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Cristina Losada

Reeducación feminista

La reeducación consistirá en impartir el dogma de que las mujeres, todas, son víctimas y los hombres, todos, sus verdugos.

Cristina Losada
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La reeducación consistirá en impartir el dogma de que las mujeres, todas, son víctimas y los hombres, todos, sus verdugos.
Manifestación feminista | David Alonso Rincón

Dentro del frenesí ocho-marcista que estos días afecta a la esfera política, ha destacado una cosa de Podemos, aparte, naturalmente, de la vuelta de Iglesias (¡vuelve el hombre!) al timón de lo que queda del partido. Es un guiño a la mujer (uno más, sin contar con los que ha hecho el líder a algunas tertulianas) de cuya urgente necesidad es indicativo que esperara hasta poco antes del Día M para hacerlo. Y destaca porque consiste en educar, aunque ya veremos, y se formaliza en una asignatura. Sorprende que la llamen asignatura, cuando parecía que ese término estaba fuera de onda. Pero si podemos -y Podemos- no llamar a la antigua usanza a la enseñanza de Lengua o de Matemáticas, en cambio, todas las formalidades didácticas son pocas cuando se trata de impartir a los indómitos escolares el conocimiento del feminismo. Esa sí merece ser asignatura, y no de las "marías".

Dicen que es para "educar en la igualdad", pero quieren decir "reeducar". De reeducar se trata, puesto que parten de que los niños vienen de origen con la tara. Con la tara machista: ellos por ser ellos y ellas por someterse a lo de ellos, tal como les inculca la sociedad. Nada de esto sucedería, así dice el cuento, si la sociedad no fuera sede y transmisora del mal. Ni la gente de Podemos se tomaría a pecho el problema si no fuera un problema social, una prueba de las atávicas injusticias de esta sociedad.

Bueno es aclararlo porque así sabemos de qué hablamos. Incluso sabemos a qué experiencias nos remite la reeducación, que es como el comunismo realmente existente llamó a la represión. A los sospechosos de hostilidad al sistema no se los castigaba: se los mandaba a reeducar. Eso sí, a campos de trabajo forzado. Como aquí no estamos en esa fase revolucionaria, la reeducación feminista, aunque forzosa, se hará en las aulas de las escuelas públicas. Aulas que da la impresión de que los autores de la idea no han pisado desde hace tiempo. Quizá nunca. En todo caso, la reeducación consistirá en impartir el dogma de que las mujeres, todas, son víctimas y los hombres, todos, sus verdugos.

Hace casi veinte años, en Estados Unidos, donde se desarrolló el feminismo radical, el sociólogo Paul Hollander, en un breve ensayo sobre la búsqueda de identidad y el culto a la víctima, escribió que uno de los aspectos más notables de la historia social reciente era que las desventajas verificables, como por ejemplo, la pobreza, o las evidencias de discriminación tangibles y deliberadas habían dejado de ser un factor para la inclusión en una categoría de víctima. Así, cualquier mujer sería víctima, al margen de su estatus socio-económico, de su cualificación profesional o de cualquier otro indicador objetivo. De ahí que el año pasado, en nuestro país, las más conspicuas impulsoras de la huelga feminista, desde los medios de comunicación, fueron mujeres de alto standing profesional. Según la doctrina, también ellas son víctimas, aunque quién lo diría.

Inculcar a las niñas que son víctimas de nacimiento, y a los niños que son los transmisores de una larga historia de opresión y potenciales verdugos: de eso va la asignatura. Ya se ha adelantado a impartir los rudimentos alguna escuela pública, como un instituto de Huelva. Han decidido que el Día M, los niños salgan cinco minutos después de las niñas al recreo para que "comprendan lo que ha sentido la mujer durante mucho tiempo en la historia". Saben lo que sintió la mujer a lo largo de la historia. Saben que todas sentían lo mismo: una reina igual que una campesina. Es la doctrina. Y el adoctrinamiento. Aunque en el meollo de esta reeducación sentimental no hay más que algo tan viejo como la humanidad: echar la culpa.

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