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Cristina Losada

El cortijo universitario

El guardián del cortijo es una fundación llamada ANECA y ese cancerbero no le abrirá la puerta porque usted disponga de un currículo sobresaliente. Muy al contrario.

Cristina Losada
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Pongámonos en el caso. Usted es profesor universitario, tiene en su haber varias licenciaturas, estancias en universidades extranjeras de prestigio y publicaciones en importantes revistas especializadas. Imbuido de alguna anticuada noción de la Universidad, pensará que posee méritos suficientes como para aspirar a una cátedra. Pues no, señor; está muy equivocado. El guardián del cortijo es una fundación llamada Agencia Nacional de la Calidad y Acreditación y ese cancerbero no le abrirá la puerta porque usted disponga de un currículo sobresaliente. Muy al contrario. Porque esa fundación-agencia, creada hace once años, se transformaría andando el tiempo, y en las circunstancias políticas favorables a tal mutación, en una barrera que impide el paso a la excelencia.

Los evaluadores de ANECA no querrán saber nada de lo que usted considera valioso de su currículo. De sus investigaciones sólo desearán ojear la primera y la última página del trabajo, que con eso basta y sobra para hacerse cargo, igual que al ver un trailer uno se hace una idea, tantas veces equivocada, ¡ay!, de la película. De entre sus méritos, el que valorarán de manera prioritaria es la "experiencia de gestión", esto es, la experiencia política, y ello a fin de dar acceso a la docencia. Por supuesto, el candidato no tendrá que comparecer ni demostrar su capacidad como profesor, así que da exactamente igual que sea bueno, malo o regular en esas lides. Al grano: ¿no ocupa o ha ocupado usted algún cargo en el entramado burocrático de alguna de las universidades de nuestro frondoso vivero, sea como decano, secretario o vice lo que sea? Entonces, despídase.

El desenlace no le sorprenderá del todo si antes ha caído en la tentación masoquista de examinar el historial de quienes le enjuician. Habrá visto que uno no ha salido nunca del terruño académico propio, que el otro es perito en materias propias de un cronista comarcal y que un tercero puede presumir, ante todo, de su papel estimulador en el proceso de constitución de una autonomía. Más le hubiera valido ocultar cuidadosamente ciertos aspectos de su currículo. Dominar idiomas, asomarse al exterior, investigar seriamente, esos méritos, en realidad, son estigmas. Delatan características incompatibles con la mediocridad imperante. Cómo extrañarse de que la "comunidad universitaria", encabezada por sus rectores, se resista como gato panza arriba a cualquier reforma que altere un estado de cosas que ha hecho suyo el legendario lema de la muy catalana Universidad de Cervera: "Lejos, muy lejos de nosotros la funesta manía de pensar".

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