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Marco Rubio versus Kaja Kallas

La UE solo ve su patio de colegio. Y algunos de sus dirigentes se han hecho adictos al juego de enfrentarse a los de Trump.

La UE solo ve su patio de colegio. Y algunos de sus dirigentes se han hecho adictos al juego de enfrentarse a los de Trump.
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio. | EFE

Marco Rubio versus Kaja Kallas. La intervención del secretario de Estado norteamericano ha hecho que la Conferencia de Seguridad de Múnich haya saltado de nuevo a lo noticioso. Aunque lo más importante no fuera su alusión al origen español de los caballos, los ranchos, los rodeos y todo lo relacionado con el mundo del vaquero del Oeste americano, tuvo la virtud de provocar la burla de la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, quien así dejó en evidencia lo mucho que presume para lo poco que sabe. Allá su partido, que tanto la promociona. Pero a los del Viejo Continente nos interesan más otros aspectos y otros contrastes, como el que resulta de comparar la visión de Rubio frente a la de la Unión Europea, representada por la jefa de su política exterior, Kaja Kallas. Para ser más precisos, frente a la falta de visión de la UE.

Rubio habló del mundo real. Y de la realidad de Occidente. Dijo que las decisiones políticas de las décadas posteriores a la caída del Muro han tenido graves y nocivas consecuencias. Las políticas y fenómenos como la desindustrialización, el libre comercio entendido de forma dogmática, las nuevas políticas energéticas y las masivas oleadas migratorias han perjudicado a las sociedades occidentales y que hay que tomar un nuevo rumbo. Su propuesta de renovación la ancló en los valores y tradiciones de la civilización occidental, entre las que no dejó de mencionar el cristianismo. Dijo algo importante sobre seguridad, materia de la Conferencia: que la cuestión clave no era técnica, no era cuánto gastar en defensa o dónde, porque "la cuestión fundamental a la que tenemos que responder de entrada es qué es lo que estamos defendiendo exactamente". Buena pregunta. Y dejó suficientemente clara la intención del Gobierno del que es pieza relevante o, más bien, cuál no es la intención: "Nosotros, en América, no queremos ser los albaceas corteses y pulcros de la decadencia gestionada de Occidente". ¿Lo quiere ser la UE?

El secretario envolvió su diagnóstico en algodones, en palabras amistosas y fraternales hacia Europa, pero la primera reacción más o menos oficial de la UE fue contraria. La jefa de la diplomacia europea no entiende de diplomacia. Es de temer que tampoco de otras cosas. Presumió de que no hay decadencia ni corre peligro la civilización en Europa y de que la UE tiene una salud buenísima. La prueba, dijo, es que un porcentaje alto de canadienses quiere formar parte de ella, según un sondeo que vio cuando estuvo allí. Aleluya. El discurso de Kallas mostró cuáles son las preocupaciones de la UE: ninguna que vaya más allá de lo inmediato. Se puede discutir el diagnóstico de Rubio, pero ese diagnóstico procede de una visión global. La UE solo ve su patio de colegio. Y algunos de sus dirigentes se han hecho adictos al juego de enfrentarse a los de Trump. Como si pasar por héroes o heroínas del antitrumpismo sirviera para algo más que obtener aplausos en la prensa.

Se aplaude mucho que hagan la crítica de la política exterior de EE. UU. ahora que está Trump, no así con Obama y Biden, cuando todo eran agasajos. El gran riesgo que corren los europeos es verse como último baluarte de la defensa de la democracia en un mundo en el que creen que el Hegemón liberal se ha vuelto loco o autoritario. Claro que no ven el riesgo. Apuntar contra EE. UU. sirve para camuflar su propio déficit democrático.

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