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Incógnitas que se despejarán el domingo, o no

Una incógnita no menor es el alcance del batacazo que previsiblemente se dará el PP.

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Los resultados de las elecciones que tendrán lugar el domingo en todos los municipios y en trece comunidades autónomas se aventuran muy diversos, dispersos y complicados de encajar en un puzle que además va a estar absolutamente condicionado por el hecho de que dentro de seis meses serán las elecciones generales, es decir, las que deciden de facto el gobierno de la Nación. Eso no es óbice para que lo que suceda en las elecciones de dentro de cinco días no sólo marque la pauta de las generales, sino que podrá resolver en algunos casos o complicar en otros algunas incógnitas que planean sobre los diferentes partidos políticos y sus líderes.

Una incógnita no menor es el alcance del batacazo que previsiblemente se dará el PP y, como consecuencia del mismo, si Rajoy mantiene su empeño de ser el candidato a La Moncloa en las elecciones generales de fin de año. Sólo un muy pésimo resultado electoral abriría la puerta al relevo del actual líder del PP, que, por otra parte, no se ha cansado de decir en las últimas semanas, con un elevado grado de imprudencia e incluso de displicencia hacia sus compañeros de filas, que pase lo que pase el domingo ni habrá cambios en la cúpula del partido ni renunciará a ser candidato. Habrá que ver, a la luz de lo que pase el domingo, si puede mantener ambas aseveraciones o si se tiene que tragar alguna de ellas, o las dos.

Por descontado, la lectura que harán los Florianos, Hernandos y Cospedales de turno en la noche del domingo es más que evidente: si los resultados globales se lo permiten repetirán hasta aburrirse y aburrirnos que el PP ha sido el partido más votado en toda España, obviando hasta donde puedan cuánto desciende respecto a las elecciones de hace cuatro años, en qué CCAA o ayuntamientos importantes ha perdido la mayoría absoluta y se verá forzados a hacer pactos o a arriesgarse a gobernar en minoría. A este respecto, los resultados en las comunidades de Madrid, Valencia, Castilla-La Mancha, Extremadura o Castilla y León serán especialmente significativos, al igual que en los ayuntamientos de ciudades como Madrid, Valencia, Sevilla, Santiago de Compostela o Vitoria, que estos últimos cuatro años han tenido regidores populares.

En cuanto al PSOE, las incógnitas que puede deparar la noche electoral del próximo domingo no son muy distintas en el fondo a las del PP. El liderazgo, también muy puesto en cuestión, de Pedro Sánchez se ha visto aliviado en las últimas semanas por el desgaste político sufrido por la hasta hace poco esperanza blanca de los socialistas, Susana Díaz, al ser incapaz hasta la fecha de lograr apoyos para su investidura como presidenta de la Junta de Andalucía tras adelantar unas elecciones autonómicas en las que, salvo coger a Podemos en pañales, todo lo demás ha sido un fiasco. Si no hay una hecatombe, Sánchez se presentará a las primarias que su partido celebrará a finales de julio para elegir candidato a La Moncloa, y a día de hoy no parece que nadie más tenga el propósito de hacerle frente.

Los socialistas en general y Sánchez en particular necesitan muy poquito para poder sacar algo la cabeza del pozo en el que electoralmente hablando se encuentran. Bastaría con que además de conservar Asturias consiguieran recuperar algunos de los Gobiernos –Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón– que el PP les arrebató hace cuatro años, aunque para ello tuvieran que pactar con Podemos y con lo que quede, más bien poco, de IU. El problema es que en dos lugares tan simbólicos e importantes como Madrid y Valencia las encuestas no pintan nada bien para el PSOE, donde puede incluso ser superado por Podemos o sus marcas afines.

Hasta dónde lleguen Ciudadanos y Podemos en las urnas del domingo será otro dato relevante, pensando sobre todo en las generales de finales de año. Pero ambos partidos van entrar con fuerza en la mayoría de los Parlamentos de las CCAA donde se celebran elecciones, así como en los ayuntamientos más importantes. En cuanto a los pactos que estos dos partidos puedan establecer, será mucho más fácil que Podemos se preste a formar Gobiernos de izquierda con el PSOE, IU o candidaturas locales situadas en ese espectro, que el que Ciudadanos se convierta en la muletilla del PP en todos aquellos lugares, que a tenor de las encuestas pueden ser bastantes, donde los populares les necesitarían para conformar gobiernos estables.

Pocas incógnitas parece que existirán respecto a lo que pueda pasar con UPyD tras el catastrófico resultado que le auguran todos los estudios demoscópicos. Si pierde la representación que tenía en las Asambleas de Madrid y de Asturias sin lograr nada en otras comunidades y no consigue una presencia municipal en ayuntamientos importantes, el partido que fundó Rosa Díez hace siete años tendrá sólo dos caminos: o echar la persiana o abrir una nueva etapa con una nueva dirección que afrontará un futuro lleno de dificultades de todo tipo, también económicas, y de incertidumbre porque su espacio, lo quieran o no aceptar, habrá sido ocupado por Ciudadanos.

Por lo demás, habrá que estar también muy atentos en la noche del domingo al reparto de poder entre el PNV y una de las marcas de ETA, EH-Bildu, en las Juntas Generales y los ayuntamientos del País Vasco, donde el PSE y sobre todo el PP caminan hacia la irrelevancia, en el primer caso, y hacia la desaparición, en el segundo. Navarra será otro foco de atención por si los que son partidarios de la integración de la Comunidad Foral en la Comunidad Autónoma Vasca suman para formar Gobierno y desalojar a UPN. Y en Cataluña habrá que ver hasta dónde llega en el mapa municipal la fuerza de los partidos independentistas.

Pero reitero que algunas de estas incógnitas y otras que se pudieran plantear –fundamentalmente las que afectan a los pactos– no serán despejadas por sus protagonistas hasta la celebración de las elecciones generales a finales de año. Mientras tanto, allí donde la izquierda pueda pactar y echar al PP, lo hará. Ese será un buen banco de pruebas para lo que pueda suceder tras las generales.

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