O gobierno o dimisión: no puede haber repeticiones electorales
Lo que los ciudadanos votan en las urnas es un mandato y los partidos no están para especular sobre lo decretado por el recuento, sino para cumplirlo.
En un tiempo en el que las mayorías absolutas son una rara excepción, el resultado de unas elecciones no puede ser un juguete en manos de políticos irresponsables, ni rehén de unas relaciones personales mejores o peores. Lo que los ciudadanos votan en las urnas es una orden, un mandato, y los partidos no están para especular sobre lo decretado por el recuento, sino para cumplirlo.
Hay ocasiones en las que la lectura de ese veredicto es complejo y se hace complicado vislumbrar el camino a tomar, pero lo cierto es que suele ser muy evidente y, desde luego, en las últimas elecciones celebradas en España lo ha sido: tanto Aragón como Extremadura han votado por un gobierno de la derecha, formado por dos partidos y liderado por aquel que ha obtenido la victoria, en ambos casos con una ventaja notable.
Cualquier otra resolución es desobedecer a los ciudadanos y, en los casos concretos que nos ocupan, además de un fraude democrático sería un enorme error político: no son pocos los que creen que el espectáculo postelectoral de PP y Vox en Extremadura les costó a ambos partidos el poder en las generales de julio de 2023 y, lo que es mucho peor, nos costó a los españoles unos años más, y peores, de Pedro Sánchez en Moncloa.
Cabría esperar que los protagonistas de aquel despropósito hubiesen aprendido de tan amarga experiencia, pero por el momento no parece que haya sido así: las rupturas, las escenitas, las declaraciones y las filtraciones extemporáneas están siendo la tónica en la región desde el pasado 21 de diciembre y, en lugar de estar más cerca de un acuerdo razonable que de estabilidad a la región y ayude a forjar la alternativa que España necesita, lo que parece acercarse es una repetición electoral.
Es intolerable, es vergonzoso y, sobre todo, es un error mayúsculo que la nación no puede permitirse.
PP y Vox tienen que llegar a un acuerdo, repartir las consejerías de una forma razonable y según lo dictado por las urnas que concedieron una amplia victoria a los populares, pero una representación muy importante a los voxeros; pactar un programa de gobierno que incluya las muchas medidas que ambos partidos defienden y encuentran razonable y un pequeño porcentaje de lo que cada uno estime imprescindible de su propio programa; y, en definitiva, poner en marcha un ejecutivo que cumpla el mandato de las urnas.
Y deben hacerlo ya, sin más esperas, sin más vacilaciones y sin más politiqueo lamentable.
De no ser así deberemos llegar a la conclusión de que los responsables de ambos partidos no son los líderes que necesitan Extremadura y España en un momento tan delicado y, por lo tanto, que deberían presentar su dimisión. Esperemos que reine el sentido común antes de que sea demasiado tarde, pero si al final es necesaria la repetición electoral hay que decir alto y claro que ni María Guardiola ni Óscar Fernández deberían ser candidatos, pues ya habrían demostrado no tener suficiente categoría para la tarea que les han encomendado los extremeños.
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