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COMPORTAMIENTO DE LOS EJÉRCITOS

El sentido de la guerra

Hay maneras y maneras de hacer la guerra, y el modo en que se haga está directamente relacionado con la causa por la cual se hace. Se puede saber si una guerra es justa por la forma en que los hombres se comportan en lo que, en un sentido amplio, se llama campo de batalla, que en el siglo XX pasó a ocupar países enteros, sus ciudades, sus costas, sus industrias.

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Los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial tras el bombardeo japonés de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, que dio a Roosevelt la esperada oportunidad para ceder ante las presiones de Winston Churchill para que colaborara en la lucha contra la Alemania nazi. Las tropas norteamericanas empezaron entonces a fluir hacia Europa y el gobierno temió por el comportamiento de sus hombres en un país aliado. Se distribuyó, pues, entre los soldados americanos que eran destinados a Gran Bretaña para preparar la invasión aliada del continente, un folleto: siete páginas mimeografiadas en papel tamaño folio de mala calidad, con un texto elaborado por el ministerio de Guerra de los Estados Unidos. La mayoría de aquellos soldados no había salido nunca de su país, y el folleto estaba destinado a disponerles para la vida en un país muy diferente y evitar las fricciones entre ellos y la población local.

Hubo quien conservó ejemplares. La edición que hoy comento se ha hecho a partir de un ejemplar entregado por Sir John Miles, director del Merton College, a la Biblioteca Bodleiana y que ahora es custodiado en Rhodes House, dependiente de la anterior, responsable de historia y política americana, según explica en el prólogo John Pinfold, bibliotecario de Rhodes.

"El folleto llamó mucho la atención en Gran Bretaña en aquella época", anota Pinfold, "sobre todo porque proporcionaba un panorama excepcionalmente directo de cómo los británicos eran visto por los otros. En una editorial, el 14 de julio de 1942, el London Times proponía que ‘debería ser adquirido por los lectores británicos en cantidades inigualadas hasta por las obras de Edgar Wallace o Nat Gould’. [...] el editorialista comparaba el folleto con los libros de Irving, Emerson y Hawthorne, escritores que habían tratado de explicar Gran Bretaña al público americano [...]"

Las cosas que se decían en ese texto eran sencillas. Elijo algunas de ellas al azar:

"Si usted procede de una familia irlando-americana, tan vez imagine a los ingleses como perseguidores de los irlandeses, o como casacas rojas enemigos que lucharon contra nosotros en la Revolución Americana y en la guerra de 1812. Pero no es éste el momento de volver a librar viejas guerras ni de sacar a relucir viejos agravios."

"Usted debe derrotar la propaganda enemiga, no negando que esas diferencias [entre británicos y norteamericanos] existen, sino admitiéndolas abiertamente y tratando de comprenderlas."

"No sea exhibicionista. A los británicos les disgustan la fanfarronería y el exhibicionismo. Los salarios americanos y la paga de los soldados americanos son los más altos del mundo. Sería práctico aprender que, cuando llega el día de la paga, lo más conveniente es gastar el dinero de acuerdo con los niveles británicos. Ellos le consideran muy bien pagado. No pensarán mejor de usted si dilapida su dinero; es más probable que crean que no ha adquirido la virtud, de sentido común, de la frugalidad."

"En América, usted estaba en un país en guerra. Pero desde el momento en que su barco zarpó, ha estado en zona de guerra. Se dará cuenta de que toda Inglaterra es una zona de guerra, y lo ha sido desde septiembre de 1939. Esto ha implicado grandes cambios en el estilo de vida británico."

Roosevelt y Churchill durante la conferencia del CairoHay advertencias sobre las palabras malsonantes y recomendaciones precisas de no reírse de las expresiones coloquiales inglesas que a los jóvenes americanos pudieran parecerles graciosas; nociones sobre el carácter local del tipo "los británicos son reservados, no hostiles"; indicaciones sobre pesos y medidas, y sobre la diferencia entre ser amistoso y ser invasivo. En términos generales, hay que decir, las indicaciones fueron atendidas y los conflictos se redujeron al mínimo, facilitando una colaboración cuyo mayor éxito fue, sin duda, el desembarco en Normandía.

Después de Normandía, era probable que hubiese problemas entre los soldados ingleses y americanos, por una parte, y la población de los países ocupados, por otra.

El periodista Herbert David Ziman, que trabajó durante treinta y cinco años en el Daily Telegraph, donde llegó a ser editor literario y corresponsal itinerante, y que sirvió en el regimiento de Middlesex, dejó entre sus papeles un borrador, con el sello de "Confidencial" y titulado Soldiers Guide to France, junto a un ejemplar del trabajo ya publicado. Sus hijas lo entregaron a la Bodleiana en 1995. Ziman trabajó durante la guerra para el Cuerpo de Inteligencia de la Sección Francesa de la Ejecutiva de Política de Guerra, y en esa condición escribió un nuevo folleto, cuyo título definitivo fue Instructions for British Servicemen in France, 1944. También lo ha recuperado para la imprenta la Biblioteca Bodleiana, y tiene mucho en común con el anterior.

La primera instrucción reza: "Éste libro no tiene nada que ver con operaciones militares. Sólo trata de la vida civil en Francia y del modo en que hay que comportarse con la población civil francesa."

Sigue una frase de Winston Churchill, fechada el 31 de agosto de 1943: "Deben ustedes garantizar que Francia volverá ser libre, unida e independiente, y estar alerta con los demás para preservar la generosa indulgencia y las brillantes oportunidades de la sociedad humana que nos proponemos rescatar y reconstruir."

También en este caso citaré fragmentos que dan una idea general del texto:

"Cada año [desde la ocupación] han sido fusilados al menos 50.000 franceses por resistencia activa: uno cada dos horas."

"Los franceses y francesas corrientes nunca han dejado de considerarnos sus aliados."

Soldados ingleses en un pueblo del sur de Inglaterra dirigiéndose a los barcos camino de Normandía"En los primeros meses, con casi total seguridad, encontrarán ustedes en Francia tal escasez que les será imposible intentar comprar algo, y mucho menos conseguirlo gratis [...] Sobre todo, no hay que participar en absoluto en el mercado negro. Por grande que sea la tentación, comprar en él significa simplemente que los pobres que necesitan comida no la encontrarán [...]"

"Si alguien les ofrece vino o licores, recuerden que serán más fuertes que aquellos a los que están acostumbrados."

"Las mujeres francesas, jóvenes y mayores, distan de ser tímidas y usted querrá, si es un hombre sensible, trabar amistad con ellas. Pero no confunda la amistad con la disposición a entregarle sus favores. El mismo tipo de chica con la que usted puede tomarse libertades en Inglaterra, se encuentra en Francia, y el mismo tipo de chica a la que ofendería groseramente en este país, se sentirá muy ofendida si usted ‘intenta algo’ en Francia."

"Los franceses son nuestros amigos. Los alemanes son nuestros enemigos y los enemigos de Francia. Recuerden que los alemanes, individualmente, suelen comportarse bien en Francia. Tenemos que comportarnos mejor."

"Estamos ayudando a liberar Francia. Miles de franceses han sido fusilados en Francia por mantener vivo el espíritu de la libertad. Los franceses deben saber que usted comprende el gran papel que han desempeñado, tanto en la última guerra como en ésta."

La idea que rige todo el folleto, expresada de muchas formas a lo largo de los distintos apartados, es que se va a liberar Francia, no a conquistarla ni a ocuparla.

Yo creo que estos dos opúsculos, que muchos miles de ingleses y americanos leyeron en su momento, marcan una diferencia cualitativa importante entre los contendientes. De los alemanes, sabemos sobradamente lo que hicieron. Los soviéticos entraron en Berlín, con una pérdida de 100.000 hombres, a sangre y fuego, y no se privaron de matar civiles ni de violar a mansalva.

Gandhi, archienemigo del Imperio, pero también producto suyo, decía que detrás de un uniforme británico siempre hay alguien con quien hablar. Del ejército americano no se puede decir otro tanto: aunque su conducta en Europa no haya sido criticable y, desde luego, todos los europeos deban estarle agradecidos, en otras partes del mundo los infantes de marina cometieron más tropelías de las debidas. Nada comparable a lo que se hacen entre sí no pocos grupos étnicos africanos, o los musulmanes suníes y chiíes, por poner sólo dos ejemplos en un mundo en que las barbaridades son el pan nuestro de cada día.

Una nota para cerrar estas líneas: el único ejército del mundo que no ha violado mujeres es el israelí.

vazquez-rial@telefonica.net
www.vazquezrial.com

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