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EDITORIAL

Rufián y el ínfimo nivel de la izquierda

Una plataforma liderada por Rufián obtendría probablemente los mismos o peores resultados que Yolanda Díaz e incluso que Podemos,

La extrema izquierda atraviesa momentos de desorientación, congoja y pánico, mayores tribulaciones incluso que ese sanchismo que se hunde en las autonómicas y en la corrupción más salvaje. El invento de Sumar ha resultado ser tan amorfo y absurdo que ya hay en marcha al menos dos operaciones para "refundar el espacio". La cursilería de la extrema izquierda es proporcional a la brutalidad de sus teorías.

Un separatista que sólo iba a estar en Madrid hasta que se proclamara la república catalana, Gabriel Rufián, encabeza una de esas maniobras con más voluntad que maña. Dice que quiere representar a los obreros de Vallecas y a los de Cornellá cuando no ha pegado un palo al agua en su vida, vinculada hasta el momento a los humores y favores del golpista Oriol Junqueras. Cabalgando contradicciones. Se declara independentista catalán, pero pide el voto de los españoles.

Aunque resulte increíble, parece ser que Rufián tiene opciones. Todos los partidos interpelados por la iniciativa del diputado republicano le han dado con la puerta en las narices, pero Rufián cuenta con el favor de ciertos medios y el impulso del sanchismo. Una plataforma liderada por Rufián obtendría probablemente los mismos o peores resultados que Yolanda Díaz e incluso que Podemos, pero en las redes y en las tertulias de los medios afectos al socialismo se depositan inauditas expectativas sobre un Rufián al que en El País llegaron a calificar de gran orador. Rufián, sí, el nuevo Castelar. La prueba de la desesperación no puede ser más clara. Y la del deterioro intelectual, más aún.

La publicidad de la maniobra ha desperezado a esa izquierda lamentable, las sumas, el signo de más, los comunes, lo que quede de IU y demás restos de serie, que han anunciado un cónclave para preparar el terreno electoral. Podemos, por su cuenta, no se plantea confluir mientras que bildutarras, cuperos y hasta la propia ERC de Rufián también han rechazado la propuesta frentista porque dicen que la política española les resulta ajena. Claro que eso no obsta para que sus votos tengan más peso en la gobernabilidad de España que los del PP y Vox gracias a Pedro Sánchez.

Rufián está desesperado por encontrar acomodo político después de haber perdido el favor de Junqueras, el único partidario que tenía en ERC junto a Joan Tardà. El recorrido de Rufián en la formación catalana ha llegado a su fin y a la operación política que plantea hay que añadir el factor personal, la voluntad de Rufián de atrincherarse en Madrid.

Así que por un lado está Rufián como "gran esperanza" de los que no tienen siglas y por el otro, una suerte de "yolandismo" con o sin Yolanda Díaz. Suenan más nombres. Ernest Urtasun, por ejemplo, no tiene reparo en que se mencione el suyo como relevo de la vicepresidenta segunda. Lo que parece evidente es que Sumar ha llegado al final del trayecto y que los restos del naufragio se lo disputan familias sin cabeza y aventureros de la política mientras Pablo Iglesias debe creer que la paulatina desaparición de Podemos de los parlamentos autonómicos es un indicio de que superará a Sumar (o como sea que se llame esa otra izquierda) en las próximas generales.

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