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Marte no puede esperar

El primer viaje a la Luna después de tanto tiempo ha desatado un saco de tópicos que habría que ver si son más o menos obtusos que los vertidos en 1969

El primer viaje a la Luna después de tanto tiempo ha desatado un saco de tópicos que habría que ver si son más o menos obtusos que los vertidos en 1969
Los astronautas del Artemis II. | Europa Press

El mundo mediático español ha estado fascinado con la misión de la Artemis II y esto es asombroso por muchos motivos. Estamos en territorio de Pedro Sánchez, mientras no se demuestre lo contrario, y es conocida la opinión del puto amo sobre los viajes espaciales. Por si no se recuerda, que hay poca memoria, la dio a conocer a finales de enero cuando, en respuesta a un mero "wow" de Elon Musk al enterarse de la regularización del millón de ilegales, le contestó: "Marte puede esperar. La humanidad, no". Fue muy celebrada por los pelotas y subió al ranking de respuesta más viral. Pero no entremos en lo viral, que nos lleva al Covid-19, a la gestión de la epidemia, tan espantosa como perdonada, e incluso al juicio que ahora se celebra en el Tribunal Supremo, que es como si nada tuviera que ver con el Gobierno y el PSOE. Vuelta al espacio.

Cuando Sánchez puso aquello para hacerle un zasca a Musk, misión imposible porque no puedes ganarle a Elon en su terreno, había olvidado que estampó su firma en la adhesión de España al programa Artemis de la NASA, que tenía y tiene los objetivos de volver a la Luna y preparar el viaje a Marte. Si no lo había olvidado, peor. Porque en vez de contenerse, mostró pocas luces. Por echarle un pulso al dueño de SpaceX, se acodó en la barra del bar y fue uno de esos parroquianos que recitan la cantidad de cosas que hay que hacer antes de malgastar dinero en viajes al espacio. Hay dinero que se malgasta, lo hay que se va por los desagües de la ineficiencia y la corrupción, pero nada como los viajes espaciales o el gasto militar para despertar la indignación pasajera del ilustrado de barra y el político demagogo.

El primer viaje a la Luna después de tanto tiempo ha desatado un saco de tópicos que habría que ver si son más o menos obtusos que los vertidos en 1969, cuando el Apolo 11 aterrizó en nuestro satélite y Neil Armstrong y Aldrin pisaron el paraje de cráteres empaquetados en sus escafandras. Seguro que fueron menos triviales, porque lo del Apolo no fue principalmente un espectáculo televisivo, como la Artemis ahora. Fue un hito que entroncaba con horizontes largamente imaginados, interiorizados en algún gen de la especie, y alentaba la certeza de que el hombre, eterno viajero, iba a poder explorar las profundidades del espacio y quizá, milenios después, encontrar un lugar habitable. No hay más que contraponer lo que dijo Armstrong ("Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad") con el zasca de Sánchez, la simpleza de quien no entiende de saltos ni de cómo avanza y, llegado el caso, sobrevive, la especie humana. La mente de alguien como Musk lo ve. La de alguien como Sánchez sólo ve lo que puede ganar o perder en un rifirrafe.

Asombroso, en fin, que el mundo mediático en territorio Sánchez cantara loas a la Artemis II, sabiendo aquello de Marte puede esperar, que no tiene la gracia del cuento de Asimov, Estoy en Puerto Marte sin Hilda. Por suerte, no se enteraron ni informaron (¿qué será eso de informar, dirán?) que el programa Artemis viene de Donald Trump, de su primer mandato, cuando imprimió un giro total a la política espacial de Barack Obama y anteriores. De haber sabido que el "lunático" Trump, como decían los ingeniosos, era el promotor de este viaje a la Luna, se cargan la misión espacial con un zasca.

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