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Manual de Sancheztencia

Cuando dentro de unos años lo encontremos en una librería de viejo, pensaremos: “Y este tío fue presidente; Señor, qué cosas nos ha tocado ver”.

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Ediciones Península

Más allá del contenido que puedan tener las 320 páginas de Manual de resistencia –que, por supuesto, ardo en deseos de no conocer–, atreverse a publicar un libro tras el escándalo de la tesis nos dice mucho sobre el presunto autor de la obra, que no es que sea un resistente o un resiliente, es que tiene el rostro de grafeno, un material diez veces más duro que el acero.

Publicado por el mayor grupo editorial y el mayor conglomerado mediático de nuestro país, el libro va a salir a la calle en mitad de una campaña publicitaria cuyo fin último no será tanto vender ejemplares –que se venderán– como adornar el perfil del supuesto escritor, cuya culpabilidad sobre el mamotreto sólo admitiremos cuando se demuestre, mientras tanto respetemos todos su presunción de inocencia.

Es decir, que como en absolutamente todo lo que ha hecho Pedro Sánchez desde que presentase en el Congreso la moción de censura, no hay detrás de esto otra razón que la venta del pollino, como dice el dicho popular y, se lo prometo, sin ninguna intención peyorativa. Lo malo es que, como también ha pasado con absolutamente todo desde junio, este esfuerzo será asimismo inútil y conducirá irremediablemente a la melancolía y, seguramente, a un elevado nivel de recochineo.

En primer lugar, porque presumir de que eres el primer presidente que publica un libro siendo presidente es una mamarrachada mayúscula: por supuesto que eres el primero, Pedro, es que los demás estaban ocupados gobernando. En segundo, porque si el libro es malo sólo servirá para agrandar la leyenda de la patética tesis, pero si es bueno ni Begoña se creerá que lo ha escrito él; es lo que tiene que te pillen haciendo trampas, que después no tienes credibilidad y todo son sospechas.

Pero también porque este libro tiene los dos pecados que tienen la mayoría de las cosas que Sánchez ha hecho en su breve pero es cierto que intensa vida política: la prisa y un elevadísimo concepto de sí mismo; porque hay que tener toneladas de ambos para querer darnos lecciones políticas y vitales a los seis meses de una presidencia en la que no ha hecho más que tropezarse. Es un poco como la modelo o influencer que nos explica a los veintipocos cómo es la vida y lo mucho que ha tenido que luchar para ser modelo o influencer, oyes, que no veas lo duro que esto, o sea.

Y, finalmente, porque creer que en la actual situación política y mediática de nuestro país un libro puede hacer que cambie lo que una mayoría de españoles ya piensa sobre ti es un ejemplo perfecto de no haber entendido ni dónde estamos ni a dónde vamos, de vivir en una realidad paralela y monclovita, casi como creerte las encuestas de Tezanos.

Podemos concluir, por tanto, que no hace falta leer el libro de marras para conocer a su improbable autor: la propia publicación nos habla ya lo suficiente del personaje y de las "cualidades"–-descaro, egolatría, impudor, atolondramiento– que lo adornan. No sé si en sus 320 páginas encontraremos un manual de resistencia, pero está claro que serán un manual de Sancheztencia: ese peculiar carácter que te permite seguir subido al Falcon pase lo que pase y caiga quien caiga, de victoria en victoria hasta la derrota final.

¿Y entonces qué pasará con el libro? Pues lo normal en estos casos: dará lugar a mucha tertulia y quizá a alguna que otra sesuda entrevista, se venderá moderadamente bien y, cuando dentro de unos años lo encontremos en una librería de viejo, pensaremos: "Y este tío fue presidente; Señor, qué cosas nos ha tocado ver".

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