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VUESTRO SEXO, HIJOS MÍOS

Maldito vicio

Queridos copulantes: Como os iba diciendo, la frigidez no fue considerada como un problema hasta el siglo XX. Más bien, la perturbación social, el temor general y la reprobación venían de la posibilidad de que la mujer no fuera frígida. Los refraneros y las obras literarias de todo tipo están llenos de advertencias a propósito de las mujeres sensuales, fatales, insaciables, que constituyen un peligro para el género masculino.

Remedios Morales
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Si una se tomara en serio lo que escribieron los hombres, habría que creer que las mujeres eran unas depredadoras que se pasaban la vida acechando la bragueta, como quien acecha la salida de artistas de un club de jazz, para saltar sobre el negro de las maracas.

"¿Qué país, qué pueblo no se queja de la antinatural e insaciable lujuria de las mujeres?", decía Robert Burton en Anatomía de la melancolía (1621). "Es más fácil vigilar un saco de pulgas que una sola joven", reza un proverbio de origen alemán, húngaro, polaco... y de todas partes. Y Alexander Pope aseguraba, en su obra Del carácter de las mujeres, que "en el fondo de toda mujer hay una libertina". De lo cual deduzco que, en el fondo de todo gran hombre, reside un tonto del culo y que, con toda seguridad, éste en concreto no conoció a mi abuela. Tampoco los chinos tuvieron ese placer ya que, según un refrán oriental, "cuando los labios de una mujer dicen basta, los ojos con que te mira dicen otra vez". Vaya por Dios, las muy gorrinas, con sus lotos y sus porcelanas. Es curioso que circule por ahí la especie de que un "no" siempre es un "no" salvo cuando lo dice una mujer ante los avances de un hombre, que entonces es un "si".

No se puede decir que las ninfómanas sean unas exageradas sexuales, sino que tienen un problema de narices. El mismo término –que viene de ninfa y manía– lo pone en evidencia. La primera parte de la palabra parece inofensiva porque se refiere a esas deidades macizas y bucólicas que correteaban por bosques húmedos ofreciéndose con toda naturalidad a los caminantes, que supongo que se quedarían de una pieza. Pero el término "manía" es un sufijo envenenado que tiene un significado psiquiátrico patológico.

Según dice el Dr. Tordjman en La femme et son plaisir, una ninfómana es una señora o señorita que padece (porque no se puede decir que disfrute) de estos tres síntomas:

  • Una actividad sexual compulsiva, irreprimible, repetitiva y frenética que la expone a todo tipo de aventuras sexuales sin preámbulos y sin ton ni son.
  • A pesar de este frenesí, la víctima permanece sexualmente insatisfecha, porque la ninfomanía constituye una variedad particular de frigidez. De hecho, un síntoma frecuente en la ninfómana es la anorgasmia.
  • Ella vive su experiencia como degradante y su conducta le causa un sentimiento de vergüenza, culpabilidad, remordimientos, depresión y caída en picado de la autoestima.

La ninfomanía puede deberse a una patología que necesita tratamiento médico, como un tumor en las glándulas suprarrenales o en los ovarios. También la toma de anabolizantes o de hormonas masculinas puede desencadenar los síntomas. No es infrecuente, tampoco, en los inicios de la esquizofrenia o en algunos casos de epilepsia. Pero lo más corriente es que forme parte del síndrome maniaco depresivo. La víctima de este mal pasa por ser la típica mujer fácil, despreciada y utilizada por los hombres y resulta que no es más que una enferma. Pobrecita, hala, al psiquiatra a curarse.

El comportamiento de una ninfómana de este tipo se parece al de los alcohólicos, drogadictos o jugadores. La mayor parte de estas mujeres ni siquiera son hipersexuales, sino que, con su conducta, buscan una y otra vez lo que es imposible encontrar en una pareja ocasional: comprensión, seguridad, intimidad, ternura y amor incondicional de los que carecen. Son frecuentes los casos de mujeres que se iniciaron sexualmente a una edad temprana y sólo saben valorarse a través del deseo masculino. Pero los hombres se sienten amenazados por la avidez sexual femenina y detectan que algo raro le sucede a una mujer cuando hace frecuentes y generosas donaciones de sexo y ni la aman ni la respetan, ni quieren quedarse con ella.

Dicen que el equivalente masculino de la ninfómana es el sátiro, pero yo creo que la ninfomanía no tiene equivalentes masculinos. De hecho, pocos hombres se avergonzarían de ser unos sátiros y si muchos lo son únicamente in pectore es porque no tienen muchas posibilidades de sentar plaza. El problema que tiene todo aspirante a sátiro que se precie, es que, a no ser que sea muy rico o guapito de cara, el género con el que pretende trabajar le resulta esquivo pero, aunque no fuera así, en cuestión de cantidad, no tiene comparación posible con una ninfómana del montón.

Mesalina pasó a la historia como ninfómana. Juvenal dice que era propensa y que compitió con una prostituta para ver cuál de las dos agotaba a más hombres en un día y una noche. Mesalina ganó y agotó a 25. Lo que más cabrea a Juvenal es que lo pasó bomba en cada ocasión. Bueno, si eso es cierto, que no sé, no era una auténtica ninfómana y, además, no parecía sentir muchos escrúpulos, sino que era una chulita de mucho cuidado. Según el doctor Torjman, los polvos de Mesalina tenían carácter hostil y reivindicativo y no perseguían otro fin que tocarle las narices a todo el mundo. Si levantara la cabeza, se mosquearía al enterarse de que hace años le pusieron su nombre a unas sábanas.

Partiendo de la certeza de que la frigidez no fue un problema para la reproducción, yo me pregunto: ¿lo fue, en cambio, la ninfomanía? No a la hora de parir, pero seguro que no se cría muy bien un hijo con tanto ajetreo sexual, a no ser que se haga de la necesidad virtud y se pase de ser una aficionada a ser una profesional. Ese es un caso a tener en cuenta pues, visto que los hijos de furcia abundan y titilan más que las estrellas del firmamento, hay que creer que es posible que sea compatible una cosa con la otra.

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