
Todo parece indicar que el mayor incendio de la historia de España tuvo su origen en una imprudente chapuza. No fue intencionado, pero sí culposo.
Nada tiene que ver el presunto cambio climático con una máquina pesada que pica piedra para abrir caminos y que no se puede ni se debe usar en verano, pero que se usó. Una simple chispa —aquel que se haya topado con un canto al usar una simple azada de mano bien sabrá cómo saltan— lo empieza todo sin pedir permiso ni conocer el final.
Si a la imprudencia le sumamos el abandono burocrático del campo con excusa ecologista, la chispa enciende una desgracia que, esta vez y milagrosamente, no se ha cobrado vidas humanas, pero que ya lo ha hecho en el pasado.
Un incendio es un incendio y hay que apagarlo. ¿Tenemos los medios adecuados? Con cambio climático o sin él, la respuesta es no. ¿Es mejor prevenirlo? Sí, pero con cambio climático o sin él, no se permite o sale carísimo en tiempo y dinero. ¿Entonces en qué consisten las políticas y hasta la propuesta de un pacto nacional sobre lo que ahora llaman "emergencia climática"? En patear un problema hacia delante para quitárselo de encima por pura pereza, incompetencia y por una escandalosa sobredosis de corrupción.
¿Les duele que ardan enormes extensiones de terreno? Les importa mucho más imponer un nuevo orden político, intervencionista, controlador y dotado de infinito presupuesto mundial con infinitos pero reservados márgenes. ¿Renovables? Sí, cada año sin falta. Ya no hay lucha de clases, con los millones a la izquierda. Esta Komintern es energética, la hoz y el molino.
Iskra, 'chispa' en ruso, fue el título de una publicación que nació en 1900 con el primer marxismo ruso, luego leninismo. Lo fundó Lenin con Gueorgui Plejánov, del que se confesó "enamorado" y después desengañado, como cuenta con detalle Federico Jiménez Losantos en Memoria del Comunismo.
El título tenía todo lo que necesita una revolución como la bolchevique. El lema, lo aclaraba por si quedaran dudas:"De una chispa prenderá el fuego" … Y varios millones de muertos. Más de cien, si consideramos que esa chispa fue la del comunismo. Algo tan pequeño y aparentemente insignificante como una chispa.
Pedro Sánchez prefiere construir una gigantesca responsabilidad dolosa del ser humano en el aumento de las temperaturas que, de natural, varían, en vez de afrontar con objetivos claros, técnicos y científicos la prevención y después la extinción de los incendios. Actuar ante un problema no es revolucionario. Hay que crearlo.
El cambio climático —ahora "emergencia", antes "calentamiento global" y al principio "agujero de ozono" — es una especie de hipócrita enmienda al capitalismo, única forma conocida de favorecer la libertad individual que, naturalmente, tiene defectos en su aplicación y, sobre todo, en sus abusos. Este climatismo histérico no es un invento español, pero se ha convertido en uno de los ejes de nuestro Gobierno para no hacer nada bueno y sacarle todo el partido.
Pedro, P.S., es la chispa, la iskra, de muchas otras desgracias. No hay mayor chispa, en su acepción revolucionaria, que un golpe de Estado. Con Pedro Sánchez estamos asistiendo a uno continuado desde 2017, asistido por omisión por un Mariano Rajoy, dormido ya entonces en la deriva que empezó con la última mayoría absoluta nacional.
La banda terrorista ETA, los golpistas catalanes y un comunismo que ya se había olvidado por radical, despertaron gracias al chispazo de Sánchez, que los llamó para cubrir su debilidad, su evidente falta de apoyo popular. A cambio les borraron sus culpas porque eliminaron sus delitos, salieron de la cárcel antes de tiempo y empezaron a cobrar de nosotros, que es peor que robarnos… Tan desolador como un paisaje quemado, una propiedad perdida, un esfuerzo vano.
Si entendemos 'chispa' como origen de algo, Pedro Iskra es pionero de lo peor, el fundador de cada nuevo escenario corrupto. La primera vez que la esposa de un presidente es imputada, luego procesada; la primera vez que el hermano de un presidente es imputado, luego procesado y finalmente condenado; lo mismo que sucedió con un Fiscal general del Estado…
Hay más, mucho más: las primeras primarias con fraudulentas urnas preñadas, con votos fantasma documentados. La primera moción de censura que prospera pese al engaño de una sentencia amañada. El primer gobierno en coalición pese a que jamás iba a suceder y menos con comunistas. La primera retirada a La Moncloa para reflexionar sobre su continuidad y montar una cloaca con presupuesto. La primera vez que un expresidente del Gobierno sufre un registro domiciliario y es imputado por corrupción transatlántica y una retahíla escalofriante de presuntos delitos. Y el Sahara, y la Palestina de Hamás…
Nunca antes de La Chispa habían sucedido las cosas que de pronto sucedieron en el sanchismo, bolchevismo renovable del siglo XXI. Lo triste es que el panorama nos permite sospechar que tras el incendiado verano habrá más y peores sorpresas.
La clave es no solucionar los problemas sino inventarse sus causas, siempre ajenas, y luego crear problemas nuevos para aplicarles las soluciones doctrinarias que blindan el poder y lo alejan de la democracia. Nada nuevo y, pese a todo, ¿caeremos? Entramos en año electoral.
