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Pedro de Tena

Apoteosis de las derechotas

El PP parece no entender que Vox es ya un partido vertebral de España, que no ha conseguido cortar de raíz su desarrollo cuando pudo y que no puede parar su crecimiento.

El líder de Vox, Santiago Abascal, y el diputado del PP Elías Bendodo | LD/Agencias

No, no son derechitas. Cuando se ronda, al alza, el voto de más del 50 por ciento de los ciudadanos que acuden a las urnas, ni se es enclenque, ni se es menuda, ni se es impotente ni se es inútil ni se es cobarde ni suicida, salvo que se sea por voluntad propia. Cuando se adquiere una envergadura electoral tal que puede acariciarse la posibilidad de superar aquellos tremendos 202 escaños en el Congreso que obtuvo el PSOE en 1982, se será lo que se quiera, pero derechitas no.

Tampoco son derechonas. Por más que los matadores de Franco después de muerto insistan, las derechas que hoy aspiran a gobernar la nación española en lo que parece un nuevo ciclo político, no tienen nada que ver con la dictadura. De hecho, todas ellas aceptan la democracia como marco de referencia y todas ellas respetan la Constitución con las correspondientes propuestas de reforma según los cauces establecidos. Nada que ver con golpismo ni con derivas reemplacistas de una media España por otra media, ya magma indescriptible. Para eso, búsquese razón en los separatismos y en la izquierda social-comunista.

No, no. Lo que aparece ante nuestros ojos de ciudadanos no es ni una cosa ni la otra, sino unas derechotas, unas derechas que están como una chota. Si creen que lo están en un solo sentido, se equivocan. Lo están en más de uno. Ya saben que estar como una chota equivale a estar como una cabra "jarta de papeles" (que también se los come porque le saben a vegetal), esto es, a estar fuera de la normalidad previsible, incluso de la instintiva del superviviente.

Las derechotas, que ambas maman, una más que otra por ahora, de los presupuestos generales, de los autonómicos y de los municipales en su calidad de partidos políticos legales y que controlan los dineros y futuros de mucha España, parecen chotearse de sus votantes en un festival descontrolado de choterías. Hasta ahora se les ha permitido hacer el choteo en la creencia de que la sangre no llegaría al río, pero se advierte ya un olor sucio a chotuno, que está haciendo saltar todas las alarmas.

Si bien la inmensa mayoría de los sondeos y empresas encuestadoras aportan resultados esperanzadores para sus votantes, PP y Vox, las derechotas patas negras, andan empeñadas en dañarse como enemigos mortales un día tras otro y sin solución de continuidad. De este modo, a la polarización, ya no lo duda nadie, entre el frente popular-separatista y el frente democrático, añaden su crispación constante, castrante y estéril que pone en peligro la gran reforma nacional que la mayoría de los españoles demandamos y esperamos.

Al principio, pareció que eran maniobras ingenuas, o de salón, del electoralismo barato de sus líderes. Se vio luego que, además, podrían ser fruto de maquiavélicas tácticas del PSOE al estilo Mitterrand, esto es, hacerle crecer una derecha por la derecha a la derecha de toda la vida para dividir el voto y permitir que el socialismo fuese la opción más votada en la Nación. Le fue bien un tiempo, aunque, como es sabido, llegó tan lejos que al final fue el socialismo francés el que desapareció bajo las urnas. Ojo al parche.

Pero España es diferente. Cuando todos los hígados demoscópicos predicen el fin del gobierno Frankenstein por colapso de su Puto Amo y el ascenso de las derechas al cielo de los más de 200 escaños, en vez de una derecha patriótica, democrática y cabal resulta que prosperan cada vez más dos derechotas irresponsables que se disputan la primacía del cartel en el ruedo ibérico e incluso parecen ceder a la tentación de un duelo a muerte.

Lo que estamos viendo en Extremadura y Aragón y lo que está por ver en Castilla León y Andalucía, más lo que vemos en el conjunto de España e incluso en la Unión Europea, es
un espectáculo descorazonador. En la noche mas oscura para el régimen sanchista, PP y Vox nos desaniman a todos de forma sistemática y cada vez más hondamente.

El PP parece no entender que Vox es ya un partido vertebral de España, que no ha conseguido cortar de raíz su desarrollo cuando pudo y que no puede parar su crecimiento. Sus tácticas de desactivación han fracasado lo que, por lo visto, no les conduce a una mínima reflexión autocrítica. Convocaron elecciones autonómicas para librarse de su dependencia y lo que han conseguido es depender de él como nunca. Si quieren gobernar, deberán hacerlo de ahora en adelante con un acuerdo global con Vox. Sí o sí o no y el caos.

Vox parece no enterarse de que, a pesar de su ensanchamiento, no es el partido mayoritario de la derecha en España, en ninguna región ni en el conjunto nacional. Su aspiración legítima a serlo debe conciliarse con la realidad política y sociológica y subordinarse al fin nacional de la recuperación de la España democrática que aún podemos ser y que una mayoría quiere ser. Podrá poner algunas condiciones, pero no tiene derecho a impedir los gobiernos.

Si no concuerdan en Extremadura ni se avienen en Aragón donde ya superan juntos el 50 por ciento de los votantes y si se espera que lo mismo ocurra en Castilla-León y Andalucía próximamente, díganme ustedes qué puede esperarse de unas elecciones generales. ¿Acaso se atreverán a reconvocarlas cuando exhiban su incapacidad para el acuerdo?

La ofuscación electoral y el ensimismamiento de estas derechotas les está impidiendo ver cómo su fratricidio puede contribuir a la recuperación de un Pedro Sánchez y su gobierno monstruoso, esta vez de la mano del cansancio de esa mayoría atónita que aún les vota. Podría darse el caso de que su falta de estatura política y de proyecto nacional condujeran a sus hastiados votantes a la conclusión de que no tienen otra opción que la de una ausencia punitiva y correccional. Abstención o voto en blanco. Es lo que va pidiendo el cuerpo. Y que salga el sol por Antequera.

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