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Carmelo Jordá

"Diga lo que diga el Supremo"

Desjudicializar al final era eso: pasarse las resoluciones de los tribunales por el arco del triunfo.

Carmelo Jordá
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Desjudicializar al final era eso: pasarse las resoluciones de los tribunales por el arco del triunfo.
Pedro Sánchez | Europa Press

Cuando Pedro Sánchez habló en su sesión de investidura de "desjudicializar" la situación en Cataluña, muchos tuvimos claro por dónde iban los tiros; pero es de agradecer que, en esta nueva etapa socialcomunista, el del PSOE ni siquiera se esté preocupando de disimular un poco.

Es de agradecer por un lado, así todos sabemos con quién nos estamos jugando los cuartos, y por el otro es preocupante, no tanto por el descaro en sí, sino por la velocidad a la que se está perpetrando todo: si todo esto lo hacen las cuatro primeras semanas de Gobierno, da miedo pensar para qué van a tener tiempo en cuatro años de legislatura.

Y es que en menos de un mes el Gobierno se declara en abierta rebeldía contra el Supremo y sigue considerando un interlocutor válido al inhabilitado Torra, imagino que, entre otras razones, porque Puigdemont es un interlocutor aún más incómodo. Desjudicializar al final era eso: pasarse las resoluciones de los tribunales por el arco del triunfo, hacer como si las leyes no existiesen y, de paso, en cuanto sea posible cambiarlas, para que se adecuen a las necesidades políticas más cortoplacistas.

Digno de la peor de las dictaduras bananeras.

Ese desprecio a los jueces y la Justicia va a ser, me temo, una de las claves de los próximos tiempos. Este jueves también lo ha dicho el diputado Baldoví –uno de los votos imprescindibles de Sánchez que ha permitido que se forme Gobierno, no lo olvidemos–, que recomendaba a algunos jueces"ir al cuarto de pensar", en una llamada casi demasiado evidente a la reeducación de los magistrados antes de que les dé por aplicar las leyes, qué ocurrencias.

Pedro Sánchez y sus socios llegan al poder y son conscientes de que la oportunidad es única y de que para perpetuarse en él, que al fin y a cabo es su único proyecto político, deben desmontarlo todo: a la oposición, a los medios críticos y, por supuesto, a la Justicia, "diga lo que diga el Supremo", que no es mi frase sino la suya.

Se avecinan malos tiempos.

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