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Cristina Losada

Un "liberal" de ocasión

Gallardón ha cogido el liberalismo de la cesta y le ha sacado la espina dorsal para lucirlo él también en la solapa

Cristina Losada
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En tiempos en que el término "liberalismo" suele aparecer enganchado del prefijo "neo" y asociado a prácticas reprobables, y en un país donde no hace mucho, lo de "liberal" se le aplicaba a la persona "de costumbres muy libres, particularmente en el terreno sexual", como dice uno de mis diccionarios, que Ruiz Gallardón diga aquí y allá que es liberal al estilo de Marañón y hable del espíritu "profundamente liberal" de la candidatura de su hombre, Manuel Cobo, añade unas cucharadas de picante confusión al cacao intelectual con que se desayuna el lector de la prensa española.
 
Desde que se destapó la caja de los truenos del PP en Madrid, a Esperanza Aguirre, que siempre se ha definido, y ha actuado, como liberal, se le ha endosado la etiqueta de "ultraderechista", mientras que a Gallardón, de derechas de toda la vida, aunque sea de los que se esfuerzan más por disimularlo, se le ha situado donde él dice que está: en un "centro" que, puesto a darle contenido, rellena con las frutas de temporada, que son las que pone a la venta el kiosko "progresista".
 
No es posible que Gallardón desconozca qué es el liberalismo como doctrina política, cosa que figura hasta en los más humildes diccionarios. Así que debe de saber que no hay nada más contrario al ideario liberal que su visión del gobierno como instrumento para "transformar la sociedad". Ni pocas medidas tan poco liberales como las subidas de impuestos que él aplica. Y porque lo sabe, en su discurso en el Congreso del PP, recomendó el liberalismo como "lenguaje" y no como "nota ideológica que nos distancie y separe". ¿De quién? De esos que dicen que Gallardón les cae bien, pero no le votan.
 
Gallardón ha cogido el liberalismo de la cesta y le ha sacado la espina dorsal para lucirlo él también en la solapa. Y, sobre todo, para que no lo luzcan otros. Como él mismo aclaró, su liberalismo es "una conducta", un talante, que diría ZP, y no una ideología, pues tal no tiene. Lo suyo es una zona donde se navega a favor de la corriente y se prescinde de principios y valores que sean un lastre para los cambios de rumbo que aconseje la ocasión. Lo suyo es seguir la opinión dominante, hacer lo que diga la gente, una voluntad complaciente que comparte con ZP. Mejor dicho, dicen que harán, lo que hoy por hoy cuenta más que hacerlo realmente.
 
Gallardón es el hombre de derechas que la progresía de salón y caviar desea que se multiplique en España para que aparezca la derecha que le viene bien: la que se mimetice con ella y no le haga sombra en el terreno ideológico, un espacio que quiere monopolizar, que casi monopoliza ya. Unos Gallardones más y sin "casi

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