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El bote de su hipocresía

Los mismos que se llevan las manos a la cabeza por lo ocurrido en Cornellá llevan años mirando hacia otro lado frente una política migratoria irresponsable que está destrozando la convivencia.

Los mismos que se llevan las manos a la cabeza por lo ocurrido en Cornellá llevan años mirando hacia otro lado frente una política migratoria irresponsable que está destrozando la convivencia.
- Cerca de 8.000 musulmanes se han reunido este viernes en el recinto ferial de Almería para celebrar el Eid el Fitr, la festividad que marca el final del mes de ayuno del Ramadán e inaugura el mes lunar de Chauwal. EFE / | EFE

Durante toda esta semana, los medios de comunicación tradicionales se han lanzado raudos a lamentarse por los cánticos que tuvieron lugar en el estadio de Cornellá durante el partido amistoso que enfrentó a las selecciones de España y Egipto.

No obstante, permítanme aportarles un dato: según el Instituto de Estadística de Cataluña, a cierre de 2024 los presos de origen magrebí representaban el 22,5% del total de la población reclusa en esta comunidad, pese a que apenas suponen el 3,30% del total de la población. Es decir, un magrebí tiene 6,8 veces más probabilidades de estar en prisión que el conjunto de la población catalana.

Si ampliamos el foco a España, y aunque no existan datos agregados sobre la población magrebí, las cifras del Ministerio del Interior apuntan en la misma dirección: en 2023, los reclusos de nacionalidad marroquí rozaban el 10% del total, cuando ese grupo apenas representaba el 1,89% de la población española. En otras palabras, su presencia en las cárceles quintuplica su peso demográfico.

Es obvio que tenemos un problema de integración con una parte de la población musulmana y que la regularización masiva perpetrada recientemente por el Gobierno sólo va a agravar esta cuestión. Según han denunciado los sindicatos policiales, no se están ofreciendo las suficientes garantías para comprobar los antecedentes penales ni la identidad de aquellos individuos a los que se pretende conceder la residencia, con todos los riesgos que ello implica.

Huelga decir que no justifico ni amparo los insultos contra nadie por la religión que profese, pero lo que ocurrió en Cornellá fue algo mucho más profundo: el exabrupto de un pueblo que está cansado de las consecuencias de una política inmigratoria nefasta de puertas abiertas.

Ni lo ocurrido puede despacharse aludiendo a la maldad de una turba xenófoba, ni España tiene un problema estructural de racismo, sino que los cánticos fueron la única vía de escape que encontraron los ciudadanos para expresar su indignación frente a unos representantes que viven fuera de la realidad.

Lo que no se puede hacer es llenar una olla a presión y apuntar únicamente al humo cuando esta estalla. Quien siembra vientos recoge tempestades, y me temo que sólo estamos alcanzando a otear las tormentas que se desencadenarán si no abordamos de forma urgente la crisis migratoria.

Lo cierto es que desde el año 2022 han entrado al país más de 2 millones de inmigrantes, lo cual viene a ser casi el 5% de la población. Un crecimiento tan colosal en un plazo tan breve de tiempo está generando enormes tensiones en sectores tan sensibles para la vida cotidiana de la gente como son la vivienda, la seguridad, el mercado laboral o la sanidad.

Lo que deberían de hacer todos esos profesionales de los medios de comunicación que apuntan con su dedito acusador a los ciudadanos es dirigir esa indignación contra todos esos gobernantes que nos han puesto en esta situación.

Espero que en el futuro contengan ese bote hipócrita con el que reaccionan cuando escuchan esos cánticos y, por el contrario, dejen de regalarnos el respingo de su indiferencia frente a todas las decisiones políticas que nos han conducido hasta aquí. Porque podrán seguir escandalizándose del estallido, pero no podrán ocultar eternamente las causas que lo provocan.

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