Exterior. Dia. Acaba de lloviznar y hay gotas que brillan en la tierra recién arada. En la provincia de Sevilla, marzo y abril , a veces mayo si la altura serrana es considerable, son los meses de siembra de tomates, pimientos, pepinos, calabacines, berenjenas y demás hortalizas ingrediente de futuros gazpachos, ensaladas y pistos. Tres personas trabajan y paran un momento para tomar aire.
Uno es un joven urbanita de treinta y tantos años afincado en un pequeño pueblo de la zona con trabajo en la capital. Cuenta que hace muy poco un grupo de delincuentes que habían matado a alguien en Cádiz, salió pitando de la costa y okupó un conjunto de viviendas en su pueblo que estaban inexplicablemente vacías. Eran bastantes y causaron una gran inquietud entre los lugareños, que, incansablemente, llamaron a la Guardia Civil para que se interviniera antes de que se produjera otra desgracia.
El otro es casi un adolescente que corrobora la información del primero y añade que finalmente la Guardia Civil, que tiene casa cuartel en la localidad, logró que aquel gentío foráneo dejara los pisos y abandonara el pueblo, no se sabe adónde. Desde entonces parece haber más guardias civiles y algunos de ellos han vuelto a vivir en la Casa Cuartel. Pero el miedo ha quedado instalado en la gente.
Por otro lado, sale en la conversación el caso de una africana que ha llegado al pueblo procedente de no se sabe qué país, pero no inmigrante sino refugiada, y que se ha domiciliado en una casa. Conocida de uno de ellos, relata que entre unas pagas y otras, la interesada cobraba alrededor de 2.500 euros al mes sin trabajar en nada. Casi el doble de lo que ganan ambos trabajando en empresas nacionales.
Finalmente, el tercero saca a colación la cantidad de magrebíes, sobre todo marroquíes, que han llegado recientemente al pueblo. También hay muchos hispanoamericanos, ecuatorianos, colombianos y peruanos, pero la preocupación reside en los primeros, porque no tienen las mismas creencias ni las mismas costumbres. Han crecido un 50 por ciento desde hace veinte años. No se quiere que las maneras y tradiciones del pueblo se vean desplazadas por otras que no tienen raíces por no ser propias.
Naturalmente, se llega a la política. Lo que más me sorprende es que no se habla del PSOE ni del PP sino sólo de Vox. El primero dice que él tiene en cuenta lo que dice el partido de Abascal y que, aunque no concuerda con todo, es el único, subraya, que trata el problema, mucho mas grave si se quiere en una zona de dehesa, toros, caza y corcho. El otro asiente, indignado porque las viviendas y las mamelas estatales vayan antes a estos grupos que a los naturales.
El último alude a la gran cantidad de jóvenes que no quieren estudiar ni trabajar, apesebrados con las ayudas y chanchullos del desempleo agrario y todos coinciden en que lo deseable es que hubiera un cambio profundo si bien ninguno cree que sea posible por el peso gravitatorio de pensionistas – casi todo el pueblo -, o receptores de subsidios varios.
Bien, hasta aquí la escena. ¿Qué es lo que sorprende en ella? Nada de lo que cuentan de los inmigrantes, de las paguitas, de la sensación de los vecinos de verse preteridos por recién llegados, nos resulta extraño. Lo que destaca es que el único nombre de partido que se escucha en la conversación es el de Vox, un partido que ya tiene en el pueblo la mitad de los votos conseguidos por el PP y el 20 por ciento de los votos del PSOE cuando hace poco no obtuvo ni siquiera un voto en las pasadas elecciones municipales de 2022.
En la conversación el PSOE es invisible (reza, Chiqui, Mopongo o como la llame el último mote). Fue, recuerden, rey absoluto de las mayorías desde 1979. Tampoco el PP, que ha crecido pero sin posibilidades en estos municipios subvencionados. Sólo Vox aparece como algo diferente, relevante, distinto.
Ya, ya sé que el ejemplo es cualitativo, de conocimiento "intensive", no "extensive". Nada aprovechable para la demoscopia al uso. Pero da una idea y proporciona energía a las intuiciones disciplinadas. La conversación es real y el municipio es real. ¿De qué no cabe duda? De que a Vox se le ha comenzado a prestar atención en comarcas donde siempre dominó el socialismo de "puerto Hurraco", que decía Jorge Semprún.
El ultimísimo estudio electoral conocido deja al PP sin mayoría absoluta y al PSOE al borde del sorpasso por Vox (consumable en Málaga, Cádiz, Granada y Almería), que sigue creciendo como lo ha hecho en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Pero, tómese nota, entre el PP y Vox lograrían nada menos que un 57 por ciento de los votos emitidos y sobre 70 escaños, cuatro más de los 66 obtenidos por el PSOE en 1982, su récord histórico.
Ese resultado superaría los tres quintos necesarios estatutariamente para afrontar reformas de gran calado y está a tiro de piedra de los dos tercios precisos para una legitimación absolutísima de nuevos caminos. Que en vez de estar fraguando una estrategia de desarrollo y libertad para Andalucía y España se esté a tortazo limpio y a navajazo traicionero, es algo que en el mato de la escena no se entiende. Todavía, este desafuero tiene poco coste, pero lo tendrá y mucho. Y no tardando.

