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Primero de Mayo de adhesión al sanchismo

Los dirigentes sindicales ignoran lo que ocurre en los centros de trabajo e ignoran lo que es el trabajo. No lo han experimentado nunca.

Si UGT y CCOO no fueran meras extensiones del Gobierno de coalición socialcomunista, el Día de los Trabajadores sería un clamor reivindicativo en contra de la precariedad, de la temporalidad, de la manipulación estadística del Ejecutivo, de la propaganda oficial y de la maraña de disposiciones que lejos de contribuir a la creación de empleo provocan más paro y más inestabilidad. Pero los mencionados sindicatos son lo que son. Sus dirigentes, funcionarios de las "protestas" a favor del Gobierno, muestran las pancartas reglamentarias y se entregan a los discursos previsibles. Nada que ver con la realidad sociolaboral de España. Mucho "no a la guerra", mucha consigna contra Isabel Díaz Ayuso y mucho vacío.

Estamos ante unas organizaciones con cada vez menos afiliados, una capacidad de movilización declinante y una influencia cada vez más relativa y que no guarda relación alguna con el protagonismo institucional que les reserva el Gobierno, de quien son meros instrumentos para controlar las calles y silenciar el malestar. Están absolutamente desconectados de los trabajadores. No saben nada de los jóvenes, de los autónomos, de los empleados en los sectores precarizados, de los parados de larga duración de más de cincuenta años y de quienes han perdido ya toda esperanza de encontrar un empleo mientras el Ejecutivo presume de un salario mínimo oficial que destruye puestos de trabajo. Los dirigentes sindicales ignoran lo que ocurre en los centros de trabajo e ignoran lo que es el trabajo. No lo han experimentado nunca.

Las consignas se les han quedado obsoletas. No pueden disimular que sus convocatorias son muestras de adhesión y apoyo a ese sanchismo corrupto que desborda las fosas sépticas de los tribunales, que coloca a sus queridas en empresas públicas que prescinden de trabajadores cualificados para hacer hueco a "sobrinas" que ni siquiera están obligadas a fichar y a aparentar que trabajan. El desprecio del Gobierno por los trabajadores reales es tan descarnado que hasta monopolizan su día para ensalzar a Pedro Sánchez y sus desvaríos mientras callan frente a la corrupción en el entorno del presidente y la incompetencia de personajes como la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, la nefasta Yolanda Díaz.

Así que este Primero de Mayo no ha sido diferente a los celebrados en los últimos años. La misma retórica y un optimismo oficial desmentido por la realidad. Las manifestaciones se han saldado con una participación ridícula y con una politización a favor del Gobierno que no por previsible es menos ofensiva. Se trataba de apoyar al Gobierno y a María Jesús Montero, la candidata de Sánchez en Andalucía. El acto central en España se ha llevado a cabo en Málaga para tratar de reflotar la campaña socialista. Un gesto abocado a la melancolía y que ha mostrado de forma casi obscena la dependencia de los sindicatos respecto a un Gobierno que está completamente desconectado de los trabajadores y que opera en su contra.

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