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La guerra del PSOE contra el PSOE

Unos apparatchik que se sulfuran por cualquier crítica o rechazo a Sánchez de un antiguo dirigente es que se ven en la cuerda floja.

Unos apparatchik que se sulfuran por cualquier crítica o rechazo a Sánchez de un antiguo dirigente es que se ven en la cuerda floja.
El expresidente del Gobierno Felipe González y el presidente del gobierno Pedro Sánchez, durante el acto institucional que conmemora la Constitución de 1978, este martes, en el Congreso de los Diputados. EFE/ Chema Moya POOL | EFE

Primero fueron los chicos, ahora llegan las chicas. Ah, que no se puede decir "chicas". Así que llamarle chica a una Rebeca Torró ha desencadenado un ataque femenino, camuflado de ataque feminista, contra Felipe González. La mujer contó que admiraba a Felipe cuando tenía diez años y merendaba bocatas de nocilla, pero que aquella niña de diez años hoy no lo tendría como referente. Él se refirió a Torró como una chica bien aprendida y mal enseñada. Machista y señoro es lo más sutil que le dijeron a González unas inquisidoras del PSOE que, sospecho, matarían para que las llamaran chicas de vez en cuando. Pero creo, sí, que el expresidente cometió un error y que debió llamar a Torró niña, en vez de chica, porque el sujeto de las frases de la secretaria de Organización no era la mujer de 44 tacos de ahora, sino la niña del bocata de nocilla de hace más de treinta. Aunque cómo se hubieran puesto las niñas si la hubiera llamado niña

No juguemos a las damas. Este es otro juego. González representa a los socialistas, veteranos o jóvenes, exdirigentes o afiliados, votantes antiguos o nuevos que no están de acuerdo con la línea del partido de Sánchez. Serán pocos, pero tienen entidad y son influyentes, porque si no, les harían el vacío, en lugar de disparar contra ellos. Y no pierden ocasión. Es que no les pasan una. Con lo cual demuestran, aparte de intolerancia, una debilidad excitable. Unos apparatchik que se sulfuran por cualquier crítica o rechazo a Sánchez de un antiguo dirigente es que se ven en la cuerda floja. Apparatchik y voluntarios que se unen al pelotón de fusilamiento, activados no por la lealtad al partido que invocan, sino por el gancho del poder. El poder por encima de todo y por encima de quienes fundaron el partido. Porque esta es la historia: sin González y unos cuantos más, el PSOE no existiría. El del exilio era un partido muerto y lo que hizo aquel grupo de jóvenes, con ayuda de la socialdemocracia alemana, porque había que ponerle freno al PCE, no fue continuarlo ni sacarlo de su larga noche de piedra. Fue empezar desde cero.

Un partido con cierta tradición no lincha a sus veteranos, a sus figuras emblemáticas, a sus fundadores. Y lo está haciendo un partido que siempre presume de sus años de historia, como si toda ella fuera luz, sin sombra alguna. Tratar con respeto a los predecesores no solo es menos inelegante que abroncarlos y despreciarlos. Es la manera en que un partido muestra que no hay ruptura, que se mantiene en su tradición política. Y este es precisamente el problema actual, que no hay continuidad. Lo que empezó en la época de Zapatero como un paso atrás, simbolizado en su voladura de la reconciliación, ha desembocado en un salto al vacío en la época de Sánchez. A un vacío de referentes y referencias. El PSOE de Sánchez es otro partido. Y este nuevo partido tiene que cargarse al partido que hubo antes y que fue exitoso. Tiene que borrar aquella historia, cancelarla y garabatear una nueva sobre una hoja en blanco. En ello están sin saberlo, porque saben poco, los matoncillos y matoncillos que embisten a González. Sin él no estarían donde están. Es quien les ha dado de comer y eso, claro, los llena más de ira.

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