El rufianicidio
Más allá del propio Rufián, no hay nadie en el partido del macizo de la raza doméstica que quiera saber nada con los progres del Estado español.
¿Es posible crear una coalición de izquierdas, aquí, en la España plural y diversa, que agrupe bajo unas mismas siglas y un mismo programa político a un conjunto de votantes cuyo rasgo distintivo más notable remita a que sus integrantes presenten diferencias estadísticamente significativas en cuanto a los códigos de su estructura genética? Si la tal confluencia de izquierdas pretendiera incluir en su seno a la llamada Esquerra Republicana de Cataluña, la respuesta, y con toda probabilidad, sería que no. Porque para esa mentada Esquerra Republicana de Cataluña, el partido de aquellos dos célebres nazis de barretina dados de baja por el anarquista Justo Bueno, los hermanos Badia, lo de la genética nunca ha sido asunto baladí.
Bien al contrario, lo del ADN de la tribu preocupó a los infortunados Badia, obsesionó en vida a Heribert Barrera, estuvo siempre latente en la bilis discursiva de Josep-Lluís Carod-Rovira y, pese a su muy impostada apariencia externa de frailecillo rechoncho y santurrón, nunca ha dejado de constituir materia presente en el fuero íntimo de Oriol Junqueras. Recuérdese su deposición más memorable al respecto: "Hay tres Estados (¡sólo tres!) donde ha sido imposible agrupar toda la población en un único grupo genérico (...) Los catalanes tenemos más proximidad genética con los franceses, con los italianos y un poco con los suizos. Mientras que los españoles presentan más proximidad con los portugueses que con los catalanes, y muy poca con los franceses".
¿A qué viene recordar hoy esto? Pues viene a que en la dirección de Esquerra Republicana de Cataluña ya le están preparando la carta de despido procedente y el finiquito a Gabriel Rufián. Porque una cosa es mercadear con el PSOE y otra prestarse a la promiscuidad genética, compartiendo una misma candidatura con los del ADN inferior. Hasta ahí podíamos llegar. Y es que lo de la operación Rufián, por lo visto, era una idea personal de Gabriel Rufián, lo cual no deja de tener su lógica. Pero, más allá del propio Gabriel Rufián, parece que no hay nadie en el partido del macizo de la raza doméstica que quiera saber nada con los progres del Estado español. Sic transit gloria mundi.
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