calidad democrática cuando la corrupción se extiende como una hidra mafiosa.
7. Del ciudadano crítico al "hooligan" sectario
Cuando la realidad no importa, la razón estorba y la verdad se desprecia, las emociones primarias se apoderan del espacio público presagiando estrategias autoritarias, cuya eficacia se ha probado en el pasado (en Alemania, Italia, Japón, la URSS) y se sigue adoptando en el presente (Rusia, China, Irán, entre otros). Se llama ahora a esto "polarización", pero no es otra cosa que la demonización del adversario con el que no se quiere debatir sino al que se quiere destruir (véase el ataque al acto de Pérez Reverte sobre la guerra civil, dinamitado en Sevilla hace unos días).
Evidentemente, una democracia digna de ese nombre, que exige diferentes opciones partidarias y mecanismos sólidos de alternancia en el poder, terminará resintiéndose de estas actitudes. Todo diálogo es imposibilitado por el prejuicio y la convicción de que "los nuestros" son moral e intelectualmente superiores a "los otros".
7. Lo público no es nadie, ni es de todos, sino de cualquiera con acceso a la Caja
Acabamos de comprobarlo con el sistema ferroviario, una de las joyas del servicio público español. En poco tiempo, ha transitado del orgullo a la vergüenza. Colocaciones de amigos y amantes, olvido de la inversión reglada, metástasis del gasto corriente, falta de idoneidad de los gestores. El partido político, la empresa (afín) o el grupo social están por encima del Estado y la Nación. Los servicios públicos de proximidad están en sus manos (Sanidad, Administración a todos los niveles, Protección civil…).
Las consecuencias están siendo evidentes en el caso que destacamos, desde retrasos continuos, averías varias, acontecimientos terribles, que no accidentes (que son imprevistos) y miedo y desafección en los usuarios, además del desprestigio internacional y su impacto en el turismo. Cuando este tumor se extiende a toda la Administración Pública, que va siendo el caso, tenemos otro boquete que causa el descrédito de la democracia.
8. ¿Para qué una inmigración reglada y adecuada a fines nacionales?
En España, la falta de control y de una política de inmigración de Estado está provocando una desconfianza hacia la democracia que consiente, no sólo el uso y el abuso de la ilegalidad, sino su mutación en daño cierto para los ciudadanos y para otros inmigrantes que cumplen la Ley. Además de aceptarse una inmigración islámica, demostrada y voluntariamente inintegrable en una sociedad democrática[i], se anula hasta el mínimo requisito de exigir certificados de antecedentes penales limpios.
En vez de lograrse el consenso nacional, se fractura institucionalmente la democracia enfrentando a diferentes instancias administrativas e incrementando los gastos sociales, y su mercadeo negro, al tiempo que se satisface el interés de las mafias que le han cogido el truco a este modo inhumano de ganar dinero y de servir a intereses nacionales ajenos.
9. La merma de la soberanía nacional
Las fronteras son uno de los elementos que deberían ser defendidos por la Unión Europea y la OTAN, pero, en realidad, parecen estar fuera de control. Cada vez se percibe con mayor claridad que decisiones que afectan a los españoles, desde el campo a la energía, no se toman en Madrid, sino en Bruselas o en consejos de administración de grandes multinacionales o lobbies.
Se ha visto en el reciente acuerdo de Mercosur, o en el desprecio a la energía nuclear ahora cuestionado. Democracia, ¿para qué, si gane quien gane las elecciones, tanto entre nosotros como en Europa, los grandes conglomerados y partidos votan juntos y alineados con intereses nada transparentes? ¿Elegimos realmente a quienes nos gobiernan?
10. La presión de Lobbies y empresas gigantes
En otros países, se ha legislado, más o menos acertadamente, sobre la actividad de los lobbies o conglomerados de interés. En España seguimos sin saber con qué lobbies, grupos, empresas o asociaciones privadas se reúne un ministro o un partido para ajustar un proyecto de ley y seguimos sin conocer qué términos de la ley ha preferido y a cambio de qué ministro o partido lo han aceptado.
Sabemos que tales lobbies existen (homosexuales, feministas, islamistas, católicos, tecnológicos, nacionales de terceros países, etc.), pero todo se perpetra en la más obscena oscuridad. Por ejemplo, ¿por qué se aceptó que la salida de considerar el Sahara territorio autónomo de Marruecos era la mejor para los saharauis y sin referéndum de autodeterminación? ¿Se compran las decisiones que aparecen en el BOE? ¿Cuáles son las contrapartidas? ¿Consiste la democracia sólo en votar a quienes desde ese momento son unos incontrolados? ¿Por qué no se ha regulado este tráfico de influencias?
11. Ocupación de las instituciones y neutralización de los contrapesos
¿Qué respeto puede merecer un régimen democrático que usa las instituciones y los contrapesos como uno autoritario o dictatorial? ¿Cuál es su diferencia? En España lo normal parece ser la ocupación de las instituciones, incluso sus plantillas, y la anulación de los equilibrios que podría impedir el abuso de autoridad.
Ahí se tienen los juegos de cuotas de partidos en el Consejo General del Poder Judicial, la elección de personas con perfil sectario a la Fiscalía General, o al Tribunal Constitucional, al Banco de España, al CIS, el Tribunal, los organismos reguladores del mercado y de la competencia, del mercado de valores, de la responsabilidad fiscal… Más que cultivarse el equilibrio de los poderes, se busca la ocupación completa de todos ellos. Es como comprar a los árbitros o imponerlos.
12. La "Extorsión" fiscal
Que la democracia española resulta muy cara es un hecho comprobado. La presión fiscal ha crecido 3,1 puntos en la última década en España, el triple que la media de la OCDE, publicó El Mundo hace un mes. Que los ciudadanos consideren un saqueo la recaudación fiscal es algo habitual, especialmente en el caso de los autónomos, que sostienen la inmensa mayoría del empleo nacional.
En 2025, España ha consolidado un crecimiento de la presión fiscal superior a la media de la OCDE. La sensación de que la Administración devora demasiados recursos privados sin ofrecer a cambio servicios de calidad está muy extendida en la sociedad española. Tal convicción, que avala demasiados hechos, contribuyen a desacreditar la democracia como régimen de gobierno.
Si a eso se le une que la inflación acumulada desde 2018 causa que "20.000 euros de 2018 tienen hoy un valor de 15.000 euros" (Libertad Digital), el descontento por la pérdida de poder adquisitivo real es otro ingrediente de desafecto por tal forma de gobierno.
13. Desigualdad regional de derechos y oportunidades
Lo que comenzó como una asimetría fiscal-foral en la propia Constitución siguió como federalismo asimétrico y cuaja ya como una asimetría descarnada que desiguala a los españoles según el territorio en el que vivan. La igualdad ante la ley deja de tener significado porque se establecen ciudadanos de primera y de segunda, en el uso de la lengua común, en recursos financieros, en competencias e incluso en presencia internacional.
¿Qué democracia es la que desiguala esencialmente a los ciudadanos quebrando los principios constitucionales?
14. La partitocracia, una perversión de la democracia
Una cosa es que la presencia de los partidos facilite el desarrollo de la democracia y otra bien distinta que la acumulación de poder en los partidos los haga únicos depositarios del poder en ella. Los partidos en su conjunto se identifican como una empresa multi-ideológica que cuenta con más de 70.000 empleados privilegiados, sólo superada por Mercadona, Grupo ACS, El Corte Inglés y Grupo Social ONCE.
Uno de los privilegios más insultantes, además de la impenetrabilidad de las listas electorales, es el aforamiento judicial. El presidente y 23 ministros, 616 diputados y senadores, 200 entre presidentes y consejeros de las Comunidades Autónomas y entre 1.100 y 1.200 diputados de los parlamentos autonómicos, están aforados. Súmense a estos los miembros del Tribunal de Cuentas, del Consejo de Estado y Defensores del Pueblo.
Contrastan estas cifras con las europeas por cuanto Francia cuenta sólo con una veintena de aforados, Italia y Portugal solo con uno mientras que Alemania y Reino Unido carecen de ellos, siendo todos regidos por los tribunales ordinarios que les corresponden.
A modo de conclusión
No estarán todos los factores que están contribuyendo al deterioro de la confianza en la democracia como mejor fórmula de gobierno civilizado, pero los que están lo son. Como organización de la convivencia, la democracia sigue siendo preferible para muchos españoles, aunque crece el descontento por los defectos y peligros de su funcionamiento desviado.
Si se sigue llenando de boquetes y agujeros su edificio, la tendencia revelada en los estudios de las encuestas de 40dB y el CIS — uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 28 años considera que un sistema autoritario puede ser preferible —, crecerá aceleradamente, y no solo entre los jóvenes. La izquierda y los separatistas aplauden la perforación planeada de la democracia surgida en 1978, en la que no han creído nunca o han creído poco. Pero, ¿hay alguien que la defienda?
