
Cuando se habla del "Gran Reemplazo" o "la gran sustitución", desde la izquierda se mira hacia la derecha, hacia la derecha conservadora, incluso la liberal y, por supuesto, a la supuesta extrema derecha, un magma nebuloso apto para ser arrojado a la cara de cualquiera que discuta los postulados de la ortodoxia, políticamente correcta, de las izquierdas occidentales, sobre todo las de raigambre marxista.
No se olvide que "reemplazar" significa sobre todo "ocupar el lugar dejado por otra cosa o persona" en la plaza, esto es, quitar una cosa y poner otra en su lugar, ya sea en un mecanismo o artilugio o en un colegio o Universidad o en el Ejército, o en toda una nación. Reemplazar no es lo mismo que cambiar porque algo o alguien puede ser reemplazado para favorecer la continuidad de lo precedente, pero cambiar siempre exige un reemplazo.
Suele atribuirse el "demérito" al francés Renaud Camus, el Camus "malo", que hace algo más de una década publicó sendos libros sobre la deculturación de Europa, singularmente de Francia (quizá mejor "desculturización" en español) y el "gran reemplazo" que se adivinaba en los movimientos demográficos voluntariamente diseñados para desplazar de una vez al odioso blanco indígena europeo, singularmente francés, y todo su edificio cultural-democrático de creencias, referencias, valores, costumbres y leyes por otro esencialmente distinto e incluso contrario.
¿En qué consiste la desculturización? Sencillamente en la "enseñanza del olvido" de la propia civilización, si nos referimos a Occidente. Esto es, dejar de saber y de apreciar de dónde se viene y qué se es, con sus bienes y males. Una vez que la terapia arrasadora de historia y sentido hace su efecto, sus víctimas están preparadas para ser sometidas a decisiones ajenas y dispuestas para ser reemplazadas por invasores legalmente instalados y legitimados.
Para Camus, el "gran reemplazo" de los ciudadanos franceses de origen -extensible a la población europea y occidental -, por oriundos de terceros países, será la culminación de una serie de mutaciones acaecidas paulatina pero insistentemente en la escuela, en la transmisión de valores y fines y, por supuesto, en la "gran deculturación", la anulación de la cultura nacional francesa u occidental y europea, a la que se ha hecho previamente causa de todos los males de la Humanidad.
En su libro titulado precisamente El gran reemplazo, de 2012, Camus dice:
"Aprovecho esta oportunidad para aclarar que el Gran Reemplazo del pueblo inglés en su propio territorio, de los alemanes en el suyo, de los italianos en Italia —la sofocación programada y ya en marcha de esas grandes culturas y civilizaciones maravillosas que han hecho de Europa un valor tan singular— me duele tanto como el de los franceses en Francia." Se refiere, pues, a un reemplazo general en la Europa vertebral.
Y reacciona ante ello: "Debemos afirmar cada vez con más firmeza nuestra voluntad de preservar nuestra cultura, nuestra lengua, por supuesto, nuestro modo de vida y nuestra forma de ser, nuestra religión o lo que queda de ella, nuestros paisajes o lo que queda de ellos, nuestras leyes, nuestras costumbres, nuestros hábitos, nuestra gastronomía, nuestras libertades. Francia siempre ha estado abierta a quienes deseaban unirse a ella y formar parte de ella por amor, admiración y un sincero deseo de abrazar su espíritu y su forma de ser en la tierra. Por el contrario, debe cerrarse por completo —y debería haberlo hecho hace mucho tiempo— a quienes afirman establecerse allí para recrear en su territorio el tipo de sociedad que dejaron atrás. Francia no es una tierra del islam, por ejemplo, y, si fuera por mí, se negaría rotundamente a convertirse en una."
No es Camus partidario de un gran reemplazo de los llegados a Francia o Europa por parte de los europeos mismos, como difunde tergiversadamente la extrema izquierda. Lo que hace el autor es precisamente enfrentarse a, y defenderse de, lo que cree un Gran Reemplazo diseñado o devenido por indefensión que afecta precisamente a los europeos, a los franceses, que se van viendo desalojados de su condición de "pueblo", de nación, de tradición, por los inmigrantes de otros países que no tienen deseo alguno de ser europeos ni franceses.
o que quiere es que se reaccione contra el gran reemplazo en marcha. Y dice: "Un pueblo que conoce a sus clásicos, que es consciente de su historia y sabe lo que debe, no se deja arrastrar sin resistencia al basurero de la historia..." Pero " este hombre sin orígenes, sin parientes, este hijo de nadie" es perfectamente reemplazable y que lo sea es, cree Camus, "lo que desean los responsables de la crisis económica, lo que necesitan para sus negocios, sus multinacionales y sus especulaciones." En el gran reemplazo, la complicidad de las élites es necesaria.
Ciertamente, los reemplazos no son nuevos en la Historia. Por hablar de uno reciente, todo el movimiento comunista desde su fundación aspira al "reemplazo" de los que consideran "enemigos de clase", esto es, a su exterminio social y físico, si hiciera falta, que siempre la ha hecho. Se trató de reemplazar a la clase burguesa con sus restos de nobleza y las iglesias no por una sociedad sin clases sino por la nueva clase burocrática gestada desde el Partido, único intérprete de la necesidad y de la Historia.
Trotsky, que ejecutó tal "reemplazo" bien cruelmente hasta que pudo, lo retrató de un modo preciso cuando definió el proceso inexorable que lo guiaba. El pueblo era reemplazado por el Partido. Éste, por el Comité Central. El Comité era reemplazado por el Politburó y este, finalmente, era reemplazado por el secretario general. La sociedad entera quedaba suplantada por un solo hombre. Era la dictadura, no la del proletariado, sino la comunista sobre todos, el proletariado incluido.
Un reemplazo total, universal, masivo, no es ajeno a la obsesión totalizadora de la izquierda comunista. Es más, lo exige. Pero cuando se habla de Gran Reemplazo por parte de algunas derechas occidentales, se alude a una reacción deseable ante el peligro de desculturización y penetración moral de una población ajena que no sólo no contempla su integración en la sociedad de acogida, sino que, al contrario, se reafirma en sus costumbres, creencias y normas de origen sentando las bases de un intenso conflicto.
Es curioso que cuando las élites wokistas mencionan la expresión "Gran Reinicio"[i], que viene a ser una fabulosa mutación tecnológica, económica, social, cultural y legal decisiva, el reemplazo universal de una forma de vida por otra, entonces nada hay de inconveniente ni de denunciable. Pero si se alude al Gran Reemplazo de las culturas democráticas occidentales por otras ajenas, entonces sí hay rasgado de vestiduras y anatemas de los políticamente correctos.
La teoría del Gran Reemplazo como reacción a una Yihad demográfica
Dicen que fue Huari Boumedian, presidente socialista de Argelia desde 1964 a 1978, quien enunció las siguientes frases: "Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán como amigos. Lo harán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. El vientre de nuestras mujeres nos dará la victoria".
Se ha precisado que fue en la ONU el 10 de abril de 1974, pero en las actas de su discurso de aquel día no aparece. Otros han dicho que quien las expresó fue el primer presidente argelino, Ben Bella, pero tampoco hay constancia. Aunque ya hubo quienes dudaron de la autenticidad de la autoría, como Sánchez Dragó, se extendió la convicción de que tales frases se dijeron y muchos las han citado como si fueran ciertas.
La misma Oriana Fallaci, otra "facha" y "reaccionaria" para la izquierda occidental, las reprodujo en su libro La fuerza de la razón y añadía: "No decía nada nuevo. Mucho menos algo genial. La Política del Vientre es decir la estrategia de exportar seres humanos y hacerlos tener hijos en abundancia ha sido siempre el sistema más simple y más seguro para apoderarse de un territorio, dominar un país, sustituir a un pueblo o sojuzgarlo. Y desde el siglo VIII en adelante el expansionismo islámico siempre se ha desarrollado a la sombra de esta estrategia."
Esta "Yihad" demográfica ha sido proclamada muchas veces. El que tales frases atribuidas a Boumedian no estén documentadas no quiere decir que no se hayan pronunciado y desde luego, han sido reforzadas por otros líderes musulmanes. Por ejemplo, el entonces líder libio Muamar-el- Gadafi. Según la BBC, advirtió que la UE podría dejar de ser europea frente a los millones de africanos que quieren entrar.
"¿Cuál será la reacción de los europeos cristianos blancos ante esta ola de hambrientos e ignorantes africanos?", expresó. Y llegó a pedir miles de millones de euros por colaborar en impedir tal invasión demográfica en 2010, reconocimiento expreso de una "política" de penetración demográfica calculada, algo que ya había resaltado antes desde el altavoz de Al Jazeera en 2006.
No fue el único musulmán destacado en hacerlo. De hecho, y más recientemente, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan dijo, según Euronews, lo siguiente: ""Este es un llamamiento a mis conciudadanos, a mis hermanos que viven en Europa. Los lugares en los que vivís y trabajáis son vuestro nuevo hogar. Aferráos a esos lugares con fuerza. Abrid nuevas empresas. Haced que vuestros hijos se eduquen en los mejores colegios. Vivid en los mejores vecindarios, en las mejores casas. Conducid los mejores coches. Y no tengáis tres, sino cinco hijos". No lo llama conquista, pero destaca el poder que confiere el crecimiento de la población musulmana en Europa.
Muchos otros lo hicieron antes, desde los teólogos y clérigos como Yusuf al-Qaradawi y Anjem Choudary a Anjem Sheikh Muhammad Ayed y Sayyid Qutb estos últimos relacionados con Hermanos Musulmanes. Mahathir Mohamad, ex primer ministro de Malasia, insistió muchas veces en que la superioridad demográfica islámica conduciría a su hegemonía mundial.
El radical Abu Hamza al-Masri, finalmente extraditado desde "Londonistán"[ii] a Estados Unidos, además de recomendar ataques a judíos e infieles, exponía que los musulmanes en Occidente no tenían por fin convivir sino "conquistar" aprovechando desde su creciente influencia demográfica a las leyes de bienestar social. Otro islamista radical, Belkacem Zeghada, declaraba abiertamente, antes de ser condenado judicialmente en Bélgica, que los "infieles" deberían aceptar la ley islámica o irse de su país.
En otras palabras, puede dudarse de que todos los musulmanes tengan como objetivo la "conquista" demográfica de Occidente y el reemplazo de sus creencias y costumbres, pero no cabe duda alguna de que dicha tesis existe y es defendida por islamistas destacados. ¿Qué tiene de extraño o de desmesurado o de "racista" que naturales de las naciones occidentales consideren necesaria una reacción ante la amenaza de un Gran Reemplazo programado? En España no es la primera vez que se desliza la programación de la "reconquista inversa de Al Andalus", por ejemplo.
La fallida teoría del Reemplazo Demócrata en Estados Unidos
Aunque hubo precedentes de la consideración política y estratégica de los movimientos demográficos y sociales como germen del "reemplazo" de los votantes republicanos antes de y durante la época de John F. Kennedy en el sentido de predecir y forjar una mayoría demócrata en Estados Unidos, nunca se había anunciado un futuro demócrata estable como se hizo en el libro de Ruy Teixeira y John B. Judis, The Emerging Democratic Majority, que lamentablemente no cuenta con edición española.
Según algunos de sus lectores, el libro "sostenía que una creciente coalición demócrata de jóvenes, profesionales urbanos, minorías y mujeres trabajadoras solteras solo podría ser una base ganadora si los demócratas también podían mantener a los blancos de la clase trabajadora bajo el mismo estandarte." Era el libro de moda hacia 2006 y cuando Barack Obama obtuvo la presidencia, se creyó que la historia confirmaba sus previsiones. Los republicanos habían sido reemplazados a escala federal por la mayoría consolidada obtenida por los demócratas y así sería durante mucho tiempo.
Edward Luce, editor nacional del Financial Times para Estados Unidos, consideraba que el libro convertía de modo poco riguroso la demografía en destino y que "tras el triunfo de elección de Barack Obama en 2008 reforzó la fe de que una coalición de blancos educados y principalmente no blancos menos educados lograría lo mismo para los demócratas a nivel nacional que estaba sucediendo en la costa oeste (California)." Esto es, la suma de las minorías (negros, chicanos, mujeres y otras) y los blancos de "cuello blanco" era la imponente base para una estable mayoría demócrata durante años.
Todo el empeño se puso, naturalmente, en convertir a una mayoría de minorías[iii], demográficamente pujante, en el soporte del proyecto demócrata, para reemplazar a los republicanos, blancos, protestantes y ricos. Pareció funcionar un tiempo, pero la realidad ha demostrado que la lealtad de las minorías no era duradera ni sólida. De hecho, Trump se apoyó en los blancos de cuello azul, hundidos por las políticas demócratas, y sedujo a gran parte de las minorías.
Visto lo visto, ahora, para aquellos mismos autores, fueron el populismo trumpista y los populismos crecientes en las democracias europeas los que sabotearon las coaliciones de las mayoritarias minorías "demócratas" y su demografía como destino. Además, los demócratas dejaron sin defensa a los trabajadores en la masiva desindustrialización, se hicieron ininteligibles con sus dictados woke para gran parte de la población y asumieron posiciones similares a las republicanas en economía. Y Trump ganó de nuevo.
La versión española del Gran Reemplazo
A pesar de todo, nada es comparable a la versión más chabacana y barata de la deformación insidiosa de lo que significa "Gran Reemplazo". Proporcionada por una de las más desgañitadas podemitas, Irene Montero, se confiesa en ella que sí, que se quiere reemplazar a determinados españoles (fachas, racistas, vividores) por nuevos electores inmigrantes. De nuevo la demografía como trampolín político. En este caso, de forma caricaturesca, o no tanto.
"Ojalá teoría del reemplazo. Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país, con gente migrante, con gente trabajadora. Claro que yo quiero que haya reemplazo, reeemplazo de fachas, reemplazo de racistas, de vividores y que lo podamos hacer con la gente trabajadora de este país, tenga el color de la piel que tenga, sea de china, negra, marrona[iv]...» Traducido, reemplazo de votantes de derecha por nuevos votantes de la izquierda.
Pedro Sánchez no alude a la demografía electoral, sino a una supuesta cuestión moral, en su regularización masiva de inmigrantes. Pero los datos son testarudos. Cuando menos cabe la sospecha de que lo que se está intentando es forzar un Gran Reemplazo en el cuerpo electoral reduciendo a los votantes de las derechas nacionales en favor de unas izquierdas auxiliadas por la nueva minoría de inmigrantes nacionalizados. De este modo, la alternancia democrática sería una opción sin posibilidades en elecciones generales venideras.
Del casi millón y medio de personas inmigrantes que han obtenido la nacionalidad española, con su derecho al voto, desde que gobierna Sánchez, casi 300.000 son de origen marroquí cuyo voto es mayoritariamente de izquierdas. Si la mayoría de los nacionalizados votan al PSOE como concluye el informe de Opina360 de julio de 2025, claro es que puede estarse ante una operación de "reemplazo".
Dentro de unos años, los nuevos inmigrantes regularizados por la vía rápida en estos días, más de 500.000, que cuentan con muchos magrebíes en su seno, podrán solicitar la nacionalidad. Más allá de la necesidad de mano de obra y de la sospechosa cuestión "moral", tras esta operación, que no tiene en consideración el valor de la nacionalidad española salvo como fuente de derechos y no de deberes y respeto hacia la Nación que les acoge, acecha un gran y sistemático Reemplazo en el censo electoral español. "Sin papeles del mundo mundial, uníos y venid a España como sea, que Sánchez os llama". Por razones morales, claro.
[i] Así se llama el libreo de Marcel Schwab, el mandamás de las Cumbres de Davos hasta hace muy poco.
[ii] Así se llama a Londres en el libro de Melanie Philips titulado precisamente así.
[iii] Mutatis mutandis, el plan recuerda al de Pedro Sánchez y su gobierno Frankenstein.
[iv] No se sabe a qué se refiere con este sorprendente palabro que relaciona con la piel.
