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Cristina Losada

El asalto a Izquierda Unida

Hay circunstancias en las que es peligroso estar al mismo tiempo a uno y otro lado de la barricada.

Cristina Losada
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Hay circunstancias en las que es peligroso estar al mismo tiempo a uno y otro lado de la barricada.

El hundimiento de IU se viene pronosticando desde hace años, pero finalmente parece que la predicción tendrá el capricho de realizarse. Basta echar un ojo a las encuestas posteriores a las europeas de mayo, y a los resultados que obtuvo en esas elecciones, para apreciar que la fuerza política que iba a ser la principal beneficiaria de la debacle del PSOE está, en realidad, en la lista de los grandes damnificados. Nada menos que en el primer puesto. Al respecto circula la historia de que el plan original de los que ahora están barriendo a IU del mapa demoscópico era apropiársela. Primero, tomar la organización de Madrid, que les pillaba más a mano, y después, bueno, como se tienen por muy listos, supongo que daban por hecho que el resto era pan comido.

La posible extinción de Izquierda Unida tiene más miga de la que aparenta, entre otras cosas, porque se trata de una organización instalada. Instalada en el tiempo y en el espacio, es decir, en el sistema político, lo cual ha contribuido seguramente a su actual agonía. Hay circunstancias en las que es peligroso estar al mismo tiempo a uno y otro lado de la barricada, como se demostró cuando a Cayo Lara le abuchearon una vez que fue a hacer calle por los desahucios. Es complicado estar a la vez en el consejo de administración de una caja y en el rollito antisistema. No es imposible, claro, y la prueba es la trayectoria de IU, pero digamos que no le ha favorecido su condición de instalada, como tampoco su imagen de viejo partido demodé: de resto arqueológico.

A raíz de la pérdida de votos que sufrió en las generales de 2008, uno de los fundadores de IU en 1986, Antonio Elorza, escribió que en el instante fundacional surgieron dos posibilidades: crear una nueva izquierda o servir de pantalla para la supervivencia política del comunismo. Andando el tiempo, no sería ni lo uno ni lo otro. Es probable, no obstante, que la existencia de IU, habitual recolectora del voto de izquierdas desencantado con el PSOE, frustrara la aparición en España de una nueva izquierda por completo desvinculada del legado comunista y de sus posteriores mutaciones. Algo así, por elucubrar un poco, como lo que han llegado a ser los verdes alemanes.

En la descomposición interna que está viviendo IU, no es desdeñable el papel que están jugando los caballos de Troya de Podemos. Aunque asombre que unos aficionados, pues eso son por más que se les supongan grandes dotes estratégicas, puedan acabar con unos veteranos que se les saben todas. Pero si, al final, como parece, IU es expulsada a las tinieblas, sólo deberá culparse a sí misma. Ha echado leña al fuego antisistema pese a ser una fuerza instalada en el sistema. En lugar de mirar hacia Europa para encontrar referencias y modelos, ha mirado y admirado a caudillos populistas como Chávez, o a la dictadura castrista. En suma, no hizo más que alimentar a las criaturas que ahora, desde fuera o desde dentro, van a liquidarla.

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