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¿Se puede defender la civilización de manera incivilizada?

No se puede ir a la guerra sin un plan detallado del día después y no basta con un llamamiento a la población, hay que saber cómo resolver el problema

No se puede ir a la guerra sin un plan detallado del día después y no basta con un llamamiento a la población, hay que saber cómo resolver el problema
Ataque con misiles de Estados Unidos contra Irán. | Cordon Press

La guerra más previsible de la historia era el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. El opresor régimen iraní se había convertido en el mayor peligro a la estabilidad mundial y su programa de desarrollo nuclear al servicio de una teología excluyente, que ellos mismos han reconocido y que han ocultado durante largos años, podría acabar en una tragedia para la región.

El descabezamiento del régimen por una potencia extranjera constituye un paso más allá de la eficacia incivilizada. Antes, los reyes extranjeros eran capturados en batallas y devueltos porque la guerra era cosa de caballeros y, sobre todo, porque es mucho mejor tener un interlocutor alicaído enfrente que un caos. Siempre los habrá peores y más resueltos en los escalones intermedios.

La reacción militar de Irán demuestra lo avanzado de su arsenal, pero sobre todo su carencia de estrategia. Es una respuesta sin obedecer a ningún plan preestablecido, salvo producir daño e involucrar a más países, lo que sin duda contribuye al error. Parece mentira que no tuvieran previsto este escenario, lo que demuestra la soberbia en la que se movían los clérigos.

Es decir, por concluir, la operación era necesaria y legítima y todos los europeos deberíamos aplaudirla, porque hoy el mundo es mucho mejor y se ha dado un paso de gigante en la resolución definitiva del problema palestino.

Pero Trump ha decidido asesinar a la cabeza de un régimen que no se arrodilló ante su poder; cuidado con celebrarlo porque estamos poniendo el poder en manos de un delincuente exonerado de pena de cárcel por ganar las elecciones y que tiene una ambición desmedida e impredecible. Hoy ha sido Irán, pero mañana podría ser Copenhague o Ottawa. Esta operación realizada por cualquier otro presidente, como Bush, habría buscado consensos, Trump los detesta, ataca para demostrar su poder, para avasallar, para atemorizar. Tengamos todos estos factores en cuenta porque quizás algún día se vuelvan en nuestra contra.

Las Naciones Unidas se crearon hace ochenta años, y la verdad es que ha sido poco efectiva en garantizar la paz y la seguridad del mundo, y además había caído en un dominio de gobiernos que tienen una clara política antioccidental, lo que la ha hecho mucho más inoperativa e incluso peligrosa.

Pero a pesar de todo esto, las Naciones Unidas es lo único que nos separa de la ley de la selva y por eso es necesaria una reforma en profundidad, con un consejo de seguridad que refleje la nueva realidad y con una reducción significativa de su aparato burocrático, dotando de mayor independencia a sus principales agencias.

Han sido útiles cuando las guerras no involucraban a las grandes potencias, pero han sido inútiles en el 80% de los conflictos, y por esta razón la civilización se defiende con mayor eficacia desde la incivilización.

El unilateralismo de Trump es tremendamente peligroso para el mundo, y su empeño en demostrar su poder no tiene ningún aspecto positivo, ni siquiera para los americanos, porque se ha demostrado que es valiente con los débiles, pero se arrodilla ante los poderosos como Rusia y China.

No está nada claro el futuro de Irán, y este es otro aspecto fundamental. Descabezar un régimen que tiene decenas de millones de fanáticos, aunque no sea mayoría, no es tan fácil, puede venir una terrible represión y entonces Estados Unidos se lavará las manos para no enfrascarse en un nuevo Vietnam. No se puede ir a la guerra sin un plan detallado del día después y no basta con hacer un llamamiento a la población, hay que saber cómo resolver definitivamente el problema. Trump nos dijo el verano pasado que el problema estaba solucionado con el bombardero terrorífico y despidió a unos cuantos asesores que negaron la eficacia, ahora se ha visto que tenían razón.

Los países árabes enfrentados desde hace cientos de años a los persas no tienen ningún interés en inmiscuirse en el follón iraní, a todos les basta con saber que será un país paria, sin armamento, sin futuro, sin democracia real, básicamente como la Rusia que se encontró Putin cuando llegó al poder.

Se puede acabar con el mal de forma incivilizada, quizás en estos extremos sea la única forma de hacerlo, pero si se hace bajo consensos, con un Plan, con un respaldo de aliados, con un proyecto, se esfuman los temores de que estemos ante un escenario que sobrepasa la amenaza de Irán y ante un imperio poderoso dispuesto al uso de la fuerza para conseguir sus propósitos, y esto es infinitamente peor.

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