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Cristina Losada

El 'gerrymandering' de Cospedal

Tocar la ley electoral es tocar las cosas de comer y la gresca está asegurada.

Cristina Losada
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Tocar la ley electoral es tocar las cosas de comer y la gresca está asegurada.

Tocar la ley electoral es una operación muy delicada que cuenta con tantos partidarios a priori como oponentes a posteriori. En Castilla-La Mancha se ha aprobado una ley para aplicar la reducción del número de diputados autonómicos previamente decidida, y esto ha levantado una ola de rugiente indignación. Lo más lindo que se le ha dicho es que resulta oportunista. Para la oposición, y son palabras de Pedro Sánchez, se trata del "mayor intento de pucherazo electoral de nuestra democracia a manos de Cospedal". Lo del pucherazo, por cierto, ya lo había dicho su predecesor. Ahora esas palabras mayores las acompaña el PSOE con un recurso al Constitucional. Ya presentó otro contra la supresión del sueldo fijo a los diputados castellano-manchegos y lo perdió.

A pesar de las palabras mayores, o quizá por ellas, no acabo de saber si los indignados por la reforma están en contra de la reducción de diputados autonómicos en general o si también hay oportunismo en el rechazo a este recorte. Es decir, que se opongan porque calculan que les perjudica. Esto es lo habitual. Así se entiende que IU ponga el grito en el cielo, porque en los sistemas proporcionales, como el nuestro, reducir el número de diputados fastidia, ante todo, a los minoritarios, que ven más dificultado su acceso a un escaño. Aunque hay otra fuente de perjuicios o beneficios, que es el modo en que se distribuye el total de diputados por provincia, y quizá sea este capítulo el que desata la oposición frontal del PSOE a la reforma.

Conste que tampoco están a salvo de manipulaciones los sistemas mayoritarios, donde el intríngulis se encuentra en el diseño de los distritos. Los anglosajones llaman a eso gerrymandering por un gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry. En 1812 rediseñó los distritos del estado para garantizar la victoria de su partido, y uno de ellos le salió tan rarito que su forma recordaba a la de una salamandra. De ahí el término: gerry-(sala)mander. Pero no se piense que estas hábiles maniobras pertenecen y se limitan al XIX. Se siguen haciendo.

Nada nuevo bajo el sol, pues, ni en la reforma de Cospedal ni en sus detractores. Tocar la ley electoral es tocar las cosas de comer y la gresca está asegurada. Si hay disputa a escala autonómica, imagínese la bronca a la hora de una reforma global. Ahora bien, yo no dudo de que reducir el número de diputados regionales sea una medida popular, pero sí dudo de su eficacia: sería mucho más benéfico reducir su actividad. Como decía no hace mucho Juan Díez Nicolás, del Foro de la Sociedad Civil, "aquí, [los parlamentos autonómicos], como están para legislar, legislan. Es como si le das un martillo a un niño, pronto descubrirá que todo necesita ser golpeado". Y ha sido exactamente así.

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