Nunca le pidas perdón a un zurdo
La respuesta correcta a la enésima campaña de victimismo socialista era bastante obvia: "Si te das por ofendida será por algo, bonita".
Parece increíble tener que repetir esto después de ocho años de sanchismo, pero nunca, jamás, bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia se le puede pedir perdón a un zurdo. Y menos cuando lo que has dicho es estrictamente cierto. La izquierda no entiende la petición de disculpas como una admisión del error con propósito de enmienda, sino como una señal para redoblar los ataques, un reconocimiento de una culpabilidad total, que no sólo abarca el fallo, grande o pequeño, que se reconoce, sino a toda la persona. No es una equivocación o un lapsus, es que eres malvado y mereces ser destruido, ese es el mensaje que va a leer la izquierda, y a difundir de todas las maneras posibles.
Cuando a Díaz Ayuso la pillaron llamando hijo de puta a Pedro Sánchez no salió compungida a pedir disculpas: se inventó la frase de la fruta, que ahora aparece en camisetas e imanes de nevera. Porque, sorpresa, tenía todos los motivos del mundo para murmurar lo que murmuró: el presidente del gobierno la había acusado en sede parlamentaria de una corrupción que nunca ha existido: dos fiscales con carné del PSOE, en España y en Europa, investigaron aquello y volvieron con las manos vacías, y eso que uno de ellos resultó ser un delincuente. Como para no gustarle la fruta.
La respuesta correcta a la enésima campaña de victimismo socialista era bastante obvia: "Si te das por ofendida será por algo, bonita". Rosa Belmonte no dijo nombres, y por más que todos sepamos a quién se refiere, igual que sabemos que a Ayuso la fruta tampoco es que le entusiasme tanto, no hay ninguna necesidad de concederle un solo milímetro a los panfletos gubernamentales. Es más, habría sido un momento estupendo para recordar que la susodicha trabaja de tertuliana, facturando miles de euros al mes de dinero público, en el programa que presenta su pareja.
Cuando la novia de Javier Ruiz llamó idiotas a los más de diez millones de votantes del PP y Vox no pidió disculpas por haberlo hecho. No pidió perdón Fernando Simón por anunciar un máximo de dos o tres casos de Coronavirus instantes antes de la muerte de ciento veinte mil personas, ni Echenique por decir que la pedrada que le pegaron en la cara a Rocío de Meer era en realidad kétchup. Por poner solo tres ejemplos. Pero hay miles. Nadie le ha pedido perdón a Ketty Garat por los insultos y descalificaciones que recibió cuando contó las correrías con prostitutas de lujo de Ábalos, y desde luego Óscar Puente no se ha disculpado una sola vez por insultar en redes sociales a todas y cada una las personas que alguna vez le han llevado la contraria. Ni siquiera lo ha hecho después de que 47 ciudadanos murieran por la falta de mantenimiento de las vías bajo su responsabilidad directa.
En otro país y en otra época sería posible mantener una conversación pública más civilizada, pero vivimos en la España de Sánchez, bajo un gobierno sostenido por terroristas, golpistas huidos de la justicia y lunáticos castristas. Sería deseable, claro que sí, evitar ciertas expresiones en la tele en abierto, pero si a alguien se le escapa una verdad incómoda, como le pasó a Rosa Belmonte, lo único que no se puede hacer nunca es dar un paso atrás. A ver si la oposición aprende de una vez del Manual de Resistencia que, como su tesis, alguien le escribió a Pedro Sánchez.
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