
El gobierno de Sánchez sigue fuerte, muy fuerte, dispuesto a llegar hasta el final de la legislatura sin presupuestos económicos, sin moral y, sobre todo, sin dignidad, es decir, sin nación. El sanchismo ha hecho del desprecio de la nación española su principal clave. Este Ejecutivo, apoyado por los separatistas, ha hecho del asesinato de la nación, entendida moralmente, su principal acción política. El lugar donde la libertad se vuelve concreta, a saber, la nación, está a punto de desaparecer. La nación para el Gobierno socialista-comunista es sólo abstracción ideológica. Ha matado la nación como una herencia recibida y una tarea que se renueva. Defenderla no significa cerrarse al mundo, sino negarse a entregar el alma a un orden que niega la dignidad individual.
La Oposición, independientemente de valoraciones sobre su futuro, está débil, muy débil, sin capacidad política, sin recursos morales y sin iniciativas parlamentarias, y menos aún ciudadanas, para expulsar del poder a quien ha blindado todas las instituciones de Estado para que la "Justicia" no lo toque penalmente. Lo real está a la vista de todos. Esto tiene pocas salidas. No están descaminados quienes afirman que estamos, en términos políticos, como Venezuela. Apenas hay nada que no esté tocado por la corrupción y la irresponsabilidad organizada. El país se desangra a chorro por todas partes. Empezamos a ser los parias de Europa. España es un país tan pobre de espíritu que ni siquiera reconocemos el nihilismo reinante en los ámbitos del pensamiento, en los espacios imaginarios del arte, donde debería dominar la inteligencia creadora. La esperanza. El encallamiento es total. La anormalidad pasa por ser normal y cotidiana; el esperpento por ser un retrato bello de la realidad; y la mentira rampante es vendida por verdad solemne.
Y, en medio de tanta inmundicia política y cultural, casi todo es ruido, ruido y más ruido en los medios de comunicación. Tanto ruido sólo sirve para hacer como si esto, la España sanchista, fuera un país viable, cuando estamos, en verdad, sometidos al látigo del comunismo: la negación de la dignidad individual Terrible. La indecencia, el mal gusto y la crítica grosera a la administración de Trump son las notas dominantes para blanquear un país postrado en la indignidad. He aquí un ejemplo de este nihilismo atroz de la prensa española. Se trata de una "simple" pregunta: "¿Qué habría pasado si el comunismo soviético hubiera podido reformarse desde dentro?" Mientras haya periodistas en España que escriban ese tipo de frase en la prensa conservadora, Sánchez y los mentirosos que le apoyan (socialistas, comunistas, separatistas y todos los periodistas que de la mañana a la noche insultan a Trump, entre los que se cuenta quien escribió esa pregunta en el diario ABC) seguirán en el poder.
El comunismo ha sido un fracaso en todos los tiempos para el libre desarrollo de las personas. De los individuos libres. Sí, el comunismo en todas sus versiones, incluida la española, ha sido algo peor que un fracaso: una organización al servicio del crimen y el exterminio del hombre libre. De la dignidad humana. A la altura de nuestro tiempo, nadie se engañe con burdas mentiras, el comunismo está lejos de ser una idea. Es una abstracción miserable, una mentira, un engaño ideológico para seguir exterminando a millones de seres humanos. La pregunta es, como reconoce quien la formula, retórica, pero en absoluto esa expresión está vacía de sentido y significado. Al contrario, la retórica es de gran utilidad. Sirve de gran ayuda para decirnos que aún es posible el comunismo. Es, sin duda alguna, la formulación de esa pregunta una cuestión genuinamente retórica, pertenece al arte del bien decir, de embellecer la expresión de los conceptos, de dar al lenguaje escrito o hablado, como nos enseñara el gramático Martín Alonso, eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover… Plantearse esa pregunta hoy, después de los millones de asesinatos cometidos en nombre del comunismo, es algo peor que nihilismo.
