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Agapito Maestre

Sí a la guerra y esplendor de Occidente.

La guerra, sí, es el mal inevitable; si lo quieren decir de otro modo, es la más humana inhumanidad. Pero la guerra sigue siendo, por fortuna, una referencia clave de las naciones más civilizadas del planeta tierra.

Trump no descarta enviar tropas a Irán. | Europa Press

EE.UU. e Israel están ganando la guerra contra Irán. Lo están haciendo en dos frentes: en el de batalla y, por supuesto, en el del pensamiento. Acabará esta guerra antes de lo que pensábamos, seguramente, porque previamente su necesidad había sido aceptada con razones poderosas de raíz estoica. Ahora, sí, se está ganando militarmente lo que antes había sido muy bien pensado por Trump y sus asesores, entre los que ocupa un lugar muy especial su secretario de Estado, Marco Rubio. Pocos políticos en el mundo de hoy pueden igualarse a Marco Rubio a la hora de pensar con seriedad y veracidad el poder emancipador de la guerra. Su libro Décadas de decadencia fue, y sigue siendo, su principal carta de presentación ante el mundo. Gran parte de su obra intelectual es una reflexión, una auténtica meditación, sobre la decadencia de Occidente por haber olvidado la interpretación bélica de la historia.

Sí, contra Fukuyama y todos los ideólogos utópicos del fin de la historia, que mantienen que es inservible el uso de la amenaza de la fuerza como instrumento clave de política exterior, Marco Rubio escribió esta obra. Es un libro fundamental para entender que no sólo se puede sino que se debe utilizar la amenaza de la fuerza y la guerra para mantener la civilización occidental. Es capital, pues, para Rubio entender ese poderío de la guerra, o mejor dicho, del genio de la guerra no sólo para alcanzar la paz sino para que Occidente en general, y EE.UU. en particular, no fenezca ante el poder de las bárbaras dictaduras, como la de Irán y otros países que han hecho del declive de Occidente, o sea del ocaso de la guerra justa, la base de su supervivencia.

Existen mil maneras para hablar de la guerra. Todas son legítimas, salvo aquellas que sólo creen que únicamente hay dos formas de tratarla: o nos entusiasmamos con ella o pronunciamos la palabra guerra para aborrecerla. Falso. O pensamos la guerra con veracidad o, más pronto que tarde, feneceremos ante quienes abominan de ella. Eso no significa, como nos enseñara el poeta más antiguo de Grecia, que yo cuestione uno de los sentimientos más compartidos de la humanidad: es locura amar la guerra. Homero tenía una parte de razón, o mejor dicho de sensibilidad. Sin embargo, la otra cara de esa condena unánime, a todas luces trémula y también absoluta, es la necesidad de la guerra, demostrada justamente por el hecho de que se da sin tregua a pesar de la mejor voluntad para evitarla. Mostrar esa necesidad convierte el libro de Marco Rubio en una obra de referencia ineludible para aquí y ahora y, sobre todo, para el futuro.

La guerra, sí, es el mal inevitable; si lo quieren decir de otro modo, es la más humana inhumanidad. Pero la guerra sigue siendo, por fortuna, una referencia clave de las naciones más civilizadas del planeta tierra. EE.UU. está demostrando con solvencia la imperiosa necesidad de recurrir a la guerra para detener la propia decadencia de Occidente. Sin guerra justa, o mejor, dejando al azar la anhelada seguridad no hay libertad. Spinoza siempre le ha ganado la batalla a Kant. De ahí que sea menester repetir: o estamos con EE.UU. o, por el contrario, apoyamos a Irán. La posición "neutral", como demostrara Tucídides en el famoso pasaje dedicado a la isla de los Melos, en su celebérrima Historia de la Guerra del Peloponeso, es imposible. EE.UU. e Israel, como los griegos de la antigüedad, no pueden permitirse neutralidades que serían consideradas como signos de debilidad. Frente al utopismo ridículo del "no a la guerra", Trump ha demostrado hasta la saciedad que sin el recurso a la fuerza no hay paz posible. Marco Rubio escribió un libro decisivo para mostrar que la historia ha vuelto, quien postuló su fin no sólo estaba equivocado sino que fue uno de los causantes del ocaso de Occidente. La guerra es necesaria para defender la civilización. Hablemos, pues, en voz alta de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán. Es un episodio decisivo para que Occidente vuelva a recuperar el esplendor perdido hace más de treinta años. Quien se oponga a esta guerra contra la barbarie, está contribuyendo a la muerte de la civilización occidental.

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