
Una de esas cien mil sentencias que los tribunales han venido emitiendo a lo largo del último medio siglo en defensa del uso del idioma español en la enseñanza, las mismas cien mil sentencias de obligado cumplimiento que la Generalitat de Cataluña lleva el mismo medio siglo lanzando a la basura sin ni tan siquiera leerlas antes, parece que ha provocado el enfado de Salvador Illa. Al punto de que el sucesor de Aragonès, Torra, Puigdemont, Mas, el pobre Montilla, Maragall y Pujol ha considerado pertinente manifestar –en público y al solemne modo– que, exactamente igual que hicieran antes Aragonès, Torra, Puigdemont, Mas, el pobre Montilla, Maragall y Pujol, también piensa pasarse por el forro del traje de los domingos lo que digan o dejen de decir los jueces sobre el derecho a hablar en español dentro de los colegios.
He de confesar que, a mí, la contrastada evidencia empírica de que al grueso de la población catalana no le importe que sus hijos sean ya semianalfabetos en el manejo del único idioma importante presente en su territorio me resulta indiferente. Los catalanes, con independencia de cuál resulte ser su lengua materna, son mayorcitos para tomar sus propias decisiones. Que ahora voten a Salvador Illa para que sus hijos sigan sin dominar con una mínima solvencia la lengua común del país, pues muy bien. Allá ellos, es su problema. Y es que, hace décadas, todavía se podía argumentar que los votantes del PSC habían resultado engañados, cuando no que eran simplemente idiotas.
Pero ya han pasado muchos lustros y muchas décadas. Y, como dice el estribillo de la canción célebre de Julio Iglesias, la vida sigue igual. Al cabo, si todos piensan opositar para ser chupatintas en la Generalitat durante el resto de su existencia, no les va a hacer falta para nada dominar el castellano. Si quieren seguir engendrando pequeños ignorantes vernáculos, yo no perdería más tiempo (ya desperdicié demasiado en su momento) tratando de que renuncien a su predilección por la burricie gramatical. Total, son sus hijos, no los nuestros. Adelante, pues, con la inmersión.
