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Un Gobierno para ir tirando

Lo que puede costar ese dispendio es algo que oculta cuidadosamente el Gobierno. ¡Será por dinero!

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El Gobierno lo tiene peliagudo. Ascendió a la cúspide del poder por una especie de triquiñuela legal, el llamo "voto de censura". Consistió en echar al Gobierno anterior sumando los votos de todos los que estaban en contra, aunque fueran de su padre y se su madre. Así se formó una mayoría circunstancial que entronizó a un PSOE con el mínimo número de escaños de las últimas décadas. En la práctica quiere esto decir que el doctor Sánchez lo tenía muy difícil si deseaba gobernar. Por eso decidió convocar elecciones, contando con el aliciente que, desde la Moncloa, todas son ventajas para ganarlas.

Situados en lo que se llama precampaña electoral, el Gobierno socialista-feminista se dispone a utilizar su privilegio de mitinear desde las ruedas posteriores al Consejo de Ministras y Ministros. Se aprovechan los "viernes sociales" para proclamar decretos que prometen el oro y el moro a la población, singularmente a los votantes potenciales. Lo que puede costar ese dispendio es algo que oculta cuidadosamente el Gobierno. ¡Será por dinero!

Como medida estrella para distraer la atención del público, el Gobierno se propone el gesto necrofílico de "reinhumar" los restos de Francisco Franco. Es un alarde que recuerda el suceso el cadáver de Evita Perón o, con mayor fuste, el de Felipe el hermoso. En el caso actual se trata simbólicamente de reescribir la historia y hacer que la guerra civil la ganaran los republicanos. Aunque la funeraria iniciativa se declaró como "primera prioridad" desde el primer día de la llegada del doctor Sánchez a la Moncloa, el hecho es que la dichosa "reinhumación" se ha ido postponiendo hasta que el PSOE gane las elecciones. Lo fundamental es utilizar el poder como propaganda electoral. Por lo mismo, el doctor Sánchez puede inyectar millones para que las encuestas del CIS le vayan dando como seguro ganador en las elecciones. Se confía en la hipótesis del "caballo ganador" o de la "profecía que se cumple con solo enunciarla". Los españoles somos así de gregarios.

Un pequeño inconveniente que tiene el doctor Sánchez es la sospecha de que su tesis doctoral fue un encargo de corta y pega. Lo peor es que, encima, la vil tarea fue llevada a cabo servilmente por algún "negro"; al menos esto es lo que se dice en los mentideros de la Corte. Para disipar tales sospechas el doctor Sánchez ha lanzado un libro de esos que dicen "instantáneos". Es de carácter autobiográfico, solo que de nuevo se deja ver la figura del "negro", en este caso una buena escritora muy agradecida con un cargo de muchas campanillas.

No quiero que mi crítica peque de negativa. Antes bien, aprovecho el espacio de este digital para sugerir a mi presidente del Gobierno algunas líneas de acción conducentes a su eventual triunfo en las próximas elecciones. Se trata de promover cambios en los que sea fácil encontrar un acuerdo por parte de los posibles votantes. Por ejemplo, se puede eliminar el actual aforamiento de muchos altos cargos, una supervivencia medieval que ya no va a ninguna parte. Por lo mismo, sería bien recibida la supresión de los exámenes en todos los grados de la enseñanza. Se pueden sustituir muy bien por trabajillos de corta y pega.

Más sencillo todavía sería la decisión de que Canarias y el resto del territorio nacional compartieran el mismo huso horario. Es una realidad que impone la geografía y que no va a encontrar mucha oposición.

Más dubitativo sería eliminar el capricho de alterar una hora los relojes dos veces al año por decisión oficial. Se ha demostrado que tal arbitrio no sirve para ahorrar energía y, en cambio, genera muchos quebraderos de cabeza.

Una propuesta revolucionaria (es decir, utópica) es que, en el Congreso de los Diputados, por cada nueva ley que se aprobara, se eliminaran otras cinco más o menos relacionadas con la misma materia. Todo ganarían con la poda.

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