
Tomo prestado para encabezar este artículo el conocido cuento de Augusto Monterroso, el más breve de la literatura española. Como sabemos, su texto completo es "Cuando despertó, el dinosaurio aún seguía allí", un enunciado extremadamente corto, pero certero al conectar con la inquietud o temores del lector. Nuestro monstruo se llama "No a la guerra", y está ahí desde el 11-M, sea su auriga José Luis Rodríguez Zapatero o Pedro Sánchez. Aunque la sociedad española prefiriese en 2004 abandonar su libertad al sueño, al despertar hoy sobresaltada por el estruendo de la guerra en un mundo muy cambiado, el dinosaurio aún -ay, ese aún- sigue como si nada ahí, no en nuestros sueños.
Hace unos días, Pedro Sánchez hizo gala, en la gala, de su inmensa ignorancia, vacuidad y cinismo. Su insólita denuncia del "atropello de la legalidad internacional" contrasta con las recientes palabras del premier canadiense Mark Carney en Davos, tan firmes como serenas: "Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia". Claro que la estrategia, el arte de salvaguardar los intereses nacionales, no es desde luego el fuerte del doctor Sánchez; que, por cierto, en su engolada declaración, llegó a confundir el Tratado de No Proliferación Nuclear con el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como New START.
La falta de rigor intelectual del personaje se desvela en su segunda declaración, más formal: este atropello no va a traer nada bueno, afirma; para decir acto seguido que aún es pronto para saber los efectos que tendrá. Y, mientras se va enterando, niega a los Estados Unidos el uso de las bases españolas, aún a sabiendas de que el Reino Unido y Chipre están siendo atacados. Eso sí, exige un cese de las hostilidades y una resolución diplomática de esta guerra... porque España es un miembro pleno de la UE y de la OTAN. ¿Exigir cuando no se solidariza con sus socios y aliados? No permita Dios que tengamos que invocar un día el Artículo 5 del Tratado de Washington o el 42 del Tratado de la Unión.
No a la guerra: "nosotros repudiamos la dictadura de Irán, pero pedimos una solución diplomática y política". ¿A quién se lo pedimos, a esa dictadura sanguinaria (30.000 muertos en la calle) que nos ha agradecido someternos a la coacción apenas velada de su embajador? Acaso Sánchez pueda conseguir la mediación de China, que, siempre tan respetuosa del derecho internacional le ha mostrado su apoyo. Sarcasmos aparte, según Sánchez, la posición del Gobierno no es ingenua, sino coherente. Está, dice, con quienes tiene que estar. Con quien haga falta, menos con Occidente, el mundo al que pertenecemos y del que España podría verse marginada, malogrando una ejecutoria internacional de medio siglo: "La alianza que queremos es una alianza que no esté paralizada por el miedo. El miedo al cambio climático, el miedo a la guerra..." Son palabras de Marco Rubio en Múnich, un discurso que gustó mucho a nuestros socios. No es extraño que Merz no pudiese responder en Washington al ácido comentario de Donald Trump contra nuestro país.
Por críticos que seamos, y lo sigamos siendo, con el neorrealismo del mandatario estadounidense y su compulsivo mercantilismo, por mucho que hayamos rechazado su posverdad ante la crisis de Ucrania, son muy fuertes los lazos que unen a la comunidad atlántica, cimiento de Occidente. Los acertados reproches en Davos del premier canadiense no le han impedido mostrar su apoyo a su ahora incómodo vecino. El dramático "despliegue" de los aliados europeos en Groenlandia no ha sido obstáculo para que las bases británicas, francesas y alemanas suplan el apoyo que se ha negado a la aviación norteamericana en las españolas. Y, al cerrar estas líneas, leemos que una fragata de la Armada navega hacia el Levante para cooperar con los aliados. Al actuar así juntos, -concluye Marco Rubio- no sólo contribuiremos a restablecer una política exterior sensata. Nos devolverá una imagen clara de nosotros mismos. Nos devolverá un lugar en el mundo.
Nada de eso figura en la agenda de un personajillo como Pedro Sánchez. Ignorancia, vacuidad... a la postre cinismo, como siempre. Según el felón, "los Gobiernos estamos aquí para resolver los problemas de la gente...es inaceptable que esos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido utilicen el humo de la guerra para ocultar sus fracasos y de paso llenar los bolsillos de unos pocos. Mitigaremos efectos sobre los hogares, trabajadores y empresas gracias al dinamismo de nuestra economía y a la responsabilidad de la política fiscal del Gobierno. Con sus venales colaboradores ante la justicia, toda una legislatura sin presupuestos... ¿Se mira al espejo? Huelga más comentario, tras la simple lectura de esas declaraciones.
El dinosaurio. A lomos de esa bestia llegó José Luis Rodríguez Zapatero, y ahí sigue con sus deudos, ahí están sus herederos con los suyos. La deconstrucción institucional de España empezó con él y con Pedro Sánchez está llegando a sus últimas consecuencias. No podemos esperar que un Estado que se enfrenta a sus aliados y se somete a sus competidores hasta la irrelevancia en el exterior sea acatado y respetado en el interior. ¿Volverá a dormirse por otros veinte años la indiferente sociedad española ante este verdadero tiranosaurio? Quizá mucho antes sea devorada, en ese caso. O tal vez seamos capaces de rechazar la pesadilla e impedir que, de nuevo, se haga realidad. Apelamos a la oposición, si es que aún existe.
