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Cristina Losada

Los señoritos proletarios

Hasta se atreven a cantar lo de los parias de la tierra y a levantar el puño, aunque la nueva guardia no sabe: Pajín y Aído lo hacen como si hubieran cogido una mosca al vuelo y no quisieran soltarla.

Cristina Losada
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Los últimos creyentes en el determinismo económico que quedan en España están en la derecha. Seguidores inconscientes de la vulgata marxista, están convencidos de que el voto lo decide la economía. Los socialistas, en cambio, no creen nada de eso. De ahí que se dediquen al más lucrativo negocio electoral de la performance. A esa línea pertenecen representaciones como la de Rodiezmo, donde las eminencias del PSOE se ponen en mangas de camisa para componer un cuadro al estilo de Bertolucci en Novecento.

Helos ahí, en fiera pose de defensores del obrero, a los amigos del clan de Intermoney, que no es sociedad filantrópica, a los que conceden 140.000 millones de dinero público a la banca sin condiciones, a los campeones del paro y a los que formaron y respaldaron gobiernos que perpetraron el gran saqueo de las arcas. Hasta se atreven a cantar lo de los parias de la tierra y a levantar el puño, aunque la nueva guardia no sabe: Pajín y Aído lo hacen como si hubieran cogido una mosca al vuelo y no quisieran soltarla.

Cuanto se ve y se escucha en las aldeas Potemkin que el PSOE levanta es fruto de una memoria hurtada. Con ella teje un imaginario virtuoso que recubra los vicios de su pasado reciente: las largas vacaciones durante el franquismo; la corrupción felipista, para la que buscan ahora compensación y revancha; y la ruina que dejó aquella época dorada de poder incontestable. Es el suyo un constante ejercicio de olvido y, más que eso, de sustitución de un recuerdo por otro. El partido se blanquea y también los individuos. Alfonso Guerra ya no sabe quién fue y lanza arengas contra los corruptos. De la Vega cree que su padre, alto cargo del franquismo, fue un represaliado. Maru Menéndez no contará que formó en las azules filas de Fuerza Joven. Y así tantos otros.

En la farsa de Rodiezmo todo es incongruencia e impostura. No podía ser otro el resultado de la apropiación de la estética de los antiguos luchadores de la izquierda por quienes sólo han luchado para colocarse. Pero así es como tratan de simular una ética. Trucos de los señoritos proletarios.

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