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Cristina Losada

El federalismo ful de la izquierda camp

El embozo federal es un síntoma del curioso complejo de la izquierda ante el nacionalismo.

Cristina Losada
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Es muy notable que los socialistas quieran convertir España en un Estado federal. Rubalcaba, siempre después de Cebrián, acaba de manifestarse gran entusiasta del federalismo. Bien, sólo hay un pero. Un pequeño y diabólico detalle que se entromete impertinente en esos planes: España ya vive en un sistema federal. Con sus excepciones, como el régimen foral, pero en conjunto con una distribución de competencias típica de los Estados federales. En su literalidad, la Carta Magna podía haber dado lugar a un Estado de las autonomías asimétrico, como ha escrito Blanco Valdés. Unas pocas comunidades hubieran disfrutado de autonomía política y el resto, de una simple descentralización administrativa. Pero desde el "café para todos" servido tras el referéndum de Andalucía por la UCD y el PSOE, la balanza se inclinó hacia la simetría federal. Era inevitable: o todos moros o todos cristianos.

Los socialistas han desempolvado el federalismo ante el desafío separatista de Artur Mas. Yo no creo que ignoren que, tal como escribió Otero Novas, "carece de sentido postular la configuración de España como Estado Federal como supuesta solución (...), porque esa solución ya está realmente en la Constitución y es la que estamos aplicando desde 1978". Tampoco imagino que piensen ni por un instante que un federalismo expreso (y exprés) puede contentar, a acomodar, a los nacionalistas. Al nacionalismo no le interesan nada la uniformidad federal ni el acomodo. Es más, a cuenta de la crisis, no ha tenido empacho en proclamar que sí, que en efecto hay que reducir el Estado autonómico: despojando de la autonomía a los territorios que considera indignos de tenerla. Léase Castilla, Murcia, Cantabria, La Rioja, Extremadura, Madrid y un largo etcétera.

Este fervor federal que le ha entrado a cierta izquierda tiene sus claves. No responde a un afán de integrar a los nacionalistas. Obedece al deseo de no integrarse ella con los defensores de la unidad de España. No vaya a ser que los pijiprogres de Madrid y de Barcelona metan a los mandarines de la izquierda camp en el saco de los carcas, ¡los de la Brunete!, por oponerse a la ruptura de la nación. Hay que decir que es un miedo fundado. Cómo no, si han impartido durante décadas que España es cosa de fachas. El embozo federal es un síntoma del curioso complejo de la izquierda ante el nacionalismo. Porque la izquierda dio en su día un plus de legitimidad al nacionalismo, y ha acabado por necesitar, por mendigar incluso, su cariño.

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