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Antonio Robles

¡Boti, boti, Espanyol el que no boti!

Nos estamos volviendo demasiado histriónicos y exquisitamente histéricos con cualquier desviación de las neoreligiones woke

CORNELLÁ-EL PRAT (BARCELONA), 31/03/2026.- Aficionados españoles durante el partido amistoso que las selecciones de España y Egipto disputan este martes en el RCDE Stadium de Cornellá-El Prat, en Barcelona. EFE/Alberto Estévez | EFE

¡Puta Espanya! Ésta nana llena de ternura y tolerancia con la que mecen las cunas de nuestros pequeños en Cataluña desde la escuela a los estadios no parecen levantar alerta alguna en nuestra clase política y periodística. Ya se sabe, siempre ocultamos nuestras virtudes. Así somos los españoles. No apreciamos lo que tenemos.

Algo huele a podrido, han de esperar a que un estadio lleno de banderas españolas y denominado antaño como del Real Club Deportivo Español - hoy reconvertido por mor del nacionalismo en Espanyol-, le dé por cantar en español: "Bote, bote, bote, musulmán el que no bote". Y se arme la marimorena. ¡Qué despliegue periodístico para cubrir el acontecimiento!, ni que hubieran volado el estrecho de Ormuz con toda la fauna marina dentro. Pero…

Se lo describo con desgana, con la misma desgana que veía el España-Egipto por la tele. Les aseguro, que si los comentaristas no hubieran insistido una y otra vez sobre los cánticos de tinte racista de una grada del estadio contra los musulmanes, ni me hubiera enterado. Tan acostumbrados estamos a este latiguillo contra España, que empeñarse en difundir ese otro para demostrar lo tolerantes que somos, solo han conseguido que se amplifique a nivel planetario. Lo comido por lo servido, que diría Mota. La estrategia de silenciar a los cavernícolas de voz y coz no le ha podido salir mejor a Pedro Sánchez. Entre otras cosas, porque ha tapado el verso contra él. Quizás se lo recuerde al final del artículo. Al verso, me refiero.

Y después de 24 horas del bochorno, las televisiones, radios y medios en general han arreciado en el empeño como si los gritos racistas hubieran despertado la ira de las siete plagas de Egipto. Ahora que han cogido carrerilla podrían proseguir con el "Boti, boti, boti, foraster es qui no boti" de las fiestas de San Juan, en Ciudadela. Aunque siendo en Menorca, quizás no dé para una frase redonda de nuestro insigne ministro Oscar Puente: "Lo que pasó ayer en Cornellá es la consecuencia de lo que la derecha racista y xenófoba lleva alimentando durante años", dijo la sartén al cazo.

Nos estamos volviendo demasiado histriónicos y exquisitamente histéricos con cualquier desviación de las neoreligiones woke. Quien no se escandaliza debidamente cada mañana por cada chorrada que han diseñado nuestros talibanes de la buena conducta, es un don nadie, un facha, o un racista. ¡Qué afán por las buenas costumbres! A este paso, habrá que salir por la mañana con el certificado de buena conducta bajo el Franco; perdón, bajo el brazo.

Es indignante que en la ciudad de Barcelona se arme la de San Quintín por un acto puntual de racismo deslenguado, y pase desapercibido el racismo lingüístico intencionado que se ejerce a diario en Cataluña desde hace 40 años. Sí, sí, racismo cultural contra el uso del español en las instituciones; racismo cultural en las escuelas impidiendo estudiar en la lengua materna española de más de la mitad de la población de Cataluña, y racismo cultural en cualquier ámbito de la vida social controlado por el nacionalismo. Y si no es suficientemente indecente la exclusión lingüística, el propio gobierno de la Generalidad - cualquier gobierno de la Generalidad desde que Pujol llegó a su presidencia -, incumple y hace incumplir las sentencias de los Tribunales que obligan a la Administración a garantizar el poder estudiar en español en las escuelas. Ni el 25%. La lista se podría extender al acoso contra los rótulos comerciales en español o a cualquier ámbito de la vida donde la lengua de Cervantes siempre es catalogada como extranjera e imperialista. Las multas lingüísticas están para evitarlo. Y mientras se culmina la limpieza lingüística total, para recaudar. Una pandilla de miserables racistas que nos dan lecciones a los demás de democracia, talante y respeto al diferente.

Sin embargo, la comparativa de nuestros medios es tan selectiva, que han escogido un estadio engalanado ¡como nunca! de banderas españolas para descargar su ira contra el racismo. ¡Qué casualidad! ¿Eso no es noticia en una comunidad que la tiene siempre en la lavandería, oculta como si fuera la imagen del mismísimo Lucifer? Pues no, ya saben, lo que no se quiere ver, no se ve. ¿O en realidad lo que se quiere es ocultar que el auténtico racismo musulmán está inserto en el corazón mismo del nacional-catalanismo de Silvia Orriols? Quizás todo sea menos alambicado y más cutre: de algo hay que hablar para vender portadas y pasar desapercibido en el paisaje.

Para quien no caiga qué representa Silvia Orriols en el nacionalismo catalán, ha de saber que es la consecuencia más escanciada del catalanismo de tota la vida. El crisol donde al fin se ha sustanciado la naturaleza del independentismo catalán. El PSC no es eso, el presidente de la Generalidad, Salvador Illa no es eso, pero cuando estaba en la oposición colaboró para que lo fuera, y ahora que preside la Generalidad no impide que siga creciendo. Muy al contrario, lo ceba y legitima. Empezando por la discriminación lingüística, aquel ADN de Cataluña de Pascual Maragall, el alma de la nación catalana para Pujol, y siempre el salvoconducto victimista para joder a todos los ciudadanos hispanohablantes de Cataluña. Impresentables. Algún día, la historia dará cuenta de este tiempo de silencio y discriminación.

PS: Para quienes no se hayan apercibido de las dos varas de medir de nuestros medios, aquí les dejo unos enlaces que les irritarán. Para bien o para mal, pero les irritarán. Es de esos vídeos que van a contracorriente, pero, sin hacer de ellos modelo de nada, son imprescindibles en una sociedad democrática: La monumental capela del himno nacional sin letra pero con el clásico entusiasmo del "Lo, lo , lo", o del atronador, "Sánchez, hijo de puta". Pero los medios no estaban por la labor de amplificar el delito de odio contra nuestro Timonel.

Eso el miércoles en Cornellá, pero vayamos a San Mamés, en el País Vasco, o al Nou Camp, también de Barcelona… y escuchen: "Puta España, puta selección", mientras cantan el himno nacional de España. O en el partido Cataluña-Euskadi: "Bote, bote, bote, español el que no bote" con comentarios del angelical Jordi Ébole. Y para terminar, dos jóvenes haciendo de adultos. Un "meneao" para todos los gustos.

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