
La gente no es tonta y vigila, como la Policía o la Guardia Civil. Las campañas electorales duran cuatro años, cuatro largos años que pueden ser menos, en los que día tras día, semana tras semana, mes tras mes, los ciudadanos de a pie, esos que no decidimos nada relevante sobre la Administración y los servicios públicos, vamos tomando nota, conscientemente o no, de las cosas que nos gustan y de las que no.
En ese entramado humano de sensaciones, emociones y deducciones, casi nunca racionales del todo, afluyen algunas fuentes de convicción además de los hechos mismos: las propagandas continuas de los partidos políticos y esa misma propaganda, transmitida por los medios de comunicación y las redes sociales, dulcificada o envenenada, según los casos. Se vierten sobre las conciencias de modo inmisericorde tratando de promover un voto coincidente con sus intereses, que los hay y muchos, pocos claros y la mayoría oscuros.
En esta campaña andaluza, se ha sentido una presión mayúscula para condicionar el destino de nuestros votos. Están en juego demasiadas cosas partidistas, desde el dominio de Génova 13 en el PP a la sublevación del PSOE andaluz contra Sánchez, desde el condicionamiento de la mayoría por un erguido Vox al remache de una nueva extrema izquierda contra el comunismo habitual.
Naturalmente, hay más cosas en juego. Sobre todo, si Andalucía, como región clave de España va a ser modelo de sociedad abierta o si las izquierdas vuelven a encerrarla en el Estado turbio y sus telas de araña; si este Sur acepta el reto de la defensa de los valores democráticos del Occidente tal cual han sido y son o si se pliega a las recientes fórmulas ideológicas neototalitarias o si se trenza una estrategia de defensa de su presencia en la vida española e internacional o si lo hacemos como siempre, protocolaria, sumisa y blanditamente.
No va a ser fácil sobrevivir a esta campaña porque, aunque no lo parezca, ha sido feroz, insistente, invasora, esclarecedora de los modos y maneras que algunos calzan. Me refiero a si el PSOE sobrevivirá tras este ejercicio de ensañamiento político y si Vox seguirá vivo tras el ataque despiadado sufrido desde que nació hasta el momento, con prisa y sin pausa.
La mayor sorpresa ha sido la socialista, que esta vez no ha sido mayormente arremetida desde la derecha, como sería lo natural, sino que ha sido embestida con toda violencia por Ferraz y Moncloa. No sólo han impuesto una candidata claramente inadecuada para recuperar el Gobierno andaluz, por sus formas, por sus mochilas, por su incierto futuro judicial, sino que ha fabricado un guion insensato que ha terminado por provocar errores decisivos, algunos de ellos, trending topic. Recuerden, accidente laboral.
Para colmo, en la recta final de la campaña aparecen muertos vivientes como Manuel Chaves, Magdalena Álvarez, Manuel Gracia o la misma Susana Díaz (que se resiste al olvido), espejo vivo de la tela de araña y de los ERE. Como colofón, surge de la nada una Carmen Romero que se abraza al bandidaje de Pedro Sánchez de la mano de Zapatero y acusa a su exmarido de estar siendo manipulado por las derechas. Ella por Sánchez, no, no ha sido manipulada, no ni ná.
Ha sido incluso un ejercicio de sadismo contra el sentido común de la base socialista, que existe y que ha visto cómo sus naturales expectativas de mejora se hunden sin misericordia no por la acción de las derechas sino por la incompetencia, la pudrición moral y el mamoneo de sus élites sin escrúpulos. ¿Sobrevivirá el PSOE andaluz a este despiadado ataque? Si lo hace, no tendrá más remedio que ajustar cuentas con el sanchismo que lo está condenando a la irrelevancia.
Luego está el milagro, porque será un milagro que Vox sobreviva a las acometidas. Siendo un partido legal, democrático y con todo el derecho a proponer, desde su nacimiento ha sufrido las invectivas más difamantes que se recuerdan. Que si nazi, que si franquista, que si fascista, le han cantado a coro las izquierdas largacaballeristas, estalinistas, prochinas o bolivarianas, todas ellas demócratas ejemplares como es sabido.
Pero lo más impresionante ha sido la armonía mediática, de derechas e izquierdas, contra un partido que no ha tenido poder relevante de gestión. Que su presencia en la vida pública se considere anatema para unos o un 'lío' para otros (lío puede ser una segunda mayoría absoluta sin freno ni control, digo yo) es alarmante. Que se oponga Constitución y Estatuto Andaluz a la 'prioridad nacional' es estomagante porque eso es precisamente lo que exponen ambos textos, que los españoles y los andaluces son la prioridad para sus Administraciones. ¿O no?
El espectáculo ha sido implacable. A menor medida y con ruido, las navajas de la extrema izquierda han brillado en la mugre, pero unas estaban melladas por el besuqueo casposo de sus gerifaltes y gerifaltas con el separatismo fetén y las porquerías sanchistas.
No he visto nunca un desatino mayor del fuego 'amigo' socialista ni un ataque concertado de tal potencia de la derecha contra parte de sí misma. Será prodigioso que el PSOE quede en pie y que Vox persevere en resistir. Pero...
