
"Tenemos la mejor Sanidad pública del mundo"… "La Sanidad privada es de derechas y la derecha mata"… "Sólo la izquierda garantiza los servicios públicos"… "Todos los impuestos que pagas van a hospitales, colegios y vías de tren"… ¿Sigo, o por hoy ya nos han mentido bastante?
Se puede estar sinceramente en contra de la privatización, o semi-privatización, de la Sanidad pública, por razones ideológicas. Pero entonces que sean coherentes y que no hagan trampa. Que no la maten de hambre. ¿Quién se carga la Sanidad pública, quien la abre a la colaboración con la privada, o quien presume de no quererla abrir, pero la infrafinancia? Yo prefiero un modelo mixto que funcione, que uno público que no les llega ni para aspirinas, o donde queman a los médicos como a las brujas en la Edad Media.
Hay que ser muy Antonio Maestre para atreverse a decir que un sanitario que sale a la calle a protestar contra el brutal exceso de guardias mal pagadas en la pública no debería luego poder pluriemplearse en la privada. ¿Y de qué quieren que vivan entonces? ¿Aspira la ministra Mónica García a pasearse por la Sanidad pública como por una plantación de esclavos, látigo en mano?
Más juramento hipocrático y menos promesas hipócritas. En todo el mundo socialdemócrata, la Sanidad es el mayor agujero negro presupuestario. Porque no se reconoce su coste real. Porque ocultan sus feroces recortes aquellos que más chillan. ¿Han visto cómo la ha liado el gobierno catalán tratando de condicionar la financiación de los centros de atención primaria a que firmen menos bajas médicas y de menor duración? ¿Han visto también que ese mismo gobierno catalán ha recurrido la histórica sentencia judicial que le obliga a dar atención inmediata y urgente al primer enfermo de ELA que exige ante los tribunales que se cumpla la ley del mismo nombre? ¿Es esto progresismo?
Ojalá tuviéramos, como dicen, la mejor Sanidad pública del mundo. Pero no, no la tenemos. Y fingir que sí no va a arreglar el problema de quien no puede pagarse un seguro privado. Cataluña y Madrid fueron pioneras en su día de un modelo de cooperación público-privada que, con todas sus imperfecciones, ha resultado ser el menos malo de los sistemas con los recursos que tenemos. Hasta que la izquierda ha decidido fulminarlo, sea desde la Generalitat, malgobernando, sea desde la Moncloa, tirando a matar contra la Sanidad madrileña.
Si por lo menos fueran de buena fe. Si cuando se ponen enfermos ellos, les dieran a probar de su propia medicina. Pero es que nunca es así, saben. Todos los políticos que presumen de "ir a la pública", es porque saben que para ellos no habrá listas de espera ni boxes en el pasillo. En Cataluña criticaron mucho a Sílvia Orriols por preguntarle ácidamente a Salvador Illa si él también tuvo que hacer cola para que le trataran de su reciente afección. Muchos consideraron el comentario de mal gusto. Lamento decir que eso no le quitaba ni un miligramo de razón. Precisamente la rara infección ósea que aquejó a Illa es la típica que, si no te la cogen a tiempo, si te dejan horas o días sin atenderte, se puede complicar de manera muy fea. Muy desagradable. No es justo imponer al ciudadano de a pie riesgos sanitarios que sabes perfectamente que tú no correrás nunca.
Me dicen los expertos que, si seguimos ideologizando la Sanidad en lugar de consensuar la manera de optimizarla, puede suceder que nos quedemos sin atajos. Que la sobrecarga que ya abruma a la pública acabe desbordando también a la privada. Y que entonces ya no haya salvación para nadie. Ni pagando.
