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Los papeles del 23-F que eran del 27-O y el Partido Campechano Tarumba

La llamada "desclasificación de los papeles del 23F", que ni ha sido completa ni son del 23 de febrero de 1981, sino del 27 de octubre de 1982, año y medio después, comentando el 23F.

La llamada "desclasificación de los papeles del 23F", que ni ha sido completa ni son del 23 de febrero de 1981, sino del 27 de octubre de 1982, año y medio después, comentando el 23F.
Cordon Press

Cuando Quevedo escribió su Genealogía de los modorros no podía saber que adivinaba el periodismo español del siglo XXI. Las tres familias de esta especie son los necios, los majaderos y los modorros, propiamente hablando. A los necios hay que estudiarlos para ver lo que dan de sí; a los majaderos, menos, porque pronto se delatan; y a los modorros, basta verlos. Ejemplo actualísimo de modorro, sería David Uclés, "El tonto´la boina".

La modorrez del periodismo español, con rarísimas excepciones, se ha visto en la forma de leer y valorar la llamada "desclasificación de los papeles del 23F", que ni ha sido completa ni son del 23 de febrero de 1981, sino del 27 de octubre de 1982, año y medio después, comentando el 23F. Se ha atribuido literalmente a "los golpistas del 23F" una frase de uno de los hermanos Crespo Cuspinera, sobre cómo dar un golpe el 27O de 1982, que no fallara como el de Tejero, Milans y Armada, un año antes, y que el error fue "dejar al Borbón libre", no "atarlo y controlarlo", que debería ser "objetivo a batir -sic- y eliminar". "Batir" sería "abatir"; y "eliminar", "asesinar".

Un disparate, hijo de la vagancia, con necias consecuencias

Necedad por encima de la majadería, de ahí la modorrez, es que los supuestos documentos del 23F sean de año y medio después, y de alguien que no participó en la fallida intentona. ¿No repararon en la fecha? No. ¿No cayeron en la cuenta de que no podían ser del 23F documentos posteriores? No. ¿Siguieron comentándolos como si revelaran algo del golpe? Sí. ¿Y qué novedosa conclusión extrajeron? Que el entonces Rey paró el golpe. ¿No se sabía ya, no había pruebas del asalto al Congreso, no salió el Rey en televisión para devolver a los cuarteles de Valencia los tanques de Milans, no se negó a recibir en la Zarzuela a Armada, con el plan de un gobierno de unidad nacional con él de presidente y Felipe González de vicepresidente? Sí, sí, sí y sí. ¿Y se había publicado todo eso antes? Absolutamente todo.

Vayamos a las consecuencias. ¿Se ha presentado esta catarata de despropósitos como prueba de que Juan Carlos I debía volver a instalarse en España, en loor de multitud, porque se confirmaba su papel en el 23F? Así ha sido. Y así lo ha entendido el jefe de la Oposición, Alberto Núñez Feijóo, pidiendo la vuelta del rey emérito a España, después de la supuesta desclasificación de los "papeles del 23F", que, como hemos visto, ni son todos ni son del 23F, sobre todo los elegidos como prueba exculpatoria.

El Partido Campechano y la Derecha Tarumba

La intervención de Feijóo este miércoles, cuando el lunes anterior había calificado de "cortina de humo" del Gobierno la desclasificación dichosa, hizo que muchos plantearan preguntas muy incómodas al líder del PP, como su aparente ignorancia sobre el 23F, el golpe y el papel del Rey, su posible credulidad sobre la tesis, solvente, pero, a mi juicio, parcialmente exagerada de Jesús Palacios y el gran Stanley Payne, sobre el conocimiento del golpe por Juan Carlos I, o si seguía el guion del que cabría llamar "PP histórico", el de Aguirre y Aznar.

El expresidente había aparecido sólo unos días antes en una foto, visitando a su histórico enemigo en Abu Dabi, y Esperanza Aguirre lleva años insistiendo en la vuelta del Emérito con piadosos argumentos de humanidad y respeto a los servicios prestados a la nación. Al parecer, ninguno de ellos ve que Campechano es el que ha creado y alimentado la fábula, publicada en su exitoso y mendaz libro Reconciliación (250.000 ejemplares vendidos) de que era su cruel hijo el que le impedía volver a su patria, oh, la patria, a donde viaja muy a menudo sin pedir permiso a nadie. No lo necesita, porque se fue cuando le convino, a él y a la Corona, y desde entonces no ha dejado de enredar, contra el Rey, para borrar las razones de su abdicación y oponer su supuesto valor, vulgo "cohone´" a la supuesta cobardía de Felipe VI ante Sánchez. Que sea ahora el rey, no le importa. Piensa, como los reyes rencorosos de las tragedias de Shakespeare, que, mientras viva, el único rey legítimo es él, y que haber tenido que abdicar es una injusticia universal que el hijo, el gobierno y el pueblo deben reparar.

Ayudamemoria: Campechano fue cómplice de Zapatero desde el 11M

Miquel Giménez ha publicado en Vózpópuli un tempestuoso artículo que tiene el mérito de resumir el argumentario o programa máximo del que cabría llamar Partido Campechano, y al que añadiría el adjetivo Tarumba. Excúsese la larga cita, pero hay que evitar que como en los papeles del 23F, la gente pretenda curar los males presentes en el cuerpo difunto del pasado:

"Sánchez tuvo muy claro desde el minuto cero que con Don Juan Carlos siendo Rey de España y Jefe del Estado más de cuatro cosas no habrían sucedido. Que Don Juan Carlos era un estorbo para sus planes totalitarios y que el monarca habría sido un enemigo formidable a la hora de intentar romper la Transición. Se subió el volumen de los altavoces rojiprogres y todos estos que después van a refrescarse al lavabo, alaban a una que se lo monta muy bien o van agrediendo sexualmente a sus subordinadas, ponían caras de indignación con el asunto Corinna Larsen. Hace falta tener una visión tartufesca de la política y de la vida para escandalizarse cuando eres el primero que debería callar. Se acusó de defraudador, de comisionista, de pesetero, en fin, pintaban a un monarca sin escrúpulos y nombrado por Franco, nada menos. Y Don Juan Carlos, que es un patriota como una catedral, entendió. Creyó que con su hijo las cosas le irían mejor a la Corona porque pensaba, cosa que le honra, que los reyes pasan, pero la Institución sigue. Sabía que tenía el enemigo en casa, que la izquierda no le iba a pasar ni media y que mientras la mayoría de los españoles lo queremos y reconocemos su enorme papel en la Transición, tenía que marchare al exilio. Porque exilio es, y no otra cosa, lo que sufre. Y como Sánchez está con lo del 23-F con tal de que no se hable de la corrupción que le rodea por todas partes, a Don Juan Carlos lo han vuelto a poner en boca de ese pelotón de los torpes estupendamente remunerados".

Sucede que Juan Carlos I abdicó el 19 de junio de 2014 y que Pedro Sánchez fue proclamado secretario general del PSOE el 18 de junio de 2017, tres años después. Y sólo tras presentar la moción de censura contra Rajoy el 25 de mayo de 2018 y ganar la votación en el Congreso, con 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención, Felipe VI firmó en el BOE la creación de su primer gobierno, el 1 de junio, como manda la Constitución. O sea, que Juan Carlos I abdicó cuando Sánchez todavía no era secretario general del PSOE, pero éste ya sabía que su gran enemigo podía haber sido el que ya no era Rey, y quizás rendidos al fatal encuentro de Sánchez con la Historia, pactaron los términos de su abdicación, como mejor convenía al que iba a ser presidente cuatro años después; y cuyo proyecto totalitario habría encontrado un obstáculo insalvable en el rey viejo, no en el nuevo. La bruja Lola era una racionalista acérrima al lado del visionario Sánchez.

El túnel del tiempo de Miquel Giménez funciona hacia atrás, pero ni sabe ni acierta. ¿Qué hizo el entonces Rey ante el proyecto de cargarse la Transición, que fue obra de Zapatero? Firmó sin la menor protesta la Ley de Memoria Histórica, y apoyó el pacto de ZP con la ETA y el separatismo catalán. Basten dos frases: "Hablando se entiende la gente" y "si sale, sale". Fue entonces cuando yo pedí, y fui el único, su abdicación. Pero creo que mi razonamiento era sólido: esa traición a su propio papel histórico sólo podía deberse a que estaba bajo el chantaje de sus líos de dinero y de sexo, y puesto que sus continuos escándalos le impedían cumplir su papel como mandan la Constitución y el decoro nacional debía dar paso a su hijo, que no tenía problemas similares y estaba, como se decía entonces y se probó después, "suficientemente preparado" para asumir la Corona.

Lo que hizo Juan Carlos no fue abdicar, sino maniobrar a plena luz del día, con Prisa, el PP de Gallardón y el ABC de J. A. Zarzalejos, hasta echarme de la COPE. En El linchamiento lo cuento muy detalladamente. Pero lo importante no es lo que hizo contra mí, sino contra la Corona. No hubo una sola decisión, por impopular que fuese, de Zapatero, que no contase con el respaldo, tácito o expreso, del Rey. Mientras desde la COPE, la AVT, y el PP organizábamos gigantescas manifestaciones contra el pacto del Gobierno con la ETA, Juan Carlos I no expresó ni una sola crítica. En cuanto al 11M, dijo a las víctimas, señalándose el bolsillo, que los jueces se habrían vendido. Y que a él "aún no le habían contado qué pasó en el 23F". Es difícil saber si se reía, se creía sus propias mentiras o pasaba de todo. Lo único evidente es que decir que habría plantado cara a Sánchez es ridículo. Tal vez Miquel Giménez no estaba ayer donde está hoy, pero si no se sabe qué pasó, es deseable enterarse antes de tronar contra ese "pelotón de los torpes espléndidamente remunerados". Torpes, tal vez, remunerados, no.

Ni exiliado, ni patriota, ni generoso

¿Y por qué Feijóo, tan prudente, pide la vuelta, casi a hombros, de Campechano? Creo que hay una razón que no se dice: así antagoniza con Vox y se identifica con un estado de ánimo popular, que es el de la derecha que apoya a Abascal y critica a Felipe VI. ¿Tan poco le importa la vuelta del que, aunque lo diga Miquel Giménez, nunca ha estado en el exilio y se largó huyendo de la Prensa y de Hacienda? La Zarzuela, la mala de esta mala película, ha dicho que antes de que instalarse en España debería fijar aquí su residencia fiscal. ¡Qué ganas de fastidiar a un patriota al que sólo mueve el desprendimiento! ¿Qué para qué quería recuperar los 54 millones de Corina, cuando Zarzuela le imploró darlos por perdidos, si no podía explicar su origen? Para donarlos a las víctimas de algo, ¿para qué, si no?

Este sábado, Emilia Landaluce publicó en LOC una frase de Campechano: "Al final van a tener que reconocer lo que hice. Voy a acabar ganando". ¿A quién le va a ganar? ¿Al Rey su hijo, con el que compite, para reforzar a la Corona? ¿A la opinión pública que pidió -pedimos- su abdicación, o que la aprobó y que hoy apoya a Felipe VI más que a él cuando tuvo que abdicar? ¿Y qué tenemos que reconocer que no supiéramos? ¿Lo que ha olvidado él? ¿Qué cumplir con su obligación no daba derecho a portarse como un golfo? Por lo visto, aquí todo el mundo se olvida de todo. Ni se sabe leer, ni se sabe escribir, ni rendir cuentas, ni pedirlas, cuando toca. Y si los medios de comunicación no saben pedirlas, todo por no darle a una tecla y comprobar en Google si lo que van a comentar es lo que sucedió, estamos perdidos.

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