
Cuando creemos que nada puede empeorar después de visto lo visto, se destapa otra cloaca y otra y otra, cada vez más fétida, más asquerosa, más amoral. La penúltima que hemos conocido ha sido la del ya famoso DAO de la Policía Nacional, Despreciable Agresor Obsceno, y todos aquellos que son muchos y muchas, que le han tapado, escondido, ocultado y protegido. Este es el gobierno de España que más disturbados sexuales tiene por metro cuadrado de organigrama.
¿Qué se puede esperar de alguien que prosperó políticamente a la sombra de unas saunas gay y no gay, en las que se grababan a amigos y a enemigos políticos para pasar la información a las fuerzas de seguridad del Estado y quién sabe a quiénes más y con qué fines? ¿Qué nos puede sorprender cuando la hoy segunda dama de España era la hija contable del propietario y gestor de los puticlubs? ¿Qué después de conocer el tráfico sexual con menores en los locales de su padre (y suegro)?
Han pasado tantas cosas ya desde que llegó a la secretaría general del PSOE que uno no sabe si relacionarlas y ordenarlas para aportar una visión de conjunto que tal vez permita tomar conciencia de la gravedad de lo que estamos viviendo. ¿Saben que pasa? Que tenemos que dotarnos de un vademécum para tratar de que no se nos olviden las fechorías que ha perpetrado esta gentuza.
¿O es que debemos llamar de otro modo a alguien como Juan Bernardo Fuentes Curbelo (apodado "Tito Berni") y su papel, con todo un general pervertido a cuestas, en una trama de extorsión a empresarios canarios a cambio de favores políticos? ¿A que ya no se acuerdan de que hubo fotos y audios de fiestas con prostitutas, consumo de cocaína y banquetes en plena pandemia? Gentuza es gente despreciable. Pues eso.
Si es que no hay más remedio que recordar lo de quien fue Secretario de Organización del PSOE y ministro de Transportes del gobierno de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos que, tras trinque de comisiones entre mascarilla y mascarilla mientras miles de españoles se morían de la Covid, oscurecida por un Comité de Expertos que nunca existió, yacía con Jéssica, con Claudia, con Anaís, con Nicoleta, con Andrea y vaya usted a saber con quiénes más (caso Parador de Teruel), siempre, presuntamente, claro, con nuestro dinero.
Se dirá que son excepciones. ¿Excepciones o consecuencia de la malformación moral de un partido y de una izquierda – ahí está el caso de Errejón, lo de azotarla hasta que sangrase, de Monedero, lo de la Ley del Si es Sí, quizá lo peor de todo, lo de "Marlaska, maricón" y la estrategia de la "información vaginal" de la ex ministra Dolores Delgado con Baltasar Garzón a su lado y el ex comisario Villarejo de testigos (y fue, Dios Santo, ella, Fiscal General el Estado, la primera de una lista infame).
Cierto es que ya antes de sanchismo como degeneración consecuente del zapaterismo, ya había gérmenes. Ni acordarme quiero de las fotos de Luis Roldán, director general de la Guardia Civil en coca y calzoncillos (y no era por sacrificio). Tampoco del "Chofer de la Coca" Juan Francisco Trujillo, que testificó que su director general, preclaro militante socialista, y él mismo dilapidaban hasta 25.000 euros al mes de dinero público en cocaína y clubes de alterne.
Tampoco podemos olvidar el caso de las tarjetas Black en el Don Angelo de Sevilla. El PP andaluz se acordará porque empezó su campaña en su fachada. Pero no olvidemos otros tugurios: Top Show, La Casita, Sala Badia, Club El Arpa. Todos ellos locales nocturnos identificados en el extracto de las tarjetas bancarias de la FAFFE, una entidad para favorecer el empleo en la región más desempleada de España.
El exdirector de la FAFFE[1], Fernando Villén, fue condenado por gastar 32.566 euros en prostíbulos con tarjetas de la Junta de Andalucía. El caso más famoso fue el del club Don Angelo, donde gastó casi 15.000 euros en una sola noche para celebrar un cambio de Gobierno. Y de enchufismo, cienes y cienes, hasta de la esposa de Juan Espada (Word Perfect dixit) ya ni nos acordamos.
¿Cómo nos vamos a olvidar de otros casos recientes como el del famoso y repulsivo Paco Salazar, mano derecha de Sánchez en el gabinete de la presidencia del Gobierno, que antes fue diputado nacional y alcalde, finalmente denunciado por militantes socialistas por acoso sexual a varias de ellas de forma grosera y fangosa? ¿Nos olvidaremos de Antonio Navarro exsecretario local del PSOE de Torremolinos? ¿Y de Toni González, suspendido de su cargo de Alcalde en Almussafes, por acusaciones de acoso sexual a empleadas?
Ya sé que me dejo en el tintero otros casos, demasiados. Pero se observa a simple vista que desde que preside el gobierno el señor Sánchez y desde que ordena y manda en el Partido Socialista la gentuza ha subido de nivel y de influencia. Ahora asciende a direcciones generales, gabinetes del Gobierno y Ministerios. Parece que se ha dispuesto un mecanismo que permite a gentuza sin escrúpulos escalar a la cima de un país como España.
Sí, esta gentuza sabe del olvido que los ciudadanos ejercitan para no vomitar y seguir viviendo, enseñar a los hijos que la vida merece la pena y que ser español es un gran honor en la historia del mundo. Por eso, nutren hora tras hora la atención de todos con defensas del "feminismo", qué arte, o del "progresismo", qué cojones.
Por ello, es preciso que elaboremos entre todos un vademécum, un recordatorio de bolsillo por si alguien, por ejemplo la calcinada y perversa María Jesús Montero, que enriquece a los socialistas y separatistas catalanes a costa de las demás regiones, Andalucía entre ellas, cuando intenta "cabalgar" sus traiciones, que no contradicciones, con la nueva fábula, la de las imaginarias lenguas andaluzas. Jajaja.
Esta semana me han mandado por guásap un resumen de fechorías, no sólo las sexuales, que empieza así:
"2018
- Dimisión Máxim Huerta (ministro Cultura) por fraude fiscal previo.
- Dimisión Carmen Montón (ministra Sanidad) por plagio en máster."
Y sigue y sigue interminable, casi eterno, hasta el DAO en 2026. Hay que completarlo. Es un deber nacional para con los desmemoriados. Y recitarlo hasta la extenuación. Sobre todo, ante las urnas, cuando toquen.
