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España va a la guerra

Es hora de señalar la hipocresía de un Pedro Sánchez que presume de pacifismo pero no es capaz de mantener ni dos días sus convicciones.

Poco más de 24 horas después de que Pedro Sánchez entonase el "no a la guerra" con esa solemnidad vacua que tanto nos recuerda la de José Luis Rodríguez Zapatero, el Gobierno ha mandado a la guerra a uno de los buques más avanzados de España.

La propaganda oficial le dará a la misión la denominación que quiera, pero lo cierto es que la F105 Cristóbal Colón viaja hasta Chipre porque este país, miembro de la Unión Europea, ha sufrido un ataque directo de Irán.

Sí, la agresión iba dirigida a una base británica en la isla, pero eso sigue siendo Chipre y, además, no se ha tratado de algo accidental o de un misil desviado, como decimos, fue bombardeado un objetivo conscientemente seleccionado por el régimen dictatorial iraní.

Por supuesto, desde Libertad Digital no podemos más que estar de acuerdo en que España y sus Fuerzas Armadas honren los compromisos internacionales adquiridos y participen de una coalición que, de forma expresa o tácita, ya va desde las monarquías suníes del Golfo Pérsico hasta Reino Unido, además de por supuesto la mayor potencia del mundo libre que son los Estados Unidos.

Sin embargo, dicho lo anterior es hora también de señalar la hipocresía y la talla política liliputiense de un Pedro Sánchez que se llena la boca de retórica pacifista, de antiamericanismo barato y de un antisemitismo radical y peligroso, pero después de presumir de ser poco menos que el faro moral de Occidente no es capaz de mantener en la práctica esas presuntas convicciones ni un día y medio.

Si Pedro Sánchez de verdad se creyese su discurso del miércoles, el jueves tendría que haber tenido la gallardía de apartarse del conflicto, asumir las consecuencias políticas de tal hecho y, ya de paso, explicar en el Congreso y no en una declaración institucional las razones para tomar tales decisiones a pesar de esos costes.

No lo ha hecho y no lo hará: es algo que va en contra de la naturaleza del galgo de Paiporta, que ya ha demostrado su escasa valentía y su carencia total de cualquier convicción que no sea mantenerse en el poder a costa de quien sea y de lo que sea, empezando por su propia palabra.

Es previsible que la escalada de declaraciones grandilocuentes y ampulosas siga adelante, pero a partir de ahora cada vez que Pedro Sánchez o alguno de los suyos presuma de pacifismo le recordaremos que España, en realidad, ya ha mandado a su Armada a la guerra.

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