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Cristina Losada

¡Uy!, la segregación

La mayoría del Congreso se ha pronunciado por desobedecer las sentencias de los más altos tribunales. Un suceso escandaloso en una democracia si no fuera por el callo que hace la costumbre.

Cristina Losada
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Los tribunales han ordenado que el sistema educativo de Cataluña se modifique a fin de incluir, como lengua docente, el español. Ante esa osadía, los diputados socialistas y nacionalistas han aprobado una moción en defensa de aquel sistema tal y como está. No caben acrobacias retóricas. La mayoría del Congreso se ha pronunciado por desobedecer las sentencias de los más altos tribunales. Un suceso escandaloso en una democracia, éste de un legislativo contrario a cumplir las decisiones judiciales, si no fuera por el callo que hace la costumbre.

La moción por la insubordinación tiene su miga. Agita un espantajo que el nacionalismo y sus asociados instalan siempre para ahuyentar críticas: el peligro de la segregación. Así deslizan la especie de que separar a los alumnos por lengua es una aberración análoga a la de segregar por raza. Díganle a la democracia británica que las Gaelic Medium Units de Escocia, que en escuelas que utilizan el inglés alojan a los alumnos que desean recibir clase en gaélico, son el apartheid. Pero los tribunales no mandan que se separe a los alumnos ni sus sentencias implican tal cosa. Han dictado que se integre el español como lengua vehicular. La Generalidad se jacta de no segregar, pero resulta que ha segregado previamente. Si todos los que están en el sistema son "blancos", dentro de él no hay segregación, pero sólo porque los "negros" han quedado fuera.

La segregación es pirotecnia semántica destinada a sobrecoger a los incautos con imágenes de encapuchados del Ku Klux Klan. Es gente impresionable que aplica a las lenguas el criterio ecológico –"salvemos a las pobres y perseguidas ballenas"- y olvida que las ballenas son los derechos de las personas. Pero ya puestos en la analogía racial, recuérdese que los partidarios de la segregación en las escuelas de los Estados sureños se negaron a cumplir las sentencias de los tribunales. Rabiosamente. El presidente Eisenhower tuvo que enviar tropas de la 101 Airborne Division para proteger el ingreso de nueve niños negros en un instituto de Arkansas. Y Kennedy a los U.S. Marshals para escoltar la entrada del primer estudiante negro en la Universidad de Mississippi. En realidad, Kennedy se resistió cuanto pudo a hacer ejecutar las sentencias contra la segregación. No quería incomodar a sus huestes del Sur, a las que debía la victoria. Sí, él también tenía su PSC, pero al final cumplió. El PSOE incumple hasta el final. 

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