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EDITORIAL

Sánchez, un hombre enfermo en todos los sentidos

Él sí que es un pseudopresidente, una caricatura de gobernante, un chiste de mandatario, una vergüenza de personaje con un oscuro pasado, un tenebroso presente y un negro futuro.

La torpe y patética reacción de Pedro Sánchez frente a la exclusiva de Libertad Digital sobre su salud cardiovascular es una confirmación en toda regla de la información publicada por este medio con un completo despliegue de detalles sobre las visitas clandestinas del líder socialista al Hospital Ramón y Cajal y el personal que le atiende. Cinco días ha tardado en reaccionar el inquilino de la Moncloa, cinco días en los que los medios apesebrados que ahora difunden el vídeo del presidente han guardado un estruendoso silencio a las órdenes del Gobierno, cinco días de vergüenza ajena que han concluido con la difusión de un lamentable vídeo en el que Sánchez aprovecha para atacar a Libertad Digital con una saña digna de mejor causa. No se podía esperar otra cosa de un mentiroso contumaz y de un entorno mediático que se arrastra ante su amo y que es incapaz de distinguir una noticia de un infundio.

El presidente del Gobierno tiene todas las herramientas a su alcance para exigir una rectificación legal y acudir a los tribunales, pero en ese caso deberían comparecer en el juzgado los servicios médicos que le atienden, circunstancia que el presidente no se puede permitir. Antes de publicar que Pedro Sánchez está siendo tratado de una dolencia cardiovascular, este medio se puso en contacto con la Secretaría de Estado de Comunicación de Moncloa, que se abstuvo de desmentir la noticia tal vez en la creencia de que el asunto no alcanzaría las dimensiones que ha cobrado y que su control de la mayoría de los medios le permitiría ocultar la verdad.

Elevado el asunto al Congreso de los Diputados por la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo, la airada reacción del ministro Félix Bolaños vino a ratificar que todo lo explicado por Libertad Digital era cierto. En caso contrario, habría sido muy fácil para Moncloa desmentir la información, pero en lugar de eso se optó por una campaña de insultos, difamaciones y menosprecios. Tachar de "pseudomedio" a Libertad Digital es a lo más que han llegado los cientos de "cerebros" que asesoran a un presidente que no es más que un títere de Marruecos, los proetarras y los golpistas catalanes. Él sí que es un pseudopresidente, una caricatura de gobernante, un chiste de mandatario, una vergüenza de personaje con un oscuro pasado, un tenebroso presente y un negro futuro. Pero tiene razón en una cosa. No pasa nada por padecer una cardiopatía. Hay enfermedades mucho peores vinculadas a comportamientos de los que el presidente hace gala sin disimulo alguno, a la vista de todos, como mentir, engañar, falsear, amenazar y elevar muros contra más de la mitad de los ciudadanos españoles. Pero eso, más que con el corazón, tiene que ver con la salud mental.

La salud de un presidente del Gobierno no es un asunto privado, sino una cuestión de interés público en cualquier país mínimamente democrático dadas las responsabilidades ejecutivas que conlleva el cargo y las consecuencias que para los ciudadanos se pueden derivar de cualquier tipo de enfermedad que sufra quien rige los destinos de un país. Tratar de amedrentar a los informadores y a los medios también es una patología del carácter, un síntoma palmario de la incapacidad del gobernante, de su pavorosa irresponsabilidad, de su nula empatía, de su bochornosa ceguera.

La tardía reacción confirma además el descontrol en Moncloa, la ausencia de un liderazgo estable, firme y consistente. Sánchez es un guiñapo con el que juegan sin cortarse un pelo los separatistas vascos y catalanes, del que se ríen en el Congreso, al que chantajean sin recato. Estamos ante un hombre desbordado, desgastado, hundido y vacilante, que reacciona tarde y mal, que después de tantas mentiras ha perdido todo el crédito, acorralado por los casos de corrupción en su entorno personal y en su círculo político y que ha hecho de resistir en la guarida su única política.

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