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Cristina Losada

El autoescrache del Gobierno

Ahí tenemos a un Gobierno que reclama, ¡ahora!, sacrificios a los políticos, como si estuviera al otro lado de la barricada.

Cristina Losada
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Ahí tenemos a un Gobierno que reclama, ¡ahora!, sacrificios a los políticos, como si estuviera al otro lado de la barricada.

El Gobierno ha adornado su propuesta de reforma de las Administraciones con un argumento insólito en boca de un Gobierno. Sobre todo, de un Gobierno que lleva un tiempo ejerciendo. En un caso así, manifestar que "ha llegado la hora del sacrificio de los políticos", que ése es el ornamento, equivale a decir que hasta este instante no han hecho ninguno, lo que se merece, como mínimo, el reproche indignado de "¡a buenas horas!". Como mínimo. Porque a la inexcusable tardanza se une la ironía de que el propio Gobierno, que es un organismo político y no una comisión gestora, se incluya, de facto, entre los que han logrado escaquearse del general sacrificio.

El spot gubernamental, que spot es a fin de cuentas, parece diseñado para responder a las expresiones de desafecto popular, según las cuales los políticos se siguen dando la gran vida, ajenos a las estrecheces que padece la gente corriente. Ya se sabe, las mamandurrias, los chiringuitos, los asesores, los coches oficiales, los colocados a dedo y toda la lista de los privilegios que enardecen a Juan Pueblo desde que estalló la crisis. Seguramente ése es el estado de opinión que se quiere atemperar con este anuncio de la hora del sacrificio. Pero no se ha reparado en que fortalece aquella percepción: la percepción de que los políticos son un caso aparte y se han librado, los muy cucos, de arrimar el hombro como el resto.

Es posible, ya metidos en suposiciones, que el Gobierno pretenda, de ese modo, presionar a las autonomías para que hagan su parte de la reforma, que es mucha parte. Que quiera colocarlas ante la espada del pueblo, que pide una buena guillotinada, por carecer el Gobierno central de un instrumento cortante igual de persuasorio. En efecto, las autonomías han introducido en sus estatutos o en su abundante legislación su competencia para disponer de defensores del pueblo, tribunales de cuentas, agencias meteorológicas, y un largo etcétera. Así las cosas, la poda de organismos depende, casi enteramente, de la voluntad de los gobiernos autonómicos. Casi.

Sea como fuere, lo más asombroso es la estampa que nos deja la torpeza del aprendiz de populista. Ahí tenemos a un Gobierno que reclama, ¡ahora!, sacrificios a los políticos, como si estuviera al otro lado de la barricada. A este paso, cualquier día convoca un escrache. Es decir, un autoescrache.

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