
Seguimos pendientes de que el coche robado con el que se perpetró un secuestro que acabó en asesinato no tenía en regla la ITV. Y así pasan las horas que se convierten en los días que hacen semanas…
Hay ciertas noticias, como este juicio en el Tribunal Supremo sobre el "caso mascarillas", que llegan al consumidor al tiempo que surgen. Al cabo del día nos rodean cientos de titulares con otros tantos detalles que adornan una historia final que insisten en negarnos. Se acumulan los delitos instrumentales y colaterales, pero no abordamos El Delito, que es lo que importa. Y del tráfico indecente de mascarillas promovido por un Gobierno cuando en España morían mil personas al día, ni rastro.
Ya ha quedado meridianamente claro que el régimen fundado en una sauna de fornicio por el suegro de nuestro presidente nunca se ha desviado del camino, de hecho, ha aumentado la clientela abriendo nuevos tugurios y disparando con la pólvora del rey, que es la nuestra. Sin embargo, cada nueva pincelada, el regalito a una puta, la factura de un amaño con coca, una fiesta a cuatro patas o lo que se tercie sin que se respire miseria, apenas añade algo de color a un cuadro que hace tiempo que ya no esconde incógnitas: es el retrato de cámara de la corrupción de todo un partido y un Gobierno, indiscutiblemente encabezado por el presidente y su esposa.
El lujo de detalles está muy bien para consolidar la historia y conocer al ganado, pero en exceso pueden ocultar la gran verdad, que no es otra que la corrupción estructural que cerca a Pedro Sánchez y que puede suponer financiación ilegal, malversación de fondos públicos, alteración del precio de las cosas, enriquecimiento ilícito, prevaricación, cohecho, fraude, tráfico de influencias y todas las figuras penales imaginables compatibles con algo tan sencillo y antiguo como el robo a manos llenas.
Con tal mancha, en urnas mugrientas, llegó a secretario general de su partido y desde entonces no hay episodio que no transcurra gracias a ella, la corrupción. En realidad, fue el propio presidente el que dio exactamente con la figura que define su forma de gobernarnos: la máquina del fango.
Del Uno al cuatro
Si Víctor de Aldama numera a la banda el orden es Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Koldo García y el propio Aldama que, aunque se coloque el último, no se excluye de la cúpula mafiosa, lo que aporta un plus de autenticidad a sus declaraciones. El orden y los factores serán otros si lo ofrecen Koldo o Ábalos y, ya si es Sánchez la culpa entera del Mal universal recaerá en el Partido Popular, el del paseo en barca de Feijóo con el diablo cojuelo.
Koldo fue el último aizkolari socialista, el ‘puertas’ de un puticlub, luego guardaespaldas temible, conseguidor de lo que haga falta, recaudador de sobres con esas "chistorras" que ya existen oficialmente, vigilante a pie de pista en Barajas… Y ahora va de asceta y hasta de hombre sencillo y asustadizo que se puede quebrar si las preguntas son muy directas. Eso sí, siempre leal a su señor, el gran Ábalos, cuyas feromonas parece que licuaban al prójimo por simple proximidad. José Luis Ábalos, el portador de la sentencia de muerte contra Mariano Rajoy redactada ilegalmente por el juez De Prada. Ábalos, el ponente del sanchismo redentor. José Luis, ese hombre. Todo en el PSOE y todo en el Gobierno. El tío de tantas sobrinas, el rey de las pastillas azules. Plenipotenciario en prisión que seguirá midiendo sus pasos hasta el final, como si esperara un último duelo. No hay prisa.
Pero a estos dos pájaros ya los conocíamos de sobra. Amedo y Domínguez estaban en los GAL pero no eran los GAL. ¡Cuántos hombres-dique, culpables pero peones, hemos conocido en la historia corrupta de España! Caen por sus vicios, se dejan ver, pierden la cautela, borrachos de inmunidad, y luego presumen de colocar a sus putas en empresas públicas, que hay que ayudar. Con nuestro dinerito, tienen su corazoncito.
Si nos obligan a bajar de escalón saldrán más historias de sobrinas, más ministros, más hombres y mujeres de partido. Ángel Víctor Torres, Santos Cerdán… y cargos públicos de confianza privada en todas partes, en la SEPI, en Adif y hasta en las pistas de esquí pirenaicas. Pero hay dos nombres que no se nos pueden escapar nunca: Pedro y Begoña. Quizá no asomen del todo en esta causa o, si lo hacen, no sirva para inculparles porque no tenga relación con el caso mascarillas. Pero la aguja siempre busca su norte.
En el colmo de la chulería, el Gobierno quería pasear a la narco intervenida Delcy Rodríguez por España como venganza por la exitosa Gira de la Libertad de María Corina Machado y como demostración de quién manda aquí. ¿Les pillaron en la operación oscura de Barajas con Ábalos y Koldo y el carro de las maletas? Pues se planifica aterrizaje a plena luz del día y que firme la invitación (al cargo, no al nombre), como es preceptivo e inevitable, el Rey de España. No tienen límite, ni la cárcel frena tanto mal. Es de esperar que no lo consigan y podamos celebrar un sonoro fracaso de la banda.
El PSOE es el partido del vicio costeado con impuestos, pero esa no es la causa que se persigue ni nos puede confundir. Para Sodoma y Gomorra, "fuego y azufre" de Jehová, como dice el Génesis. Para este partido corrupto y corruptor, Justicia con jueces y fiscales, sin tácticas, sin remilgos, sin apellidos. Justicia. La misma Justicia, y a la vez, que para el presidente del Gobierno y su esposa. Si no sucede, España no es ni volverá a ser una democracia.