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José García Domínguez

Antifascismo, birras y el burka de los ángeles

Vamos hacia un cataclismo laboral de unas dimensiones tan apocalípticas que ni siquiera somos capaces de imaginarlas.

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, la periodista Sarah Santaolalla y el diputado de Más Madrid en la Asamblea, Emilio Delgado. | Europa Press

El difunto Julio Anguita, político que jamás en su vida dispuso de algo que se pareciera ni siquiera de lejos a un programa, pasó a la memoria histórica de la izquierda por aquello suyo tan célebre, ya saben: "Programa, programa, programa". En Madrid, que es una ciudad donde se dispone de mucho tiempo libre, se reunieron el otro día unos antifascistas con Rufián para tomar unas birras y debatir sobre la perentoria necesidad de que los mismos de siempre vuelvan a ir juntos a las elecciones bajo la misma premisa filosófica de siempre, a saber: que el orden de los factores no altera el producto. O sea, quítate Yolanda que ya me pongo yo.

Pero cuando, entre birra y birra, a alguno del público se le ocurrió preguntar por lo del programa, le vinieron a responder desde la tribuna de oradores que, bueno, esas cosas mejor para otro momento. Y es que al siempre echado para adelante Gabriel le pasa lo mismo que al tan mitificado Anguita en su época: también dispone de todo, menos de un programa. Aquí, andamos todos muy entretenidos con los therians y el burka, esas dos cuestiones palpitantes para la sociedad española, de ahí que ni en la izquierda ni en la derecha se hable de lo que va a ocurrir antes de 24 meses en el tejido empresarial de Estados Unidos y Europa, cuando la adopción masiva de la IA convierta en desechables a la mitad de los empleos que implican trabajar frente a un ordenador personal.

Porque estamos en vísperas de que se produzca ante nuestros ojos la mayor transformación revolucionaria que nunca haya experimentado el orden económico capitalista a lo largo de toda su historia. Vamos hacia un cataclismo laboral de unas dimensiones tan apocalípticas que ni siquiera somos capaces de imaginarlas. La Revolución Industrial de finales del XVIII nos va a parecer una broma de niños al lado de lo que viene. Y la izquierda auténtica, la radical y transformadora, charlando alegremente en la sala Galileo de Madrid sobre el burka de los ángeles.

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